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Alberto Olmos



Alberto Olmos nació en Segovia en 1975. 
Publicó su primera novela, A bordo del naufragio en 1998. Su segundo libro fue Así de loco te puedes volver. En 2006 ganó la X edición de los Premios de Arte Joven de Novela de la Comunidad de Madrid con Trenes hacia Tokio. En 2007 apareció El talento de los demás. Tatami, publicada al año siguiente, fue llevada a escena por la compañía Tanttaka Teatroa en 2009.
Durante tres años, residió en Japón, concretamente en la Prefectura de Tochigi, donde dio clases de español y de inglés. El estatus, su última novela publicada, recibió el premio Ojo Crítico RNE de Narrativa 2009.


¿Cuál fue el último libro que leíste?

Entero, el Quijote.
 
¿Qué libro te gustaría leer en breve?

Londres es de cartón, de Unai Elorriaga.
 
¿Descargás música digital?

Hace tiempo que no. Empecé tarde con la práctica (que considero ilegal, claro) y en unos pocos meses atiborré mi ordenador de canciones, mil de las cuales nunca he llegado a escuchar. Esto, unido al hecho de que al disponer de tantos álbumes los escuchas en diagonal y sin respeto, me llevó al aburrimiento, y de ahí, a la legalidad.
 
¿A quién votaste en las últimas elecciones?

No voto.
 
¿Cuánto tiempo pasás conectado a la web?

Siempre un rato.
 
¿Qué te resulta satisfactorio?

Messi.
 
¿Qué te irrita?

Los modernos. Los poetas. Los perros.
 
¿Cuál es tu lectura diaria preferida?

No tengo una lectura diaria infalible. Me gusta acabar de leer un libro, y empezar otro. Es lo más parecido a un placer lector diario.
 
¿Qué te gusta cocinar?

No me gusta cocinar.
 
¿Qué te gusta comer?

No me gusta comer.
 
¿Cuál es tu peor defecto?

Según parece, la timidez se ha convertido en un defecto.
 
¿Qué cosas te obsesionan?

La sexualidad, los medios de comunicación y el consumo son temas en los que siempre pienso. Me interesa conocer la opinión de los demás sobre ellos, en ensayos y artículos. La sexualidad me “obsesiona” porque, como casi todos, soy marioneta de la atracción fatal de los cuerpos. Los medios de comunicación porque, como casi todos, soy marioneta de la visión del mundo que me inyectan. Y el consumo porque, como casi todos, soy marioneta de la publicidad.
 
¿Qué pensás de las redes sociales digitales?

No tengo perfil en ninguna red social. Me sorprende que el miedo a que los gobiernos controlen nuestras vidas se haya transformado en deseo de que las empresas controlen nuestras vidas. La intimidad vive hoy sus horas más bajas, y puede que llegue un momento (poniéndonos distópicos) en el que sea ilegal que todo el mundo no sepa todo el tiempo qué hace, cómo es, con quién se relaciona y cuántas veces folla el resto de la Humanidad.
 
¿Qué cosas te dan miedo?

La gente en un número superior a dos. Morir solo.
 
¿Qué cosas se hacen reír?

Mis propios pensamientos, mi cerebro de payaso. Aparte de numerosos creadores tremendamente simpáticos y algunos amigos, fundamentalmente paranoicos.
 
¿Cómo elegís los temas para tus libros?

No elijo esos temas; llegan. En realidad son mis obsesiones, que aparecen en la novela que escriba independientemente de su trama. Sólo elijo una estructura narrativa, y después la voy rellenando con las mismas ideas con las que amenizo las tardes de cafés en el Pepe Botella (bar de Madrid). Por eso, mis amigos son lectores que, cuando leen por primera vez un libro mío, en realidad lo están leyendo por segunda vez.
 
¿Sobre qué no escribirías nunca?

Sobre grandes temas históricos, la guerra civil española o el holocausto, por ejemplo. Creo que la literatura mayor hoy en día a ojos de los suplementos literarios es una literatura de segunda división. Ya decía Tolstoi que crear una historia sencilla de personajes anónimos metidos en lances cotidianos es mucho más difícil que escribir sobre Napoleón. Las primas, de Aurora Venturini, me parece la mejor novela del año pasado en España, donde no recibió la atención que se merecía simplemente porque las niñas protagonistas no eran víctimas de alguna dictadura del siglo XX o representantes de algún patrón informativo de moda, como la anorexia o la pederastia o el cambio de sexo.
 
¿Tu relación con Japón tiene rango de obsesión?

No. Fui a Japón como podía haber ido a Tanzania o a Perú. A posteriori, es un país que me gusta mucho (como probablemente Tanzania y Perú si hubiera estado allí viviendo tres años). Mi única novela japonesa es Trenes hacia Tokio.
 
¿Qué es lo que más te impresionó de Tokio cuando llegaste?

Lo que a cualquier turista: que es muy grande, que “parece el futuro”, que hay muchos edificios alucinantes. La película Lost in translation es tan buena no porque ofrezca una mirada agudísima y original sobre la capital de Japón, sino una visión cercana al común denominador de nuestra inteligencia.
 
¿Qué historias se cuentan en la Prefectura de Tochigi?

La globalización se nos ha presentado como un panorama mundial de similitudes entre grandes ciudades. Pensamos en Nueva York, Tokio y Londres. En realidad no hay nada menos global, más minoritario, que las grandes ciudades. La mayoría poblacional planetaria es provinciana, carece de iPad y no sabe quién es Diane Arbus o Damien Hirst. De hecho, ni siquiera les importa. De Texas a Tochigi, pasando por Segovia, la gente vive de su trabajo, crea familias y ahorra para construirse una casa. Suelen ser conservadores y distantes con los extranjeros. Creo que esa masa inmensa constituye el auténtico núcleo duro de la Humanidad, frente a los payasos modernos y las tendencias rompedoras, completamente circenses. Así las cosas, en Tochigi se cuentan las mismas historias que contaba Delibes sobre Castilla.
 
¿Cuáles son los escritores japoneses que más te gustan?

Tuve interés en esta literatura durante mi estancia en Japón. Leí sobre todo traducciones al inglés. Me gustan Haruki Murakami, Ryu Murakami y Ryunosuke Akutagawa. También el clásico El libro de la almohada, de Sei Shonagun. En todo caso, considero a la literatura japonesa muy por debajo de su cine. Descubrí películas fascinantes, como Batallas sin honor ni humanidad, de Kinji Fukasaku, Una serpiente de junio, de Shinja Tsukamoto, o Manji, de Yasuzo Masumura (basada en una novela de Tanizaki).
 
¿Y de los españoles que están escribiendo ahora?

Unai Elorriaga, Manuel Vilas, Roberto Enríquez.
 
¿Cuál de todas tus novelas te dio más trabajo?

El estatus. No hay nada más difícil que contar una historia, crear unos personajes y exiliar de la página una buena metáfora innecesaria. 

Este año se cumplen cien años de la independencia argentina, ¿cómo te parece que deberíamos festejar nuestro bicentenario?

Conquistando España.
 
¿Qué te hace feliz?

El silencio, Tindersticks, las buenas personas y que me soliciten una entrevista.





Abril. 2010.

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