Marcelo Diaz

1-¿Dónde se encuentra el germen de tu creación?   /// Quizás, si es por el origen:¿Cómo te involucraste, cómo caíste?  Y si es por el método: imagen, contenido, experiencia, sonido;  qué gatilla el poema.

Comienzo por la lectura. No puedo separar la escritura del acto de leer. Siempre me interesa pensarme más como lector que como escritor y cuando conozco a otro escritor me interesa saber eso: ¿Cómo (se) lee? El motivo para escribir es personal. Supongo que tendrá que ver con una especie de necesidad de revestir de significación aspectos de mi propia experiencia. Y cambia. El procedimiento también es variable. Pienso en operaciones que son propias de poéticas resueltas y que circulan en obras canonizadas. Cuando escribí “La sombrilla de Wittgenstein” pensé en Leónidas Lamborghini (todavía creo que hace falta leerlo detenidamente por la universidad, por la crítica, por los escritores de mi edad) en el “Jardín de los poetas”, que me parece un texto genial, el modo en que realiza combinatorias, procedimientos tan (tan) sencillos que en la repetición infinita adquieren dimensión.

En “Newton y yo” las operaciones (discursivas) fueron otras, completamente diferentes, daría la impresión de que son poéticas que orbitan por caminos separados o que son obras de autores distintos. En el último caso el motivo está relacionado con la necesidad de edificar sentidos que traigo, como obsesión, desde adolescente. Hay procedimientos que consisten en tomar imágenes de la cultura popular, re.tomar autores que provienen de la periferia de la Literatura, textos de la s.f, y combinarlo con recursos que en los 90 hicieron casa en la poesía argentina.

 

2- Las influencias son necesarias e inevitables, a veces hasta deseables pero: ¿cómo logra  liberarse de ellas? ¿Se es más libre cuando se han sacudido las influencias?

No creo que las influencias o tradiciones sean una especie de piedra en el camino o que conspiren con la libertad creativa e imaginativa de uno. Por lo menos a mí no me ocurre eso. Es necesario conocer las tradiciones. Una biblioteca personal que configura la manera en que entendemos la literatura. La tradición como quiere Bloom: un conjunto de procedimientos literarios que se repiten en el tiempo. Después hay que tener presente, y esto está en Bajtín, que por más que uno quiera, tal vez a la manera del Pierre Menard de Borges, nunca puede re.escribir una tradición, nunca se produce un acopio cabal de la tradición sino que por el sólo hecho de habitar unas coordenadas espaciales y temporales y de entregar nuestra subjetividad ya estamos en el plano de la diferencia. Y las influencias son eso: influencias. Parece una tautología lo que digo pero no creo que limiten, al contrario, permiten que uno decida sobre cómo y qué escribir con, a lo mejor ilusión, un poco de seguridad.   


3- ¿Qué debe ser el lenguaje poético en la literatura actual y futura?

 

  Hay un texto de Roland Barthes de  S/Z que se llama “A favor de la connotación, a pesar de todo”. Lo que hace el autor es realizar una serie de inferencias a partir de la lectura del texto Sarrasine de Balzac. El lenguaje poético (esto es sólo una opinión) debe ser capaz de superar la dimensión de.notativa de la lengua o función referencial de lenguaje. Parece de manual lo que digo. Superar eso que Pizarnik llamaba “La literatura del café con leche”.  Para algunos será una obviedad pero sucede a menudo que leo textos en los cuales el pacto de lectura (hermenéutica y performativamente hablando) poético no se respeta para nada. Porque el modo, el cómo, de decir el mundo es pobre en la medida en que no hay desviación de significados. No voy a puntualizar ejemplos por cuestiones de cortesía si se quiere. Suena a formalismo lo que digo. Y como  que sí: la poesía, y es algo que se puede discutir,  tendría que ser capaz de suspender sentidos en los límites de la gravedad del lenguaje.

  

4-¿Qué te parecen los mecanismos alternativos de difusión de las obras poéticas?

Suman, a veces le otorgan horizontalidad a la publicación y circulación de las obras de cada autor. Es posible intercambiar textos, hacer devoluciones, pienso sobre todo en Facebook. Por ejemplo hay autores a los que antes leía por los diarios (y ni hablar de conseguirme un libro ya que me toca vivir en el interior) muy de vez en cuando y que gracias a las redes sociales hoy leo semanalmente  y lo disfruto y me digo: “pensar que no hace mucho esta posibilidad era inimaginable”. También las propuestas de e.books me resultan interesantes. Y descargo libros. Y los leo en donde pueda. Y me llama la atención cómo cambian los hábitos de lectura. Pero eso sería un tema para desarrollarlo en otra ocasión.

 

 

5- ¿Cual  es el pacto que estableces con el lector? ¿Es populista hacerse entender?  ¿El virtuosismo, es soberbia?

    La idea es que uno sea entendido y que se respete esa naturaleza dialógica de la escritura. Me gusta el desafío de superar diferencias de cualquier tipo: generacionales, políticas, estéticas y lo que venga. No veo por qué una cosa, la capacidad para hacerse entender por muchos digamos y el virtuosismo, puedan ir por separado. La soberbia va por otro lado, uno trabaja con textos, formas del hacer discursivo. Lo que sí, los textos al igual que algunas actitudes de las personas, a veces se quedan en el plano de las buenas intenciones Saer hablaba de ello. El desafío también es no quedarse allí sino apostar a que lo escrito podrá salir al espacio exterior y circular y funcionar como obra fuera de los límites de la propia subjetividad. 

 

6-¿Creés que el poeta, como tal, tiene un compromiso social particular, o más bien se trata de una sensibilidad más expuesta a los males de la sociedad?

No lo sé. Me llama más la idea de la sensibilidad. No sé si a los males únicamente, se me ocurre: a ciertas formas del desencanto de la experiencia. Es extraño. Por ahí hay personas que te dicen: eso que escribiste me pasó a mí. Me hizo acordar tal o cual experiencia. Y uno piensa: yo creía que esa experiencia estaba agotada en mí y en nadie más. Se tejen puentes de manera imprevista. Poco planificada. No estoy seguro si hay compromiso. Hay interacciones esporádicas en el vacío de los vínculos con el otro, de eso último estoy seguro.

 

7- Hay varios lugares comunes: toda poesía es política, el subjetivo es político, etc. Cómo, según tú, se articularía lo político en literatura, desde el retrato. ¿Desde la queja? ¿Desde la disección de la realidad? 

Hay un término que a mí me gusta mucho y es el de “comunidad inoperante”. La primera vez que lo leí fue en Damián Tabarovsky en el libro “Literatura de izquierda”. La noción proviene de Jean Luc Nancy. Una comunidad que se funda por irrupción pero que no garantiza continuidad ni tampoco una especie de relación dialógica entre todos los actores de la misma. Eso lo aprendí después. Sumado a que todo texto está atravesado, a la manera de Angenot, por la dimensión ideológica. Un poeta amigo de Brasil, oriundo del mismo pueblo que Paulo Leminski, hablaba por ejemplo de un club de congratulaciones mutuas para definir las relaciones entre los sujetos del campo literario. Creo que Lo político abarca la literatura en varias dimensiones: Temas políticos. Posicionamientos políticos de los autores. Relaciones políticas entre autores y políticas editoriales que configuran en cierta forma comunidades. Voy a los ejemplos: Hay temáticas referidas a la cuestión política en textos de Carlos Godoy (Escolástica peronista ilustrada) y de Martín Rodriguez (Ministerio de desarrollo social) con sentidos que se activan en cuanto y en tanto formamos parte de un estado de cosas que actualiza símbolos muy fuertes de la política argentina desde el Peronismo hasta el presente. Hay posicionamientos políticos explícitos, ya en el pasado, en autores como Gelman, Santoro, Urondo, más allá en el tiempo Lugones y así. Hay autores que reseñan a los amigos, lo que no quiere decir que esté mal sino que es un gesto, un guiño, político y le facilitan posibilidades de publicación o encienden un aparato literario que sirve para la auto.legitimación. Y hay comunidades que se dibujan alrededor de proyectos editoriales o colectivos que trazan un horizonte más o menos común para todos, comunidades que a veces se disuelven y se vuelven armar con nombres diferentes y actores diferentes como si fueran familias ensambladas. En fin, lo político se articula en esos planos desde mi óptica.

 

8- ¿Cuál fue el último libro de poesía  que leíste?

Una antología de Alfredo Veiravé que se llama “Cazador de signos” de la Editorial de la Universidad de Mar del Plata.


9- ¿Cómo te sitúas en el dilema arte premeditado  v/s arte no premeditado; mapa del poema v/s escritura sobre la carne caliente del asunto?

Mapa en mano. Todo el tiempo reflexiono sobre la idea de la serie. Por un lado entiendo que me brinda apertura, por otro me resuelve los temas y la extensión de lo que estoy escribiendo. Los textos, los poemas, los imagino como dentro de un borrador mental, como piezas sueltas que se montan al final en una estructura afín. Corrijo. Re.leo. No tengo problemas en re.escribir varias veces el mismo verso. O el mismo texto. El hecho de interpretarlo al poema como una obra inconclusa me libera para intervenirlo cuantas veces lo crea necesario.


10- ¿Según tu criterio: Qué poeta vivo que habría que releer en la actualidad?

Varios: Gruss, Andruetto, Aulicino, Smith, Carrera,  Bossi, Genovese, Peicovich, Helder y  Casas.


* NOVIEMBRE DEL 2012

Marcelo Daniel Díaz nació en 1981. Vive en Río IV (Cba). Es Licenciado en Lengua y Literatura. Integró la antología “Es lo que hay” realizada por Lilia Lardone en 2009. Ese mismo año publicó el libro de poemas “La sombrilla de Wittgenstein” y un conjunto de relatos que se llamó “Los límites de Tlön” (ambos premiados en el concurso provincial de la Editorial Cartografías). En 2010 participó de las residencias literarias del Centro de Arte Contemporáneo de Córdoba a cargo de Silvio Mattoni, María Teresa Andruetto y Alejo Carbonell. El año pasado publicó el libro de poemas “Newton y yo” con Editorial Nudista. Y hace unos pocos meses publicó el texto de lingüística “La palabra y la acción: la máquina de enunciación K” con el sello de EDUVIM. Forma parte el consejo editorial de la revista de estudios literarios Borradores de la Universidad Nacional de Río IV y  ha colaborado con reseñas y textos críticos en No-retornable, La Guacha, Letra inversa, Bitácora de vuelo y El lince miope

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