Julia Enriquez

1- ¿Cómo surgió tu vocación por la poesía? ¿Y cómo se fue dando la elección del oficio?

 Vocación, elección, oficio… aparecen alrededor de la palabra poesía. ¿Daría lo mismo usar una u otra? Creo que remiten inevitablemente al problema de la libertad (¿la poesía como una decisión?) o a su contracara, el problema del destino (¿la poesía como un llamado?). Podría tener un pie en cada cielo. Creo que la poesía estuvo desde siempre en mí, será germinal al intelecto humano, puedo ser aún más extrema y decir que será la condición de posibilidad para el intelecto humano como tal. Últimamente asocio mis pocos recuerdos de tempranísima infancia a cierta sensación de fervor poético, puro presente, pura creación del mundo. El llamado estado pre-reflexivo. Aunque uno podría pensar que la poesía se asocia más a lo reflexivo. Ahí estaba la poesía aunque no supiera escribir. Mirar por la ventana del auto en un viaje en familia. Guardar un secreto para siempre y olvidarlo al otro día.



2- ¿Cuál fue el primer poeta que le impactó leer?

 El primer impacto fue Alejandra Pizarnik, reina madre que hay que dejar en paz. Leerla sin dudas, diría que es ineludible o necesario, fagocitarla si uno lo desea, y luego dejarla en paz. Puede tornarse irresistible o hasta involuntario pensar las palabras y la vida en clave Pizarnik.

En mi época de fagocitación pizarnikeana, parafraseándola: leía con mi cuerpo el cuerpo de sus poemas. Su poesía reunida es el libro en peor estado de mi biblioteca, lo marqué en distintas oleadas de lectura, lo llevé conmigo a muchas partes, invoqué a varias personas leyéndolo. A ella primero, no podría ser de otra forma.

El segundo impacto significativo fue Mariano Blatt. El poeta de la frescura y un editor admirable. Hoy en día muchos podrían mencionarlo como referente, pero excede la cuestión generacional, es un poeta de pura cepa, no sé cómo decirlo, creo que excede lo territorial también. El primer poema suyo que leí fue “Una galaxia llamada Ramón”. Frecuentemente pone a la amistad en el centro de la experiencia literaria; eso es fascinante y liberador. Blatt tiene la virtud de generar entusiasmo por la poesía, es muy contagioso, incita a dejarse llevar por la intuición, a ejercitar una percepción atenta y dispersa a la vez. Es magnífico.


 

 3- ¿Se puede mencionar algún rasgo en particular que defina tu escritura?

Es difícil desglosar y analizar la escritura propia, no tengo en claro cuáles son los rasgos destacados o centrales, es todo una maraña, como la mismísima conciencia. Diría que mi escritura está definida por ciertas frases que escucho decir a otros, que congelan el tiempo, al menos un poco, en cualquier contexto. Antes las compilaba religiosamente en mis cuadernos y así coexistían reflexiones propias y reflexiones de amigos, de muertos, de desconocidos, hasta perderse la distinción. Entonces: la imposibilidad de la autoconciencia y el embelesamiento con la frase en boca ajena; me veo más fácil en los otros que en mí. La escritura es siempre en diálogo. Por motivos similares, nombré a mi proyecto editorial Danke, que significa “gracias”, el gracias siempre supone un don ajeno.

 


4- ¿Qué te provoca escribir un poema?

 

Si solo supiera las razones, los disparadores… sería tranquilizador al momento de escribir y a la vez puro desencanto. Charlando una vez con un amigo, él me comentaba que un filósofo decía que la poesía, o tal vez no hablaba precisamente de la poesía pero era aplicable, decía que la poesía o la creación artística es más cuestión de química que de mecánica. En mecánica, basta con seguir ciertos pasos, ensamblar elementos y listo, uno da con el resultado esperado y deseado. En química, los componentes se mezclan, reaccionan entre sí y dan lugar a nuevas sustancias, que si bien estaban contenidas o preconcebidas en sus ingredientes, son sustancias novedosas, singulares, con enlaces distintos, un resultado desconocido, peligroso, reparador…



5-
¿Cómo es, en tu caso, la génesis del poema? ¿A partir de una imagen o del lenguaje?

 Es arduo para mí distinguir entre imagen y lenguaje. Alguna vez leí que “la imagen es un enunciado que puede verse en la imaginación”. Partimos de imágenes pero no solo como impresiones visuales ni tampoco meramente conceptuales. Partimos de enunciados cargados, con afectos, resonancias, razonamientos y sinsentidos también. Por lo general se me presenta una frase, ineludible por alguna razón, me monopoliza la atención hasta que pueda escribirla en algún papelito o cuaderno. Esa frase primaria surge casi como una declaración de principios, que con suerte logra desenvolverse un poco. A veces solo me queda esa declaración inicial y no logro ir más allá. Eso me frustra pero tampoco las descarto; son frases que quedan desoladas en los cuadernos pero que conservo en mente como emblemas, faros.



6- ¿Recordás el momento en que escribiste algo y dijiste “esto es un poema”?

 Me acuerdo de un par de ocasiones en que escribí de un tirón textos que ahora forman parte de un libro titulado “Nuevas pesadillas” (Ivan Rosado, 2012), apenas terminé sentía un hormigueo que iba desde mis manos hacia el resto del cuerpo. Y una excitación, un orgullo un tanto patético pues estaba yo sola frente al texto, convencida de que había construido algo, que había logrado mi cometido, un cometido inconsciente y a la vez impostergable. Si bien estaba sola, sabía que ese texto no podía agotarse en mí; el hecho de querer escribirlo presuponía un lector, una transferencia, un encuentro. Se me vienen a la mente los textos de ese libro porque los escribí entre los 17 y los 20 años, edad definida por la irrupción, la excitación, el sobresalto. Hoy por hoy no persigo ni tampoco intuyo un estatus literario en lo que escribo. En todo caso me parece más pertinente, para cualquiera, decir “escribo poemas” que decir “soy poeta”. Hacer hincapié en lo que vamos siendo, en la acción, los procesos, las aventuras y desventuras, más que en la persecución de un estado absoluto de “ser”, que considero osificante y contraproducente.



7- ¿La web cambió la manera de escribir?

Empecé a usar computadoras a los nueve o diez años así que la virtualidad está naturalizada en mí, aunque me pese. Bien sabemos que todo se aceleró a causa de internet y que la literatura y la manera de hacer libros no fueron la excepción. Lo que es favorable sin dudas es la mayor fluidez en el contacto entre escritores y editores, y escritores y lectores.

Yo empecé subiendo mis textos a un blog cuando tenía 15 años, teniendo como premisa que alguien, en algún momento o lugar, podía leerme y con suerte identificarse. Por eso mismo abrí el blog; si no, hubiera alcanzado con los cuadernos. Mantener el blog me motivó a seguir hurgando en mis pensamientos e intentar decantarlos. Sin embargo, recordando una entrevista reciente al glorioso Fabián Casas, comparto su opinión de que es bastante perjudicial tener esa temprana impresión de que te están observando; es más recomendable trabajar la escritura en privado, en las sombras, y compartir cuando uno esté listo, sin preocuparse por esos momentos posteriores, de publicación y difusión. Con el tiempo preferí trabajar en las sombras, o en todo caso en talleres o entre amigos, y no subo casi nada de lo que voy escribiendo, pero a veces me quedan coletazos de sentirme observada y dudar de mí, dudar del verso siguiente, y así me paralizo. Eso es resaca blogger. Esa paranoia no debe contaminar las auténticas inquietudes que te llevan a escribir.

 


8- Parafraseando a Juan Gelman, siempre hay una insatisfacción. ¿Para qué se escribe?

 Hace poco escribí un poema que empieza así: “Desde que me enamoré no escribo./ Archivo premoniciones,/ meros puntapiés, la poesía entera/ se la lleva mi amor por él: ojos/ como cuaderno (…)”. Me di cuenta de que yo escribía buscando el amor. Que lo invocaba en cuanto tuviera ocasión y se prestaran las palabras. Después, en el amor y el enamoramiento, me especialicé en la poesía incorpórea. Como mucho, sonidos, pero nada de escritura. Frases al paso, miradas, caídas de la luz. Sin anotar.

 

 9- ¿Cuál fue "el" momento poético que te haya tocado vivir en estos últimos tiempos?

 Momento poético, cómo pensarlo, se me viene a la mente una frase de Jacques Lacan (a quien no leí pero considero un gran hacedor de frases demoledoras, según lo que me llegó por amigos y profesores), se me viene a la mente: “lo que no cesa de no inscribirse”. Para mí un momento poético es lo que no cesa de no inscribirse, por eso no afloja, no afloja, seguimos buscando, seguimos creyendo que puede darse algo así como ¿un momento poético?, lúcido y límpido de una vez por todas, pero no terminamos de dar con eso, la poesía de una vez por todas, sería espantosamente trascendental.

 

 10- ¿Un poema de otro autor que te guste mucho?

 Qué difícil. Así, sin pensar, asociación libre, ya. Uno de Alberto Lagunas (San Nicolás, 1940).

 

 CERTEZA

  Yo moriré solo

como mueren los malos recuerdos.

Y me fundiré en tus ojos azules

–jamás podrían ser celestes–

vos, que te fuiste primero.

 

Oh, sol,

cómo oscureces.







Abril del 2016

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Julia Enriquez nació en Rosario en 1991. Es traductora en inglés y editora. Cursa la carrera de Filosofía en la Universidad Nacional de Rosario. Publicó los libros de poesía “Futuro brutal” (Un ninja sin capucha es un poeta, 2011), “Nuevas pesadillas” (Colección Brillo de poesía joven, Ivan Rosado, 2012) y “Ambulancia improvisada” (Colección Felipe Aldana, Editorial Municipal de Rosario, 2014). Sus traducciones de poemas de E.E. Cummings aparecieron en la revista “Unión y Amistad” (número 3, 2013). Fue incluida en la antología “30.30: poesía argentina del siglo XXI” (Editorial Municipal de Rosario, 2013). Es coautora de la selección de la antología “53/70. Poesía argentina del siglo XXI” (Editorial Municipal de Rosario, 2015). Desde el 2010 dirige el sello editorial Danke.

 

www.edicionesdanke.com.ar

 

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