Agustina Iacoponni

1) No hace mucho que escribís en verso, ¿qué descubriste de ese modo de decir y de estructurar?

 Hace dos años, a raíz de unos escritos encajonados sin destino aparente, empecé clínica de edición con Flor Codagnone. Su voz y su amor por la palabra me dieron ganas de meterme de puntas de pie en el género de la poesía. Y la fuerza que la caracteriza me impulsó a querer hurgar más en el ámbito. Me encandiló de lleno. Siento que es un terreno donde puedo exponerme pero sin la necesidad de plasmar la desnudez por completo. Juego mucho –en mi cabeza, a diario– con las palabras, pausas, los remates y silencios. Me parece que el modo de decir y las estructuras son, generalmente, ágiles, pero envainan una complejidad que no se da en otros géneros. La libre interpretación que se puede generar en el lector es lo que más me fascina.

 

 2)  Impar, que acaba de salir, es tu primer poemario, ¿cómo surge, de qué necesidad íntima?

 En un final oral de inglés, hace más de diez años, me preguntaron cuál era mi profesión ideal y mi respuesta fue: “escritora”. Siempre tuve el sueño de escribir un libro, pero el género ni siquiera era una certeza. Al tiempo, empecé a estudiar periodismo y a colaborar para una revista de música haciendo notas, coberturas de recitales y entrevistas a bandas. Dos años después, el proyecto muere. Comencé la clínica y, a la vez, me invadieron un montón de procesos personales –bastante- difíciles. La búsqueda de un equilibrio que no se daba. Las emociones que se me impregnaban en la piel querían salir corriendo por algún canal con la necesidad de ser compartidas. De esa conjunción de eventos (des)afortunados nace este vínculo. 


3) La publicación de un libro, supone muchos pasos previos y también muchas emociones y afectos se ponen en juego… ¿Qué podés contar de tu experiencia?


Es un camino largo, con aristas de todos los colores. La primera parte del viaje fue incierto. Ni loca imaginaba que podría llegar a cerrar un libro. Pero la vida misma, el tiempo, más lectura y escritura, le dieron lugar a más poemas. Forjé un vínculo muy íntimo con Impar y eso hizo que me costara soltarlo para que mutara. Como último paso, es difícil. Se conoce el miedo con la adrenalina, y sobre la misma vereda se abre un campo de nuevos horizontes.

 

 

4) ¿Cuáles son tus miedos y tus fantasías frente a un primer libro?

El hecho de tener una voz y poder compartirla de un modo más entregado ya es una fantasía por sí misma. Pero -al mismo tiempo- me aterra que sea escuchada: entra en juego la opinión ajena. Uno tiene que avanzar a pesar de los miedos… transitarlos. Ese es el plano en el que estoy hoy.



5) Llegás a la poesía casi como una irrupción, como una sorpresa, y con una mirada fresca sobre aquello que rodea a los poetas: ¿Qué te atrae de este mundo y qué te disgusta?

Me atrae el nicho poético en sí. Es encantador lo que sucede en las lecturas, los ciclos: vínculos nuevos, compartir sentires, modos de relacionarse con el género. Lo único que me disgusta, en la vida en general, son los matices oscuros como la deshonestidad, la falsedad y los egos elevados. Básicamente, todo lo que se excede del comportamiento -mas bien- natural. Pero entiendo que es algo que, inevitablemente, forma parte de todo tipo de ámbitos.



6) Vas escribiéndote y dibujándote el cuerpo, tatuándotelo casi con una naturalidad y una necesidad casi voraz. ¿Qué creés hay del cuerpo en tu poética?

A mi manera de ver, me parece que hay más ser que cuerpo en mi poética. Con eso me refiero a cierto grado de introspección, melancolía y sensibilidad. Definitivamente, en Impar, está la incomodidad del cuerpo mismo por el simple hecho de no estar completo. 



 7) Como la escritura en verso y la idea de un libro de poemas parecen haber irrumpido en vos de pronto, también así se te declaró la celiaquía hace unos años. Me pregunto si sentís que hay algo en común entre ambas –poesía y celiquía– o en el modo en que vos hacés con ellas.

El modo en que ambas surgen en mi vida efectivamente es algo que las ubica en un mismo estante. Forman parte de mí e irrumpieron para quedarse. Son una constante. En la mochila siempre llevo una libreta negra, lapiceras, caramelos y algún que otro bocado apto para mi condición. Son las dos caras de una misma moneda. Cada una, a su manera, me ayuda a mantener un equilibrio sano a nivel cuerpo-mente.



8)  Además de otras poéticas y escritores, ¿qué cosas alimentan tu poética?

El vínculo con las personas. Abrir la traba de los oídos, desabrochar mis ojos. La introspección que nunca falta. Y la plena disposición a nueva información de cualquier espacio que más me nutra. 



9) Impar se caracteriza por poemas cortos de versos cortos estructurados en tres partes de una secuencia narrativa, ¿estás trabajando en algo nuevo? ¿qué podemos esperar para el futuro?

Cuando terminé Impar –hace casi un año- me inundaron un montón de experiencias y sensaciones nuevas que me llevaron a plasmar las palabras en papel de otra manera. En mi caso no hay pausas para la escritura. Aprendo de la vida, del ámbito y de mí, y eso, indudablemente, se ve en los nuevos escritos. La idea de un segundo libro ya es un hecho. Tengo un pilón de poemas -un tanto- más extensos y con un eje temático no tan lineal, que eventualmente van a convivir en un hogar de tapa y contratapa. Pero primero voy a darme el lugar de disfrutar el proceso completo de Impar. Acaba de nacer. Hace un par de semanas lo tuve por primera vez en las manos. Cuando sienta que termine su camino, arrancaré a estructurar el próximo.



10) ¿Qué es la poesía para vos?

Es un infinito de emociones. Leer a otros autores y encontrar tanta belleza me maravilla. A veces siento que se me nubla el cuerpo, quedo extasiada. Poesía también son los ciclos, en donde se dan encuentros de voces y florecen lazos por doquier. Y en cuanto al vínculo personal que me ata… es como un tesoro al alcance de la mano. El paisaje más precioso de un viaje y, a la vez, un refugio de paredes muy altas para resguardarme. Es la compañía más fiel.








Entrevista realizada por Flor Codagnone

Abril del 2016

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Agustina Iacoponi nació en Buenos Aires en 1989 bajo el signo de sagitario. Es periodista y celíaca. 

Impar (Zindo & Gafuri, 2016) es su primer poemario.

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