Federico O'Reilly Togno
Por Manuel Mendoza Ramírez
Federico O'Reilly Togno
Por Manuel Mendoza Ramírez
Estimados Colegas:
Pau Casals, el violonchelista catalán, dijo que un buen músico es aún mejor si, además, es una buena persona. Me parece que su afirmación vale para cualquier profesión. En los distintos gremios existen colegas muy destacados, lo mismo que casos de muy buenas personas. Sin embargo, los personajes estelares reúnen ambas características y son especialmente valorados porque no aparecen con frecuencia.
En la comunidad estadística mexicana, por fortuna, hemos tenido nuestras propias estrellas y un ejemplo es Federico O’Reilly. Sus méritos académicos son múltiples y bien conocidos. No utilizaré este espacio para enumerarlos.
Prefiero recordarlo como el dueño de una personalidad rica y multifacética, que podía combinar un afán competitivo y un humor en ocasiones punzante, con la capacidad para escuchar e interesarse genuinamente en las preocupaciones de sus interlocutores; capacidad que siempre incluía la generosidad de un consejo o un comentario solidario. Era un buen conversador, ameno e informado y las charlas eran especialmente gratas cuando se acompañaban de una buena comida y un par de tequilas. Federico disfrutó su vida, fue un buen amigo y nunca se dio por vencido.
Fotografía 1. El ensayo de la banda.
De las pocas fotografías que tengo de Federico les comparto una muestra. La primera imagen tiene casi 35 años y corresponde a una ocasión en que Federico acudió a una reunión con un grupo de amigos, muchos de ellos ex alumnos suyos, para divertirse jugando a la banda de rock. En la foto estamos todos preparando un ensayo con un empeño digno de un proyecto académico de gran envergadura. Más allá de los magros resultados musicales, la convivencia fue espléndida y mucho tiempo después, la experiencia seguía siendo recordada entre risas y bromas.
La siguiente foto fue tomada casi treinta años después. Federico ya llevaba años combatiendo la enfermedad y aún a pesar de ello aceptó la invitación que le formularon amigos comunes –algunos de ellos habían estado presentes en la sesión de rock– para participar en un evento con motivo de mi cumpleaños 60. Una muestra más de su generosidad; su condición no le permitió acompañarnos más de lo estrictamente indispensable para brindarnos una presentación llena de comentarios agudos sobre la edad.
Fotografía 2. Federico disertando sobre la edad.
Si bien Federico aparece con un semblante serio en esta imagen, su intervención estuvo llena de bromas que cautivaron a los asistentes. Como prueba de ello acompaño una última imagen donde nuestro protagonista aparece en segundo plano claramente disfrutando el momento en que me hace entrega de una camiseta que me acredita como “SEXAJENARIO”. Aún la conservo.
Fotografía 3. Federico y su invitación al club de los Sexajenarios.
Que Federico fue un profesional muy destacado de la disciplina estadística es un hecho. Que además era empático y generoso, también es cierto y este texto ofrece apenas un testimonio minúsculo de ello. Por esta razón y para concluir, regreso a Pau Casals. Federico no solo era un brillante estadístico, era aún mejor porque, además, era un buen esposo, un buen padre, un buen abuelo, un buen amigo; en suma, una buena persona.