PLAN DIGITAL DE CENTRO
Dice Herbert A. Simon que «El aprendizaje es resultado de lo que el alumno hace y piensa y solo de lo que el alumno hace y piensa. El profesor solo puede promover el aprendizaje influyendo sobre lo que el alumno hace y piensa.» Por ello, entendemos la tecnología como una herramienta que deben estar al servicio de unos objetivos de aprendizaje y de una propuesta didáctica. Durante años se creyó que la mera aplicación de las TIC supondría una mejora de los resultados académicos y el aprendizaje. Pero la evaluación de múltiples experiencias demuestra que sin un marco pedagógico de aplicación, sin saber para qué queremos las herramientas que vamos a utilizar, es muy habitual que terminemos reproduciendo, en mayor o menor medida, modelos y estrategias docentes que no sirven para desarrollar las competencias clave ni ayudan a aprender mejor, a menudo muy basados en la acumulación de conocimiento. O bien se limitan a sumarse a la última moda en aplicaciones o actividades en las que las TIC no van mucho más allá de un espectáculo vistoso.
Por ello antes de elegir una herramienta es necesario preguntarse cómo nos ayudará a conseguir los objetivos que queremos conseguir con nuestro alumnado. Estos objetivos han de partir de un principio básico: enseñar es ayudar a aprender, ayudar a construir el conocimiento propio. El docente no «genera» el aprendizaje; su función principal es crear situaciones que facilitan que este se produzca e incentiva a los alumnos para que se involucren en la realización de tareas y proyectos que los conducirán a saber más, a ser más competentes, a desarrollar una ciudadanía responsable. Ello implica superar la noción de docente como depositario del conocimiento, que tiene como función principal su transmisión. Actualmente el acceso a dicho conocimiento se ha generalizado y es la capacidad para aplicarlo en situaciones concretas y con objetivos concretos la que marca la diferencia entre una persona competente y responsable, y otra que no lo es. La acumulación del conocimiento ya no puede ser el objetivo de la escuela en el siglo XXI. En cambio una estrategia que nos permite evaluar los aprendizajes adquiridos, en la que la tecnología puede ser muy útil, es crear situaciones de aprendizaje en las que el alumnado se vea obligado a aplicar en una tarea lo que ha aprendido en un contexto distinto, previo. Esta transferencia nos puede dar datos valiosos.
Entendemos que la capacidad para aprender con autonomía es tan importante como la propia adquisición de contenidos curriculares, especialmente en coyunturas tan cambiantes como los actuales en los que afrontamos grandes niveles de incertidumbre en todos los ámbitos y un crecimiento vertiginoso del caudal de información que se genera. La habilidad para establecer conexiones entre distintos campos, ideas y conceptos es esencial en el siglo XXI. Y en este marco el aprendizaje consiste en conectar nodos especializados o recursos de información, en buena medida. El conocimiento circula a través de una red de conexiones, y por tanto, nuestra capacidad para aprender depende también de la capacidad para desenvolverse en esas redes. Nutrir y mantener conexiones es hoy imprescindible para facilitar el aprendizaje continuo y es conveniente que el alumnado empiece a experimentar la riqueza que aporta la pertenencia a redes con valor formativo. En este sentido las redes sociales pueden ser muy útiles si somos capaces de aprovechar su potencial educativo. Algunos alumnos/as lo hacen construyendo su Entorno Personalizado de Aprendizaje.
Conseguir que el alumnado entienda Internet también como un espacio de aprendizaje es una tarea exigente, que no necesariamente les resulta estimulante. De hecho enfrentarnos a un océano de información inagotable puede resultar frustrante en muchos casos. Lo sugerente más bien sería sentir la necesidad de encontrar información relevante y fiable para afrontar un reto que nos motiva. Como dice Ángel I. Pérez Gómez, “nadie puede aprender nada de manera relevante y duradera a menos que aquello que vaya a aprender le motive, le afecte, le diga algo, posea algún significado “incorporado” que encienda su curiosidad.” Por ello, nuestro objetivo será crear situaciones de aprendizaje que tengan sentido para el alumnado, que le resulten motivadoras, y que estén vinculadas con el curriculum de nuestras asignaturas. A partir de ellas diseñaremos proyectos A.B.P. que plantearán retos en los que el uso de la tecnología será necesario. Y basta con mirar al mundo real para encontrar la inspiración que nos ayudará a dotar de sentido el aprendizaje.
Para desarrollar esta visión de la tecnología aplicamos un modelo 1x1 en el que cada estudiante aporta su tableta aplicando el principio BYOD (trae tu propio dispositivo). Ello le permite trabajar y aprender con autonomía aunque también supone un riesgos en términos de dependencia.
Más allá de las orientaciones para la descripción del nivel competencial adquirido que ofrece la Consejería de Educación nos parece que el modelo planteado por Boris Mir recoge perfectamente en cinco ámbitos la competencia digital y los distintos aspectos contemplados en las TIC, TAC y TEP:
Ámbito del aprendizaje: Aprender y generar conocimientos, productos y procesos.
Ámbito de la información: Obtener, evaluar y organizar información en formatos digitales.
Ámbito de la comunicación: Comunicarse, relacionarse y colaborar en entornos digitales.
Ámbito de la cultura digital: Actuar de forma responsable, segura y cívica.
Ámbito de la tecnología: Utilizar y gestionar dispositivos y entornos de trabajo digitales.
Aprender y generar conocimientos, productos y procesos.
Representar y crear conocimiento en diferentes lenguajes específicos (textual, numérico, visual, gráfico, sonoro).
Producir conocimiento y publicar información utilizando herramientas de edición digital, localmente u online.
Llevar a cabo proyectos, resolver problemas y tomar decisiones en entornos digitales.
Trabajar con eficacia con contenidos digitales y entornos virtuales de enseñanza-aprendizaje.
Hacer uso de las TIC como instrumento para el pensamiento reflexivo y crítico, la creatividad y la innovación.
Obtener, evaluar y organizar información en formatos digitales.
Usar sistemas informáticos y navegar por Internet para acceder a información, recursos y servicios.
Utilizar diferentes fuentes y motores de búsqueda según el tipo y el formato de la información: texto, imagen, datos numéricos, mapas, audiovisual, audio.
Guardar, archivar y recuperar la información en formato digital en dispositivos locales y en Internet.
Conocer y utilizar herramientas y recursos para la buena gestión del conocimiento en ámbitos digitales.
Evaluar la calidad, la pertinencia y la utilidad de la información, los recursos y los servicios disponibles.
Comunicarse, relacionarse y colaborar en entornos digitales.
Comunicarse mediantes dispositivos digitales y software específico.
Emplear herramientas de elaboración colectiva de conocimiento en tareas y proyectos educativos.
Participar proactivamente en entornos virtuales de aprendizaje, redes sociales y espacios de colaboración online con valor formativo.
Actuar de forma responsable, segura y cívica.
Gestionar la identidad digital y el grado de privacidad y de seguridad de los datos personales y de la información en Internet.
Actuar de forma cívica y legal respecto de los derechos de propiedad del software.
Conocer y respetar los diferentes ámbitos de propiedad de los contenidos digitales.
Reflexionar sobre la dimensión social y cultural de la sociedad del conocimiento.
Iniciarse en el ejercicio responsable de la ciudadanía digital.
Utilizar y gestionar dispositivos y entornos de trabajo digitales.
Comprender y utilizar con eficacia los dispositivos y sistemas informáticos que manejamos.
Determinar y configurar el software y el entorno de trabajo.
Instalar, actualizar y desinstalar software o dispositivos informáticos.
Cuidar y mantener los dispositivos y el software que empleamos.