LUZ CASANOVA

DECLARADA VENERABLE

LUZ CASANOVA

Había una vez una pequeña niña que se llamaba Luz, le encantaba ir con su abuelo al parque y pasar su tiempo junto a él. Su abuelo era una persona muy especial, era agradecido y bueno con toda la gente, sobre todo con los que eran más pobres.

Cuando ya era muy viejito, se puso muy enfermo y Luz tuvo que despedirse de él… algo que le costó mucho, pero aun así aprendió todo lo bueno que él le enseñó.

Ella heredó de su abuelo la sensibilidad que tenía hacia los más pobres. Por otro lado, la vida en aquellos días era muy diferente a los tiempos de hoy. Luz Casanova quería mucho a Jesús de Nazaret desde muy pequeña.

Nació en Asturias y cuando tenía doce años, su madre decidió trasladarse a Madrid con toda la familia. Era un tiempo complicado, algunos se iban a las grandes ciudades para conseguir un trabajo y en Madrid se formaron grandes barriadas sin apenas recursos de ningún tipo. Luz, que siempre fue muy espabilada e inquieta, no se pudo quedar al margen de esa realidad, a pesar de que eso le podía poner en conflicto con su familia.

Luz Casanova, siguiendo los pasos de Jesús y el amor hacia los pobres, le hizo entender que sólo podía amar a Jesús si amaba a los pobres. Cada día que pasaba estaba más al servicio de las personas que más la necesitaban… y fue haciendo varias amigas que la ayudaban en su tarea…

Fue creando escuelas, comedores, dispensarios… poquito a poco, de una manera muy humilde, pero con la intención de llegar al máximo número de personas y procurando el mayor beneficio a quien necesitara de ellas.

Luz, tras muchos años de compartir su vida con las compañeras, decidió formar parte de la congregación y es el 31 de Mayo de 1924 cuando comienza a ser una Apostólica del Corazón de Jesús.

Hubo una guerra que dejó las escuelas arrasadas, los edificios ocupados, toda la Obra destruida… Es en este momento cuando Luz pronuncia su frase de “Volveremos a empezar”.

El 8 de Enero de 1949 muere. La Congregación que ella fundó siguió escuchando la llamada de Dios en los pobres.

Hoy seguimos manteniendo vivo su sueño, y colaborando con las Apostólicas en el Kilo-litro, la campaña de María Reyna… como decía Luz “Que por mí no quede”.

VENERABLE LUZ CASANOVA

El 1 de diciembre de 2016, el Papa Francisco autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos para promulgar, dentro de un conjunto de decretos, la declaración de Luz Casanova como Venerable, es decir, como una cristiana que tuvo virtudes heroicas en su vida de fe.

Este es el estadio anterior, dentro del proceso de de canonización, a la beatificación (pero aún queda mucho para eso..., si es que llega). Antes de esto se ha admitido la causa, se han abierto documentos, estudiado la vida, preguntado a testigos..., de manera que la Sierva de Dios, primer reconocimiento en un proceso de canonización, es estudiada a fondo, tanto ella como su obra, antes de declarar que tuvo virtudes heroicas y, por ello, es venerable.

¿Qué supone esto para la Congregación de las Apostólicas y para nosotros, como herederos de Luz Casanova? Pues confirmar lo que ya sabíamos: que vale la pena seguir el ejemplo de Luz Casanova para acercarnos más a Jesús, para tomar ejemplo de cómo vivir la fe, para dar gracias a Dios por su vida y su legado. Pero ahora no solo lo decimos nosotros, sino que toda la Iglesia lo reconoce como nosotros.

Pero quizá lo exprese mejor estas palabras leídas al inicio de la Celebración en Memoria de Luz R. Casanova del día 8 de enero de 2017, primer aniversario de la muerte de Luz Casanova tras haber sido declarada Venerable.


CELEBRACIÓN EN MEMORIA DE LUZ R. CASANOVA (08/01/2017)

“Sentándonos juntos/as en la Mesa Santa”

Luz Casanova

Celebramos esta Eucaristía en memoria de Luz Casanova en un contexto especial, el de su reconocimiento por parte del papa Francisco como “venerable”.

¿Pero qué significación tiene para nosotros y nosotras hoy?

Lo primero de todo es el reconocimiento de un tipo de iglesia, la iglesia en salida a las periferias, que precisamente para serlo necesita de mujeres y hombres con “oído atento al murmullo de los empobrecidos y empobrecidas,” que se dejan afectar por el Espíritu de Jesús para conducir su vida sin otra ley que la ley interior de la caridad, porque el prójimo y el valor de la dignidad de la persona son la norma suprema del Evangelio. En definitiva la libertad, y la agilidad y la creatividad del Evangelio al servicio de los últimos y ultimas de la ciudad, pues ellos son los vicarios, los representantes de Cristo

Así fue la vida de Luz. Luz R. Casanova Nació en Avilés en el año 1873 y murió en Madrid, en esta casa, hace 68 años. Su vida es un icono del seguimiento a Jesús en las periferias. Desde sus primeros encuentros con los pobres, a los que empieza a convocar en el salón familiar de su casa, pasando por la creación de escuelas, y los años duros de la guerra , en el que se resiste a cerrar y abandonar las obras sociales y educativas , porque como ella misma escribe “la gente está preocupada por la quema de conventos, pero a mí, lo que me quita el sueño es que nos suban los impuesto y no poder dar de comer a la gente”, a los últimos años de su vida preocupada por las mujeres y hombres excluidos del derecho a la vivienda, como tantas familias hoy y buscando alternativas desde la creación de albergues y otros proyectos socio- educativos dirigidos a la promoción y la evangelización de las de las personas más excluidas

Toda su vida estuvo movida por el más ardiente amor al Salvador y la máxima estima de la dignidad de la persona. Su fe, como nos insta el papa Francisco, no fue una fe laboratorio, sino una fe histórica, una fe camino, que hizo de su vida un permanente éxodo, un desplazamiento, físico, mental cordial espiritual del centro a los márgenes para hacer comunidad de destino con quienes habitaban en ellos. Una fe que le llevo a romper con el círculo de confort y seguridad para el que habla sido educada y a descubrir que lo que ella había recibido como un privilegio: techo, educación, salud, conocimiento del Evangelio, etc. tenía que ser devuelto a los pobres como un derecho universalizable, con el espíritu incansable y resiliente del “que por mí no quede” y buscando e implicando la colaboración de otras personas, lo que hoy llamamos el trabajo en red y que ella nombra como “hacer hacer”.


Reconocer a Luz como venerable significa también descubrirla como maestra de espiritualidad apostólica, de una espiritualidad contemplativa en la acción, en la que la complejidad de lo real y los compromisos por otro mundo posible no son un inconveniente para el encuentro con Dios, sino justo su condición, una cita obligada.

Una espiritualidad que entiende que no se puede dejar a Dios por Dios, ya que el Dios de la intimidad del corazón es el mismo que nos desprograma los horarios, los planes y hasta la vida de piedad y nos urge a salir a su encuentro ante la urgencia de las situaciones de la vida de los pobres, lo que ella llama imprevistos apostólicos.


Una espiritualidad que conlleva una forma de vida sin recetas ni reglamentos sino atenta la realidad, buscando el querer de Dios en los acontecimientos desde la actitud y la práctica de discernimiento, con la confianza y la libertad y el riesgo que ello conlleva.


Un espiritualidad sin dualismos, que no compartimentaliza la realidad, que no separa la fe de la justicia, la oración de la actuación, la pasión de la razón, las necesidades espirituales de las materiales. Una espiritualidad eucarística, de banquete y acción de gracias, que entiende la Eucaristía como comensalidad abierta, inclusiva y por tanto como compromiso por acabar con el hambre de justicia, de sentido, de reconocimiento de belleza, de espiritualidad, etc. de los pobres en el mundo. Una espiritualidad de mesa compartida donde sentarnos juntas y juntos con los excluidos y excluidas del reparto de los bienes de la tierra para que dejen de serlo, para que no haya primeros ni últimos, donde nadie ocupe el centro porque el centro es el Corazón de Cristo su dinamismo y aliento de vida en abundancia


Por último reconocer a Luz Casanova como “venerable” significa también para nosotras y nosotros hoy la apuesta por una iglesia más laical y más femenina, donde la autoridad de las mujeres no sea vista con sospecha o como amenaza frente al clericalismo dominante, sino como un don del Espíritu al servicio de la comunidad de iguales y del mundo.


Así fue también la vida de Luz Casanova, que por la fuerza del Espíritu Santo y en obediencia al murmullo de los pobres se tomó en serio su participación en el espacio público, primero como laica, desde el apostolado femenino creando escuelas, obras sociales, dirigidas por mujeres y promoviendo la colaboración del laicado masculino y de otros religiosos y sacerdotes, y a partir del año 1929, como fundadora de la Congregación Apostólicas del Corazón de Jesús, cuyo fin es la evangelización en el mundo de los pobres.

Una fundación, como ella misma escribirá “más propia de soldados que de mujeres”, “con el espíritu de San Ignacio, pero en femenino” y ‘abierta a circunstancias, costumbres, tiempos y lugares”, buscando la inculturación en las periferias y lugares de vida de los empobrecidos, cuidando el trato, la acogida y la amistad con ellos de modo que “se sientan con derecho a contar con nosotras”


Una mujer preocupada por la formación, con palabra y pensamiento propio, que cultivó la escritura para difundir su pensamiento y espiritualidad, que se atrevió a escribir un texto de Ejercicios espirituales en su época y que animaba a sus compañeras al ministerio de la predicación, desde la vida compartida entre los pobres


Por todo ello este 8 de Enero damos gracias a Dios. Reconocemos a Luz R. Casanova, como maestra de vida y mujer apóstol y sentimos su espíritu vivo urgiéndonos a una mayor libertad y radicalidad en el seguimiento de Jesús en las periferias actuales de nuestro mundo. Que Así sea.

En y desde el corazón del Mundo de los pobres...

Apostólicas del Corazón de Jesús