Las salidas a entornos naturales o paisajes característicos en La Rioja, como son las viñas y el monte, trae consigo el trabajo y desarrollo de muchos objetivos interdisciplinares además de múltiples beneficios para la salud, no sólo porque en dichas salidas respiramos aire libre de humos, sino también porque se nos abre un mundo de experiencias sensitivas y de orientación.
Y es que adaptarse al terreno provoca una activación y alerta constante, trabajamos coordinación y equilibrio, así como los reflejos y siempre con la motivación de ver algún animal por el campo, ya sean conejos o milanos, o incluso alguna culebrilla. Por otro lado, descubrimos nuevas sendas y caminos, trabajamos el sentido de la orientación, nociones topológicas básicas y sentimos esa sensación tan universal y humana de sentirnos exploradores e investigadores, no sólo de los nuevos parajes sino también del descubrimiento de plantas aromáticas, diferentes tipos de rocas o piedras, lo que abre un universo de nuevas sensaciones, olores y ruidos propios del campo. A menudo, algún alumno es el encargado de guiar al grupo a la vuelta, para ello debe agudizar la memoria visual y aprender a orientarse, y es aquí donde la escuela rompe sus muros y aprovecha el entorno inmediato para trabajar todas las potencialidades del alumnado, y fomentar el compañerismo, la ayuda mutua, las capacidades físicas, los conocimientos de ciencias naturales y hasta las matemáticas, pues calculamos el tiempo, medimos la distancia a través del gps…
Y es en estas actividades distendidas donde se conjugan todos los ámbitos de desarrollo del discente, el ámbito cognitivo, físico, social y emocional están presentes y se establecen los verdaderos aprendizajes, porque son significativos y se basan en la exploración y vivencia en primera persona, por consiguiente, estas actividades al aire libre, se convierten en una herramienta imprescindible y recurrente desde el área de educación física.
DANIEL AGUIRRE