Hola, mi nombre es Hernando Encinas y les voy a contar sobre el día en que me morí.
Estaba mirando el noticiero de la tele a las 6:00pm del domingo. Estaba muy tranquilo cuando, de pronto, apareció una mujer hermosa, brillante como la luna, en el centro del living. Me pregunté cómo había entrado sin que yo lo notara ya que todas las puertas y ventanas estaban cerradas. Entonces, le pregunté:
-¿Cómo has entrado, bella dama?
-No soy una bella dama –respondió ella- Soy la Muerte y he venido para llevarte conmigo.
Sentí que se me caía el alma a los pies.
-¡Muerte, por favor! –supliqué.- ¡Dame un día más, es todo lo que pido!
-Tenés una hora –contestó la Muerte y luego desapareció, así, sin más.
Me vestí y calcé a toda velocidad y salí disparado para la casa de Inés, mi amada. Miré mi reloj, eran las 6:15pm.
Cuando llegué a su casa, toqué la puerta y esperé por unos segundos. Después, vi aparecer un ojo verde asomándose por la celosía de la puerta de roble. Se abrió la puerta e Inés apareció.
Era una muchacha todavía más hermosa que la Muerte, de ojos verde claro y el cabello pelirrojo como el fuego.
-¿Qué hacés acá? –dijo con tono acusador pero con una sonrisa curvando sus labios.
-Inés –dije- necesito que me dejes pasar. Hoy la Muerte me vino a buscar y me dijo que me llevaría con ella.
En el bello rostro de Inés apareció una expresión de pánico.
-Está bien –dijo ella.- Pero hacé silencio porque mi madre está despierta y mi padre no se fue al palacio.
Entramos en puntitas de pie pero cuando estaba por cruzar el umbral, sentí una mano que me tiraba para afuera de la casa. Volteé. Era la Muerte.
-Es hora –me dijo.