Durante la Segunda Revolución Industrial, los obreros que trabajaban en las fábricas debían soportar condiciones horribles al momento de trabajar. Las jornadas eran largas, monótonas y peligrosas, además de que los obreros trabajaban por un bajo salario. Si los obreros se lastimaban o sufrían cualquier daño físico que les impidiera trabajar eran reemplazados inmediatamente dado que cada mañana cientos de personas se amontonaban en las puertas de las fábricas para poder conseguir un empleo.
Los empresarios (dueños de las fábricas) además de contratar hombres los cuales de por sí, ya tenían un salario muy bajo, contrataban también mujeres y niños por un salario más bajo aún. No existían los derechos del Niño y/o Niña, tampoco los de la mujer o el trabajador.
Para un empresario era conveniente contratar niños debido a que si, por ejemplo una máquina se atoraba un brazo de niño o niña, al ser más pequeño, podía pasar por ahí, los niños podían llegar a perder el brazo o peor.
En la película tiempos modernos, Charlie Chaplin recrea situaciones de la vida real, de una manera divertida para que los espectadores se den cuenta de los problemas de la sociedad, la pobreza y la injusticia. Los obreros estaban muchas horas haciendo los mismos trabajos repetitivos y sólo descansaban cuando las máquinas lo hacían.
La película nos enseña una forma de trabajo, llamada taylorismo en la cual cada uno de los obreros realizaba una pequeña parte del trabajo y les daban un salario muy bajo. A las mujeres y niños se les pagaba menos, injustamente, a pesar de que realizaban los mismos trabajos monótonos.