La producción industrial exigía una labor muy dura, con jornadas de trabajo que se prolongaba entre 14 y 16 horas diarias durante 6 días a la semana, y trabajaban en muy malas condiciones donde los establecimientos eran poco iluminados, mal ventilados y exponían a los obreros a muchos riesgos porque carecían de medidas de seguridad.
A los empresarios les convenía contratar mujeres y niños porque eran más dóciles y les pagaban menos que a los varones adultos. En la actualidad los niños tienen derechos y por esa razón van a la escuela y no pueden trabajar hasta los 18 años.