Me llamo Catimo, soy un héroe con la fuerza de un tigre, por eso tengo garras muy afiladas para dañar a mis enemigos, tengo 487 años, mi punto débil es que me golpeen con mucha fuerza debajo de la rodilla. Mi padre es el dios de la naturaleza, él se llama Odón y mi madre es una heroína de los animales, los salva cuando están en peligro o cuando alguien los ataca y combate a sus enemigos, se llama Fora.
Ellos se conocieron una noche cuando unos cazadores atacaban a los animales de la naturaleza, entonces mi padre bajó a protegerlos, mientras mi madre los atacaba, así se conocieron y se enamoraron. Así nací.
Mi hermano Adán es un mentiroso, desde siempre me ha odiado, por ser su hermano mayor y tener, por eso, muchas ventajas ante mis padres. Con sus mentiras siempre me hace quedar mal frente a todos y muchas veces no tengo cómo arreglarlo. Nuestra relación es muy tensa, Adán provoca situaciones que nos enfrentan y nos mantienen como enemigos.
Pero un hecho fue el peor que pudo haber realizado: él mató a mi madre y dijo que había sido yo. Conozco sólo a una persona que siempre me ayudó, ella es Dara.
Cuentan que una noche Adán mató a su madre, Fora, pero culpó a su hermano para que no descubrieran que había sido él. Su hermano se llamaba Catimo, era un héroe muy fuerte y tenía unas garras de tigre muy afiladas. Catimo supo que su hermano estaba diciendo que había sido él quien había matado a su propia madre. Impactado y muy dolido, porque amaba a su madre, decidió irse en un bote para escapar de su hogar, conocía bien las consecuencias de semejante acto. Una vez que se supiera la noticia, lo buscarían para desterrarlo definitivamente.
Unas horas después encontró una isla llamada Camilutis, era bastante pequeña pero al menos podría estar escondido allí aproximadamente tres días y pensar una estrategia para volver, hablar con su padre y desmentir la acusación que su hermano había hecho sobre él. Al pasar los tres días se dio cuenta de que tarde o temprano lo iban a encontrar, así que decidió acelerar su vuelta.
Mientras tanto su padre, Odón, sentía que su hijo Catimo no podía ser quien hubiera matado a su esposa, en lo más profundo de su alma sabía que el amor de Catimo por su madre era tal que nunca hubiera podido hacer algo así, pero se encontraba terriblemente triste para pensar diferente, además, su furia era demasiada, aunque sabía que algo tenía que ser un error, se había prometido vengar la memoria de su amada esposa, nada calmaría su dolor mientras no lo hubiera hecho.
Catimo estaba volviendo a su hogar pero nadie debía saberlo, él tenía planeado encontrarse con Dara, una amiga muy importante en su vida. Con ella tratarían de convencer a su padre para que los escuchara y pensara en la posibilidad de no enviarlo al destierro, pero para llegar a eso, antes necesitarían que los mirara y recordara quiénes eran, quién era Catimo, su primogénito y el hijo más deseado por él y Fora. El problema era que probablemente su padre negara todos estas verdades o que las ignorara.
Al llegar a la torre donde se hallaría Odón, el héroe dañaría a uno de los guardias para distraer a los demás, así intentaría entrar, antes debería camuflarse como alguien común para poder pasar desapercibido, ya que su modo de caminar era inconfundiblemente felino. Así era el plan que había diseñado. El día de su llegada, todo iba marchando bien, pero un guardia notó algo extraño y persiguió al héroe. Cuando Catimo estaba a punto de llegar hasta donde estaba su padre, acompañado de su gran amiga Dara, Odón logró ver detrás de los visitantes a su guardia más fiel, corriendo hacia ellos con una actitud que lo hizo pensar que estos venían a dañarlo, y que seguramente eran también quienes habían matado a su mujer. El dios Odón no encontraba motivos para cuidar la naturaleza, como antes, cuando Fora estaba en la tierra. Eso fue lo único que pensó cuando ordenó a los guardias que atraparan a esa pareja de intrusos y los tiraran al mar con las manos atadas.
Catimo nunca llegó a saber si su padre, el dios Odón, hubiera cambiado de opinión, si le hubiera permitido decir lo que nunca pudo.