Ahí estaba yo, muerto de nervios por empezar la segunda ronda de este programa cuando de repente, casi como un murmullo, escuché a mis espaldas:
-Sherlock… Fran… Francisco –dijo una voz muy familiar.
- ¿Qué hacés acá? –dije al instante cuando reconocí a mi amigo– si te ven me descalifican.
-Ya lo sé pero pasó algo que tenés que saber -dijo en un susurro.
Estudié su cara y me di cuenta de que era importante de verdad. No me hubiera molestado si no fuera algo urgente.
-Bueno, ¿qué esperás? -lo urgí. -¡No me asustes decímelo!
-Cuando estaba viniendo a desearte suerte acá vi a Rosaura. Tenía cara rara, como alerta y miraba en todas las direcciones a ver si alguien la veía -respondió y yo lo miré expectante para que continuara.
-¡Dale! -dije.
-Bueno, no me preguntes cómo pero no me vio y yo decidí seguirla.
-¡Arturo!
-¿Qué querías que hiciera? Me pareció que andaba metida en algo raro.
-Está bien, seguí. -concedí impaciente.
-La seguí y cuando se paró, me escondí. Vi que tenía un marcador en la mano y estaba escribiendo algo. Me asomé y ¡vi que estaba escribiendo las respuestas en un papel!
-No, no puede ser. ¡Si Rosaura es más buena que el pan de Dios! -repliqué, escéptico.
-Te digo que sí, Sherlock. ¡La vi! Estaba escribiendo el nombre del barco de Cristóbal Colón y cosas por el estilo! ¡Creéme! -añadió cuando vio que yo no cedía.
-Bueno, está bien, te creo. -dije, viendo que Arturo no me mentiría con eso.- ¡Pero callate porque te van a sacar a las patadas de acá!
-¿Qué pensás hacer? -me preguntó.
-Hablar con ella. ¿Qué voy a hacer? -respondí.