Seguir a Jesús no debería de sentirse tan difícil. Consiste en aprender a buscar, encontrar y conservar la paz que Él nos da (Jn 14, 27). La Teología del Cuerpo nos enseña cómo lograr un balance perfecto entre sentirse amado en el proceso de integración, al mismo tiempo que se experimenta una maduración, en ocasiones incómoda, pero que nos lleva a una vida en abundancia (Jn 10,10).