Sergio ha tenido una vida cómoda al amparo del próspero negocio inmobiliario de su padre, pero todo se va a pique con la crisis: la empresa, el chalet y su propia familia. La nueva situación le obliga a madurar de golpe. Necesitado de un empleo, solo encuentra trabajos con horarios largos y salarios cortos. En una de esas humillantes entrevistas vislumbra la oportunidad de sacar un dinero fácil a través de la extorsión. La víctima es un antiguo cliente de la inmobiliaria familiar, un hombre despreciable, que se aprovechó de su padre cuando estaba en las horas más bajas. Esa primera incursión por el lado oscuro no sale como había previsto. El tipo está metido de lleno en el tráfico de drogas y no se deja amedrentar por cuatro fotos comprometidas. Otros sí pagan, y ese dinero supone una inyección de vitalidad para su maltrecha economía familiar.
Aquella primera experiencia criminal de Sergio le trae nefastas consecuencias. Sin saberlo, extorsiona a los clientes de uno de los negocios tapadera del narcotráfico: el Paradise, un club de alterne a las afueras de Madrid. Cae en las fauces del cártel de San Jorge. Sergio es obligado a trabajar como camello de poca monta en la universidad. Sus estudios y su apariencia juvenil lo convierten en una persona perfecta para el puesto. Es arriesgado, pero también tiene un lado bueno, no deja de ser una oportunidad laboral… Sergio se acostumbra a unos ingresos altos, que le permiten sacar a su familia de la exclusión. Se siente valorado y descubre que es bueno en su nuevo trabajo. Su jefe empieza a confiar más en él.
La figura de Sergio llama la atención de la policía. Valentina es una agente infiltrada en la organización. La chica ya conoce al nuevo de hombre del cártel, coincidieron en el instituto. Poco a poco, ella vuelve a entrar en su vida y se convierte en un pilar importante. Afloran sentimientos del pasado y ambos se enfrentan a una tesitura similar: cumplir con sus obligaciones o arriesgarlo todo por amor.
Sergio teme por su integridad. Tarde o temprano todos los narcos acaban entre rejas o entre gusanos. Planea su desvinculación del cártel, pero nadie abandona a San Jorge y vive para contarlo… La nueva posición de Sergio y su desesperada situación llevan a Valentina a desvelar su condición de agente infiltrada. Tras el impacto que produce esta noticia, Sergio se deja llevar por su corazón y acepta la ayuda de Valentina para salir de ese infierno de polvo blanco.
No es el único que quiere abandonar la organización. Su jefe y amigo es el doctor Carlos Fonseca, un profesor universitario que también trafica coaccionado. El profesor fue un niño del cártel. Nacido en una aldea de la Colombia cocalera, debe sus estudios y posición a los narcos. Su propio hermano, encarcelado, es uno de los fundadores de San Jorge. Él, sin embargo, no es así. Quiere empezar de nuevo y sabe cómo hacerlo.
El profesor tiene un plan meticuloso, y Sergio es una pieza esencial para su ejecución. Todo parece irse al traste cuando Fonseca es asesinado. La intervención de Valentina es crucial para recuperar la hoja de ruta del profesor. Sergio tiene lo que necesita para aprovecharla y esquivar la espada del santo, ¿lo conseguirá? Los planes no salen según lo previsto. Sergio no logra el dinero necesario para empezar una nueva vida, pero Valentina sigue a su lado y el cártel le propone un acuerdo para que ambos queden libres de la amenaza. Sergio aceptará y empezará una vida normal.
Es un chico de 24 años, de complexión y altura normal. Su aspecto es el de un “buen chico”. No está tatuado ni lleva piercings. Su corte de pelo es formal, ni demasiado corto ni demasiado largo. Encaja con su vestuario, casi siempre compuesto por polos o camisas de marca y pantalones vaqueros.
Sergio es tímido. Normalmente evita hablar en público. No le gusta destacar. Mantiene una distancia personal con el mundo, así que sus relaciones son superficiales y muy limitadas. Prefiere estar en casa, jugando a la vídeo-consola, antes que salir de fiesta. Es un chico respetuoso. Tanto que muchas veces se deja avasallar con tal de no “causar molestia”.
Su vida pasada ha sido cómoda. Hasta que terminó el instituto nunca ha tenido que preocuparse por el dinero. Tampoco por la estabilidad familiar. Sus padres formaban una pareja feliz. Siempre se ha llevado bien con su hermano menor, Hugo.
Val es una joven policía. Siempre ha sido una rebelde y su aspecto, que podría describirse como gótico provocador en el pasado, aún conserva evidencias de la “chica mala” que es. Lleva un piercing en la nariz y varias cicatrices de otros a los que ha tenido que renunciar por cuestiones laborales.
Val es hija de médicos. Su padres nunca se llevaron bien. La relación duró muy poco, el matrimonio algo más. Val no ayudó. Fue difícil desde el principio. Su actitud fue la primera manifestación de una personalidad inadaptada a la realidad que le había preparado el destino.
Es solitaria, sus amigos se limitan al trabajo y a varios noctámbulos habituales de sus antros favoritos. Le encanta patinar.
Es un tipo de complexión fuerte que ronda los cincuenta. Se conserva bien a pesar de su adicción a la cocaína. Su aspecto es intencionalmente parecido al de un respetable banquero. A pesar de ser un tipo rico y de tener un negocio muy rentable le cuesta gastar en algo que no sea él mismo.
Cuando se siente poderoso sale su verdadero yo, y es depreciable. Don Jesús ha hecho carrera en la noche madrileña. Lleva media vida proporcionando porteros y vigilantes con su empresa especializada en la seguridad de locales de ocio. Parte de su éxito se debe a que su personal cumple otra importante misión: impedir el acceso de cualquier camello que no esté en su nómina. Es un hombre bien relacionado en los bajos fondos. Sus negocios con el cártel no son nada secretos. De hecho, la policía ha infiltrado a una agente como secretaria para tenerlo vigilado.
Es el gran capo del cártel de San Jorge. Está afincado en Madrid, desde donde controla su organización internacional. Regenta el Paradise, un club de alterne que funciona como tapadera.
Se ha criado en el sicariato colombiano. Es un tipo peligroso, no le importa matar ni morir.
Desde su infancia soñó con tener su propia organización de tráfico de drogas. Supo aprovechar la oportunidad que le puso el destino, y no está dispuesto a permitir que nada ni nadie comprometa el negocio que ha levantado junto a sus "hermanos" de la aldea colaletera de San Jorge.
Tiene una filosofía peculiar respecto a las relaciones comerciales entre narcos. Ha sabido operar desde la clandestinidad y eso es lo que le ha mantenido con vida durante tanto tiempo.