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Durante este año pastoral la mesa arquidiocesana de formación ha realizando una permanente reflexión desde las distintas y dinámicas realidades que vive nuestro país y en particular, Santiago; fruto de los fenómenos sanitarios y sociales que estamos viviendo. Estos elementos no nos son ajenos, sino que, interpelan la vida de la Iglesia y nos exhortan a discernir encarnadamente nuestros caminos pastorales y buscar la voluntad de Dios.

La Mesa Arquidiocesana de formación propone una Escuela de verano de carácter arquidiocesano, renovada y online, que se exprese como un espacio de comunión desde la diversidad pastoral y social que vive nuestra Iglesia de Santiago. Cada vicaría zonal y ambiental, cada delegación episcopal y cada departamento de pastoral especializada ha desarrollado una reflexión conjunta, para ofrecer una propuesta formativa que responda a las necesidades de las mujeres y hombres, creyentes de hoy, que posibilite un encuentro renovado y permanente con Jesucristo y con toda nuestra Iglesia.

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Fundamentos


El surgimiento de la "Escuela de Verano Arquidiocesana" surge en un contexto particular, un año bastante especial que ha afectado a cada uno de nosotros en distintos grados y formas. Ciertamente, esto no ha dejado a nadie indiferente; hemos tenido que introducirnos en un mundo virtual para comunicarnos o poder trabajar. Ha hecho despertar también en muchas partes un espíritu de solidaridad digno de destacar. La crisis que estamos viviendo ha hecho que nos replanteemos la manera que tenemos de relacionarnos.

En tiempos de incertidumbre y de tribulación, cuando nos vemos necesitados o heridos, se hace más difícil hacernos cargo del sufrimiento de otros. En este contexto, nos parece necesario encausar esta escuela bajo la nueva Encíclica del Papa Francisco "Fratelli Tutti" (todos hermanos).

La mayoría de los cursos que hemos puesto a su disposición responde a inquietudes, desafíos actuales, mencionados por el Papa Francisco; que en este tiempo que estamos viviendo adquieren más urgencia y compromiso de cada uno de nosotros.

Hoy en día existen diversas maneras de ignorar a los demás y pareciera ser que, la misma cultura del descarte nos predispone a esto; en ocasiones, pasar de largo, pensar en nosotros mismos y centrarnos en nuestros intereses. El Papa Francisco nos invita a repensar la manera en que tenemos de relacionarnos; entre personas, entre organizaciones y entre naciones. Estamos en un tiempo donde resulta muy fácil dejarse llevar por las preocupaciones del día a día sin pensar o tener la necesidad de plantearse un proyecto común. (de todos).

El Papa Francisco nos invita a un diálogo abierto, a caminar junto a otros; a ser prójimo de otros. La parábola del buen Samaritano (Lc 10, 25-37) aparece reiteradamente en la Encíclica aplicada de distintas maneras y con justa razón: el Papa Francisco nos proponer recorrer el mismo camino que narra la parábola, es decir, nos invita a vernos en ella junto a nuestro proyecto de vida.

Todos podemos identificarnos con el necesitado, todos tenemos heridas que muchas veces nos paralizan; nos privan de vivir, de proyectarnos, nos privan de la justicia o de vivir en la verdad. Heridas de las mujeres sin derecho, heridas de guerra; de violencia, de hambre y de soledad.

“El amor reclama una creciente apertura”; Seguimos entrampados en hablar de “nosotros” y los “otros” (95). De alguna manera nuestras propias heridas nos cierran a ver una parte del mundo, a simplemente ignorar lo que pasa con otros. El Papa Francisco nos invita a dar un paso más en este modo de hablar y tratarnos todos como hermanas y hermanos.

Todos estamos llamados a actuar como el buen samaritano, es decir, salir de esta lógica de encierro, autor referencia y egoísmo y dar un paso más, a una dinámica del encuentro; de hacernos cargo de las heridas de nuestros hermanos. Muchas veces perdemos fuerzas y energías en perseguir a los culpables de las heridas y perdemos de vista la necesidad de sanarlas. (62)

Como cristianas y cristianos, es preciso saber que somos capaces de esta apertura, pues por medio de Cristo participamos de la relación amorosa y entrega mutua presente en la Trinidad.

En tiempos de tantas heridas, tantos dolores y tanta tribulación, la invitación es a dar un paso más y pensar en un proyecto común; “generar caminos de encuentro” que nos permitan actuar como el buen samaritano (67)