El desafío más impensado (y necesario):
Cómo crecer juntos Córdoba, San Juan y Chile
Por Carmen Álvarez Rivero
Senadora nacional por la provincia de Córdoba (LLA). Miembro de Civilitas
La primera mitad del siglo XXI será para la Argentina, muy en particular para nuestras provincias de Córdoba y San Juan, así como para Chile, también muy especialmente, el tiempo de asumir y aprovechar con visión estratégica el urgente e imprescindible desafío de la integración inteligente y de las inimaginables sinergias económicas regionales que sin duda traerá consigo.
Como senadora nacional por Córdoba siento la enorme responsabilidad de poseer una mirada global que me lleva a tener siempre muy presente el desarrollo y la producción de toda la Región Centro del país, y no solo la de mi provincia, sino también las de Santa Fe y Entre Ríos, pues entre las tres reúnen el 40% de nuestras exportaciones, y muchísimo más llegarían a producir todavía si no existiera el gran hándicap que las limita: Argentina no tiene una salida directa a los puertos del Pacífico, lo que nos resta competitividad frente a países que pueden llevar sus productos a Asia en mucho menos tiempo y con menores costos logísticos, es decir, con la incomparable ventaja de ofrecer al consumidor o usuario un mejor precio final.
Pero ante los grandes problemas nacen a veces los más grandes desafíos y las ideas más creativas, impensadas, solidarias, audaces e innovadoras. De hecho, en el Foro de la Región Centro 2025 se presentó como una evidencia incontestable que, si de verdad queremos que nuestra región crezca, nos urge a todos impulsar nuevas vías de integración con Chile, y el Corredor Bioceánico Central es la oportunidad más concreta, directa y lógica para lograrlo, un corredor que no solo se vincula con la producción agroindustrial de la Región Centro, sino también con un nuevo actor igualmente estratégico, el de la minería de San Juan y, en menor medida, de Catamarca.
La minería sanjuanina, un orgullo para el país, viene desarrollando desde hace ya un buen tiempo nuevos proyectos clave para propiciar la transición energética que hoy el mundo necesita y demanda, y -al igual que la agroindustria- también necesita imperiosamente llegar a los mercados asiáticos de manera rápida y eficiente, desafío imposible de alcanzar sin pasos cordilleranos modernos (como podría llegar a ser la puesta en valor de La Chapetona), así como rutas de calidad y servicios aduaneros basados en trámites digitales, ágiles, modernos, previsibles y resolutivos.
Por todo lo anterior, mi decidida apuesta a impulsar el desarrollo minero de San Juan no compite, sino que colabora y de manera decisiva, con el crecimiento económico de toda la Región Centro del país, pues en tiempos globalizados como los nuestros ya no sirven las agendas únicas, solitarias, miopes y sin grandeza de ánimo y miras: San Juan abre el camino con la minería, Córdoba y la Región Centro con la agroindustria, la industria y los servicios, y Chile con sus puertos, que nos facilitarán toda la logística necesaria para llegar al deseable mercado asiático.
Pero en este contexto falta un elemento clave como motor del desarrollo de la Argentina que viene: la Ruta Nacional 158, la más productiva del centro del país al unir los polos agroindustriales ya señalados (Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos), además de ser una vía fundamental en la configuración del Corredor Bioceánico Central (Brasil-Argentina-Chile), una ruta que cuando se modernice como merece y se convierta en autovía, que es lo que vengo exigiendo desde hace ya más de tres años en todos los foros en los que me ha sido posible exponer el proyecto (y también en los que no se me ha permitido), unirá de forma rápida, directa, eficiente, rentable y segura a lo largo de 271 km las tres vías de comunicación más transitadas entre el Atlántico y el Pacífico para coincidir así con tres corredores clave del Mercosur: las rutas nacionales 8 (Río Cuarto), 9 (Villa María) y 19 (San Francisco).
Sin adecuadas, modernas y suficientes infraestructuras a la altura de las exigencias de los tiempos no hay genuino crecimiento posible, y en todos los órdenes, no solo en el económico, sino también en todo lo que se refiere a la mejora del capital humano, del capital social y del capital cultural de un país, y lo mismo ocurre con la integración, regional en este caso, un juego de suma positiva, un vínculo de regiones hermanas y países hermanos como Argentina y Chile, como -en concreto- toda la Región Centro y San Juan y Chile, un juego en el que unos ganan solo si todos los demás también lo hacen.
No cabe duda de que las políticas económicas del actual Gobierno de Javier Milei han logrado por fin establecer reglas claras que nos vuelven previsibles e inspiran confianza y expectativas de rentabilidad tanto a empresas como a organismos internacionales para invertir en tales desarrollos. Como decía el viejo proverbio africano, “si quieres viajar rápido, viaja solo, pero si quieres llegar lejos, viaja acompañado”. Crecer juntos, la mejor manera de crecer.