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Sobre la crisis ecosocial y el cambio de ciclo histórico

PONER EN EL CENTRO LA VIDA

Fernando PratsArquitecto urbanistaMiembro del Foro Transiciones y de la Fundación Renovables

“Pronto será demasiado tarde para cambiar el rumbo de la actual trayectoria que nos lleva al fracaso y nos estamos quedando sin tiempo”. Segundo Llamamiento Mundial de la comunidad científica. 15368 signatarios de 184 países. 2017.

Vivimos tiempos en los que nuestra generación tiene la responsabilidad de hacer frente a una crisis ecológica capaz de determinar el devenir de la humanidad sobre el planeta. Como ya advertían los nobel en Estocolmo (2011), los patrones de insostenibilidad en la producción, consumo y crecimiento demográfico desbordan ya los límites biofísicos del planeta y los tiempos para las dilaciones se han acabado. Superada, con la sonada excepción del Presidente Trump, la negación de la existencia de la crisis ecológica y su relación con la actividad humana y más allá de las complejas contradicciones que atraviesan el mundo, adquiere ahora importancia central el debate sobre el “qué hacer” ante los desafíos ecosociales. Porque hemos de aceptar que sabemos lo suficiente para empezar a transformar una realidad en la que la vida, tal y como la conocemos, está en peligro por primera vez en la historia de la humanidad.#(1) #(2) #(3)


Notas
(1).- Poner en el Centro la vida fue Referente central del Encuentro de Quorum Global en Málaga en octubre de 2018. (2).-Este artículo actualiza el texto de “La Gran Encrucijada” publicado en Ciudad Sostenible en 12-2016
(3).-El Foro Transiciones es un think tank transdisciplinar y plural impulsado por las Fundaciones Conama y Fuhem.

AFRONTAMOS UN CAMBIO DE CICLO HISTÓRICO

Todo apunta a que afrontamos un cambio global en el que la crisis ecológica y la amenaza de colapso ecosocial son reales, sus tiempos, críticos y las medidas adoptadas hasta ahora, insuficientes.

La información facilitada por los principales paneles internacionales de expertos [Naciones Unidas (NNUU), Unión Europea (UE), Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y mundo académico] apuntaría las siguientes consideraciones generales:

  • Estamos asistiendo a un cambio de época condicionado por el desbordamiento de los límites de biocapacidad del planeta.


Las ciudades concentran la mitad de la población y más del 70% de la economía, el consumo energético y las emisiones que afectan al clima. Foto Álvaro López.
  • Tal desbordamiento se relaciona con los impactos ecológicos generados por un tipo de desarrollo basado en lógicas de acumulación capital (de Mercado y Estado) y de consumo ilimitados en un planeta finito, vigentes en las principales economías mundiales (China, Estados Unidos, UE, Japón, India y Rusia).
  • De no modificar dichas lógicas a tiempo, los procesos de deterioro de los sistemas que sostienen la vida, tal y como la conocemos, acabarán conduciendo a una crisis civilizatoria.

Y, en ese marco, la aportación de ciertos avances tecnocientíficos (economía circular, ecoeficiencia, sistemas de energías renovables, etcétera), siendo fundamental, se muestra insuficiente para resolver por sí misma y en el tiempo disponible la creciente extralimitación ecológica; es más, en muchas ocasiones, el despliegue del I+D al servicio de las lógicas económicas vigentes constituye uno de los vectores de generación de insostenibilidad ecológica más importantes. En todo caso, los tiempos para afrontar el cambio son muy cortos y los compromisos alcanzados hasta el momento resultan insuficientes. La información disponible advierte sobre la evolución crítica de los ciclos vitales y la inviabilidad de los escenarios tendenciales de futuro si no se acometen transformaciones más profundas que las comprometidas hasta ahora#(4). En la figura 1 se muestra como la huella ecológica de la humanidad (HE) sigue expandiéndose, desbordando la biocapacidad (BC) de la Tierra y aumentando tendencialmente el desbordamiento ecológico (DE=HE/BC).


Notas
(4).-Entre otros informes, cabe mencionar por su reconocimiento e influencia: la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, de Naciones Unidas, en 2005; el estudio sobre los límites planetarios Planetary Boundaries, coordinado en 2009 por la Universidad de Estocolmo; el documento Resilient People, Resilient Planet, de Naciones Unidas para la Cumbre de Río + 20 en 2012; los sucesivos informes del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) para la Cumbre del Clima de París (2015) o la nueva edición del Informe de la ONU sobre Desarrollo Sostenible Mundial que será publicado en 2019.

NUEVOS PARADIGMAS PARA UNA TRANSICIÓN SIN PRECEDENTES CON CARÁCTER DE EXCEPCIÓN Y URGENCIA

Figura 1. El desbordamiento de la huella ecológica con relación a la biocapacidad del planeta. HE: Huella Ecológica / BC: Biocapacidad / DE: Desbordamiento Ecológico Fuente: Elaboración propia a partir de WWF (2010), Informe Planeta Vivo 2010.

Es necesario alumbrar relatos y nuevos consensos sociales sobre el cambio como transición, basados en nuevos paradigmas, escalas temporales, principios y estrategias que articulen con carácter excepcional y urgente temáticas diversas, desde lo local hasta lo global, desde ahora a mediados de siglo.

Si afrontamos un nuevo ciclo histórico y se plantea reconducir los escenarios más duros de la crisis ecosocial, se requieren relatos y paradigmas que alumbren nuevas perspectivas y acuerdos con los que empezar a construir un futuro diferente. Desde el panorama científico y social, se ha ido afirmando la necesidad de repensar los principios civilizatorios a partir de algunas consideraciones fundamentales: vida digna (democrática y suficiente), justa (incluyente) y segura (saludable y compatible con los límites de la biosfera).


En la figura 2 se representa esa nueva mirada proyectada por K. Raworth en Definir un espacio más seguro y justo para la humanidad (2013) para el Worldwatch Institute, donde se aboga por avanzar hacia un espacio ecosocial con un “suelo” conformado por derechos universales y un “techo” de seguridad configurado por los límites ecológicos del planeta. Lógicamente, en un espacio así las desigualdades habrían de ser reducidas y la democracia, entendida como pacto colectivo de convivencia pacífica, mucho más profunda, regulada y alejada de las tesis neoliberales.

En todo caso, hay que contemplar el cambio de ciclo histórico como una transición compleja de “ciclo largo”, cuyo signo dependerá de nuestra capacidad de reaccionar a tiempo y con la profundidad debida para tratar de alumbrar estadios sociales basados en la reformulación ética, política y económica de los paradigmas que actualmente orientan el comportamiento entre los seres humanos y hacia el planeta. Pero, también existe la imperiosa necesidad de abordar un “ciclo corto” –un período de excepción y urgencia– para afrontar las amenazas inmediatas que se ciernen en los campos de la energía-clima-naturaleza-alimentación. Dicha apuesta obligaría a iniciar ya cambios socioeconómicos de envergadura que afectarían a la dimensión y organización espacial del binomio energía/economía, a su adaptación al cambio climático y que habrían de culminar en tres o cuatro décadas.

Asimismo, este primer ciclo debería adoptar transformaciones para: garantizar alimentación suficiente para unos 9600 millones de habitantes; reformular la distribución/socialización de los recursos/riqueza para alcanzar una mayor justicia social y disponer de medios para afrontar el cambio; impulsar la agroecología y las dietas correspondientes; transformar las ciudades y los patrones territoriales en clave sostenible; corregir los impactos más graves/urgentes que están impidiendo la recuperación de los sistemas y ciclos naturales; y aumentar la resiliencia frente a unos cambios climáticos y ecológicos que ya están en marcha.

AFRONTAR INMEDIATAMENTE LOS DESAFÍOS DEL BINOMIO ENERGÍA-CLIMA

La urgencia por afrontar los desafíos relacionados con la energía y el cambio climático reclamaría adoptar medidas excepcionales para conseguir transformaciones estructurales que permitan alcanzar escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero “casi 0” a mediados de siglo. Tales escenarios han de basarse en menores necesidades de consumo, multiplicar la eficiencia y sistemas renovables.

La relación energía-clima es estructural y representa un doble desafío que ha de ser afrontado urgentemente atendiendo a:

  • El final de la era de la disponibilidad de energía abundante y barata basada en los combustibles fósiles (en torno al 80% de la energía consumida actualmente en el mundo procede de dichos combustibles).



Figura 2. EL ESPACIO SEGURO Y JUSTO PARA LA HUMANIDAD DE K. RAWORTH.Fuente: "Definir un espacio seguro y justo para la humanidad". Informe Worldwatch Institute, 2013.
  • El progresivo desbordamiento de la capacidad de asimilación de los gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera, que, originados mayoritariamente por la quema de tales combustibles, se está traduciendo en un creciente “calentamiento global” asociado a procesos de “cambio climático”, que ya están distorsionando las bases de la vida actual en el planeta.

En relación al final de la energía abundante y barata, baste decir que, según la Agencia Internacional de la Energía (OCDE), el punto de máxima producción petrolífera se produjo en 2005/2006 y que, más allá de las coyunturas de los mercados, los nuevos yacimientos (a costes viables) son insuficientes para cubrir el aumento de la correspondiente demanda prevista para 2050, lo que requeriría que dos tercios de la misma habría de ser cubierta con combustibles no convencionales.

A la vez, las tasas de retorno energético (TRE o cantidad de energía obtenida por cada unidad invertida para dicha obtención) se van reduciendo en los combustibles convencionales a medida que las extracciones son más complejas, pasando de 100 a 20 unidades obtenidas por cada unidad invertida, en un contexto en el que las TRE de las energías renovables, siendo significativamente menores, no posibilitan sustituciones “a la par” con los combustibles tradicionales.

Con relación al cambio climático, la principal amenaza para la humanidad a medio plazo, los acuerdos (ni vinculantes ni concretos) de la Cumbre de París (COP 2015), según el Informe especial de la Agencia Internacional de la Energía 2015, se traducen en aumentos de temperatura de +2,6° C (otras fuentes apuntan a los 3ºC) y de +3,5° C a finales de este y del próximo siglo (sin imputar posibles “cambios abruptos” a partir de entre +1,5° C y +2° C). En la figura 3 se grafía la radicalidad del cambio necesario en materia de emisiones de gases de efecto invernadero para alcanzar los objetivos deseados a mediados de siglo.

Figura 3. El necesario decrecimiento de los gases de efecto invernadero (GEI) a mediados de siglo. Fuente. IPCC.

En España, el binomio energía-cambio climático se ha convertido en un tema capital, toda vez que el país presenta vulnerabilidades muy fuertes ante ambos factores. Para abordar el cambio de modelo energético y la incidencia de sus derivadas climáticas son precisas medidas con criterios de excepcionalidad y urgencia:

  • Conferir a la cuestión energético-climática el tratamiento jurídico-constitucional que permita abordar los objetivos planteados por el Parlamento del país. Complementariamente, sería urgente formular una Estrategia Integral Energética-Climática 2020/2030/2050 (EIE/C-20/30/50) que permitiera alcanzar escenarios de descarbonización general antes de mediados de siglo y, a la vez, impulsar con fuerza el desarrollo del Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC).
  • Dicha estrategia habría de considerar el ciclo energético-climático completo, desde la generación y el consumo de los sectores socioeconómicos clave, hasta los impactos generados y la cuestión de la resiliencia frente al cambio climático. Además, debería compatibilizar las demandas para cubrir las necesidades sociales y transformar los sistemas energéticos y los procesos productivos con el mantenimiento, dentro de ciertos límites, del consumo energético y la emisión de gases de efecto invernadero (GEI).
  • Abordar los programas derivados de la EIE/C-20/30/50 y del PNACC, para conseguir llevar a la práctica las transformaciones precisas en los tiempos necesarios, constituye un enorme reto con medidas de envergadura en el plano político, jurídico, científico y económico, incluida la facultad de intervenir sobre los sectores energético y financiero, hoy en régimen de oligopolio. En ese marco, el papel de las administraciones públicas sería esencial y sería precisa una estrecha coordinación con una Unión Europea más beligerante, entre todas las instituciones y con el resto de los actores energéticos y económicos del país.



LOS TERRITORIOS, LAS CIUDADES Y LAS CIUDADANÍAS SON MUY IMPORTANTES

Ante la dimensión del desafío ecosocial, hay que mirar hacia los territorios y las ciudades, pues constituyen los espacios clave del metabolismo humano y concentran el potencial transformador de unas ciudadanías con capacidad de inducir profundos cambios éticos, culturales, políticos y socioeconómicos

Más allá de las visiones que, con escaso éxito, han centrado durante los últimos decenios los programas contra la crisis ecológica al margen de la información y el empoderamiento social, hay que recuperar la llamada de M. Strong, secretario general de la Cumbre de Río en 1992, cuando apuntaba que la “batalla” de la sostenibilidad finalmente se ganaría o perdería en las ciudades.

Los territorios constituyen espacios clave en los que establecer nuevos equilibrios existenciales entre los mundos urbanos, rurales y naturales así como nuevas relaciones de proximidad circular en el ámbito socioeconómico. A su vez, las ciudades no solo concentran la mitad de la población o más del 70% de la economía, el consumo energético y las emisiones que afectan al clima, sino, lo que es más importante, constituyen el espacio de acción de las ciudadanías en el que se inician y desarrollan los movimientos que acompañan los cambios de época.

España se ha convertido en un campo de experiencias de cambio sociopolítico del máximo interés ya que las movilizaciones de protesta del 15M impulsaron la repolitización de amplios sectores de la ciudadanía, muy especialmente de los/as jóvenes urbanos, que ha cambiado el panorama nacional y local. Así, han irrumpido nuevos partidos y plataformas que han conseguido gobernar en las principales ciudades españolas, incluyendo Madrid y Barcelona.

Lo cierto es que, hasta el momento y con mayor o menor acierto/dificultad, los nuevos gobiernos municipales se han centrado en mejorar el funcionamiento de los servicios urbanos, en recuperar la salud democrática y la transparencia de gobierno y en tratar de mantener/incrementar los programas sociales orientados a los sectores sociales más golpeados por la crisis.

Sin embargo, según expresa el texto de Ciudades en movimiento, más allá de las declaraciones públicas, las ciudades más avanzadas del país todavía distan mucho de convertirse en auténticas vanguardias a la hora de abordar programas para reducir drásticamente la huella ecológica, energética y de carbono a mediados de siglo lo que requeriría elaborar “Planes de ciudad 2025/30/50” contemplando diversos campos de acción:

  • Impulsar la reinserción en bioterritorios, la preservación del suelo y del modelo de ciudad compacto, diverso y próximo así como prestar una especial consideración hacia las ciudades más vulnerables por su ubicación en el litoral o en territorios especialmente castigados por el cambio climático.
  • Avanzar estructuralmente en la circularidad del metabolismo urbano para impulsar la metamorfosis de la ciudad hacia un bio-organismo capaz de optimizar la reutilización y revalorización de los recursos utilizados.
  • Apostar con criterio de excepcionalidad y urgencia en torno al ahorro, eficiencia y generación renovable de energía, para descarbonizar el universo urbano antes de mediados de siglo lo que, entre otras cuestiones, requiere reformular la movilidad urbana y las actividades económicas, así como la rehabilitación energética del parque edificado.
  • Estimular el sector de la “economía urbana plural”, social y solidaria que ofrezca nuevos servicios, empleo de proximidad y actúe con responsabilidad ecosocial.
  • Adaptar la trama, el espacio público y el paisaje urbano para proteger la habitabilidad ante las alteraciones inducida por el desafío climático en cada territorio y ciudad.

Ni que decir tiene que abordar esos planes de ciudad con fuerte presencia de la problemática ecosocial, constituye una tarea nada fácil que solo podrá hacerse invirtiendo mucho trabajo e inteligencia social en información, debate y propuestas con la ciudadanía.

HACIA CONSTITUCIONES CONGRUENTES CON EL CAMBIO DE ÉPOCA

La aspiración a llevar a cabo un proyecto constituyente de nueva generación resulta oportuna en términos de innovación de contenidos, incluyendo los ecosociales, y como concreción democrática de un nuevo pacto social de mayorías.

Las constituciones modernas en occidente se nutren de los pactos sociales de la posguerra y son relativamente avanzadas en lo social, pero ofrecen contenidos débiles, por su relativa transcendencia entonces, con relación a las cuestiones ambientales.

Por ello, la actualización constitucional representa una excelente oportunidad para debatir también sobre la necesidad de incorporar con fuerza la lucha contra el desbordamiento ecológico y sus relaciones con el ejercicio del poder democrático.

Ha llegado el final de la era de la disponibilidad de energía abundante y barata basada en los combustibles fósiles. Foto: Álvaro López.

Para fortalecer política y jurídicamente la cuestión del reto ecosocial, hay que considerar la necesidad de amparar constitucionalmente la corrección del déficit ecológico, la elaboración de Estrategias–País para alcanzar estadios ecológicos, energéticos y climáticos seguros a mediados de siglo y la posibilidad de establecer medidas excepcionales para ello:

  • Incorporar con sentido “fuerte”, como objetivos constitucionales, la reducción de la extralimitación ecológica, muy especialmente en relación a la cuestión energético-climática y la preservación ecológica de los sistemas naturales y los agroecosistemas.
  • Establecer Estrategias-País que, por la vía constitucional (o por su desarrollo legislativo) y articuladas con las competencias regionales/nacionales, actúen como instrumentos adecuados para alcanzar los objetivos necesarios, muy especialmente los relacionados con el binomio energía/clima, en los tiempos precisos.
  • Dotar a las instituciones democráticas de capacidades suficientes para establecer medidas excepcionales para disponer de recursos informativos, financieros, energéticos y otros imprescindibles para cumplir los objetivos constitucionales en materia ecológica, de participación social y de superación de las barreras oligopólicas en los sectores clave.
  • La renovación jurídico-política constitucional ha de favorecer la recreación de la arquitectura del poder, combinando, especialmente en las cuestiones estratégicas compartidas, el fortalecimiento de la democracia de proximidad y la coordinación de los ámbitos “país”, los regionales/nacionales y la esfera internacional, singularmente la Unión Europea.

RECONFIGURAR LOS IMAGINARIOS SOCIALES ES IMPRESCINDIBLE PARA POSIBILITAR EL CAMBIO

Es necesario reformular la movilidad urbana. Foto: Álvaro López.

La construcción de un imaginario social alternativo es fundamental para posibilitar el cambio ecosocial y, sin embargo, los valores centrados en la acumulación y el crecimiento ilimitado, el productivismo, el consumismo y el individualismo siguen siendo dominantes en el mundo y en España.

El llamado “poder blando”, el vector más eficaz de dominación psicosocial, se configura en torno al imaginario social como una “cosmovisión” de cada época que, en base a la preeminencia de ciertos valores, ofrece estabilidad en el seno de los distintos ciclos históricos y sistemas sociales.

La cosmovisión moderna y el capitalismo nacen en Europa en torno a los siglos XVI y XVII y se han ido integrando y adaptando a sus propias lógicas evolutivas, hasta su última reconfiguración en términos de: neoliberalismo financiarizado y global; de posmodernidad cultural en clave de “sociedad de los individuos”, “sociedad líquida”; de hiperliberalismo tecnológico –la Gran Singularidad– made in Silicon Valley; o de lo que el filósofo Byung-Chul Han describe en Psicopolítica (2014) como estadios psicológicos de sometimiento voluntario a las lógicas de dominación.

Afrontar un cambio de ciclo histórico como el que se viene encima requiere “deconstruir” y reconstruir democráticamente ciertos referentes culturales y trazar las nuevas cosmovisiones desde las que intentar encauzar el cambio ecosocial:

  • Informar sobre la realidad, del riesgo de crisis ecológico/climática de alcance civilizatorio y trasladar al imaginario colectivo que nos estamos jugando la vida. Es imprescindible relacionar la superación de la “Gran Recesión” y sus derivadas sociales con la necesidad de afrontar de inmediato los desafíos ecológicos. Pero nada de eso será posible sin avanzar en la renovación del pensamiento (viejos y nuevos saberes), en la elaboración de hojas de ruta alternativas, en la promoción/aprendizaje de nuevos contenidos y experiencias concretas y en el empoderamiento democrático de las ciudadanías.
  • Desmontar ciertos mitos que, como el crecimiento del PIB, la acumulación y el consumo ilimitados, están en el origen del desbordamiento de los sistemas vitales del planeta. Y, a la vez, reconstruir, con conciencia de especie y diversidad, nuevos paradigmas y valores favorables a la preservación de la vida, mostrando cómo el bienestar no se deriva del consumo material compulsivo, sino de disponer de bienes suficientes para poder desarrollar una buena vida más justa y espiritualmente más rica.
  • Profundizar en el concepto de biomímesis, en la necesidad de compatibilizar lo económico y lo social con el mundo natural, en recuperar un sentido ético de la tecnociencia y en la necesidad de instituir límites de impacto a las principales actividades y asentamientos humanos.

A MODO DE EPÍLOGO

Seamos lúcidos y por lo tanto ambiciosos; superemos la crisis con un Proyecto-País que afronte a fondo los desafíos ecológicos. Pongamos en el centro la vida.

Hay pocas dudas de que afrontamos un cambio de época y de que la sociedad española atraviesa una encrucijada histórica que está conmoviendo sus estructuras. Roto el pacto social, el futuro se escribirá en función de cuál sea el proyecto que prevalezca: el neoliberal que nos ha traído hasta aquí o el que pudiera alumbrarse desde un movimiento sociopolítico en respuesta a la amenaza de precarización social, democrática y de seguridad ecológica.

Y como la variable temporal se ha convertido en una cuestión central, el “cómo” se plantee la salida de la crisis actual se convierte en una cuestión esencial, ya que podríamos estar ante la última oportunidad para tratar reconducir las amenazas de colapso ecológico. La situación es paradójica y dramática. Porque impulsar, sin más, de forma indiscriminada un nuevo ciclo de crecimiento y alteración de los ecosistemas vitales podría acelerar procesos de degradación potencialmente devastadores para la humanidad.

Sabemos lo suficiente para comprender que hay que actuar ya. Pero no podemos ignorar que una apuesta firme para reducir la huella ecológica y de carbono en los tiempos apuntados requiere movilizar los mejores recursos políticos, humanos y económicos disponibles. Afrontamos pues un enorme reto de información y debate social que empodere a las mayorías sociales para que puedan reconocer los desafíos existentes y exigir y respaldar las acciones institucionales precisas para impulsar democráticamente las estrategias de cambio necesarias.