Monumento al Labrador

¡Nuestro Labrador ha vuelto!

Como el primo de la Abuela Eustaquia que se fue a hacer las américas hace 60 años; como el rebollón de otoño entre los pinos; como el chicle de los chupa-chups Koyac; como un billete de cinco euros doblado en el fondo del bolsillo… Va, sin hacer ruido, y aparece. Él también. Sí traguistas, nuestro Labrador ha vuelto.

La semana pasada acudió Eliseo Salvador, “El Pelao”, que encargara la obra en 1999, para proceder a su re-inauguración en su nueva ubicación, la Plaza Mayor del Arrabal (por si no os acordáis antes estaba en la “difunta” Plaza del Mercado o Domingo Gascón). Eliseo, a sus 101 años, mostró que mantiene aún esa ilusión por el regalo que nos hizo a todos los arrabaleros, a todos los traguistas y a todos los turolenes, porque en palabras de “El pelao”: “todos somos labradores”.

En todo este tiempo de ausencia, no hemos tenido muy claro si nuestro Labrador se fue por no ver lo que tenemos que estar viendo nosotros o “le fueron”. Pero hoy, y después de unos años de exilio, ha vuelto a ocupar su lugar en Teruel. Sí, en Teruel, porque de nuestros corazones vaquilleros no se llegó a ir nunca; especialmente cuando volvíamos al local tras la puesta del pañuelico pensando en que algo nos faltaba.

Y como todo, cuando vuelve, vuelve a sus orígenes, al Arrabal. Allí lo encontraremos ahora. Con sus pantalones remangados, su boina calada para evitar el sol de la tarde, la azada al hombro dispuesta para la faena, y la mirada al horizonte buscando la lluvia que moje el terruño. Eso sí, siempre en silencio. Me da que no querrá contarnos nada de su última escapada. Ha debido ser muy triste.

Alegrémonos de su vuelta. De que esté aquí con nosotros otra vez, y podamos reencontrarnos con él esta Vaquilla que pronto llegará. Estoy seguro de que el próximo 6 de julio, cuando volvamos a hacerle una visita para ponerle su pañuelico, esbozará media sonrisa de bronce para decir algo así como… “no sabéis dónde me han metido”.


"Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado." Lucas, 15, 1-3.11-32. Parábola del Hijo Pródigo