INTRODUCCIÓN:
Cuando hablamos de «huella emocional» nos referimos a los cambios psicológicos que se producen a raíz de experiencias de vida que son emocionalmente significativas.
Esas huellas emocionales pueden ser tanto positivas como negativas, pero siempre moldean o alteran nuestra forma de percibir el mundo, de relacionarnos con los otros o con nosotros mismos. Son «significativas» porque tienen un impacto duradero en nuestra forma de pensar, sentir y actuar.
Las huellas emocionales, pueden influir en la forma en que reaccionamos ante determinadas situaciones.
DESARROLLO DE LA ACTIVIDAD:
1.- Lectura y reflexión:
HUELLAS
El viento borra las huellas de las gaviotas
La lluvia borra las huellas de los pasos humanos
El sol borra las huellas del tiempo
Los cuentacuentos buscan las huellas de la memoria perdida, el amor y el dolor, que no se ven, pero no se borran.
Eduardo Galeano
Las palabras no se las lleva el viento, algunas dejan huella, una muy profunda en las personas que nos rodean.
y tú, ¿qué huella dejas?
Martín puso unas pocas cosas en su mochila y partió en dirección al monte. Le habían contado del silencio de la cima y de cómo la vista del valle fértil ayudaba a poner en orden los pensamientos de quien hasta allí llegaba.
En el punto más alto del monte giró para mirar su ciudad quizás por última vez. Atardecía y el poblado se veía hermoso desde allí.
– “Por una moneda te alquilo el catalejo”, le sorprendió una voz.
Era la de un viejo que apareció desde la nada con un pequeño telescopio plegable entre sus manos, que ahora le ofrecía con una mano mientras con la otra, tendida hacia arriba, reclamaba su moneda.
Martín encontró en su bolsillo la moneda buscada y se la dio al viejo, que desplegó el catalejo y se lo alcanzó.
Después de un rato de mirar consiguió ubicar su barrio, la plaza y hasta la escuela frente a ella. Algo le llamó la atención. Un punto dorado brillaba intensamente en el patio del antiguo edificio. Martín separó sus ojos del lente, parpadeó algunas veces y volvió a mirar. El punto dorado seguía allí.
– “¡Qué raro!”, exclamó Martín sin darse cuenta de que hablaba en voz alta.
-“¿Qué es lo raro?”, preguntó el viejo.
– “El punto brillante”, dijo Martín, “ahí en el patio de la escuela”.
-“Son huellas”, dijo el anciano.
– “¿Qué huellas?”, preguntó Martín.
– “¿Te acuerdas de aquel día…? Debías tener siete años; tu amigo de la infancia, Javier, lloraba desconsolado en ese patio de la escuela. Su madre le había dado unas monedas para comprar un lápiz para el primer día de clases. Él había perdido el dinero y lloraba a mares”, contestó el viejo.
Y después de una pausa siguió:
– “¿Te acuerdas de lo que hiciste? Tenías un lápiz nuevecito que estrenarías ese día. Te arrimaste al portón de entrada y cortaste el lápiz en dos partes iguales, sacaste punta a la mitad cortada y le diste el nuevo lápiz a Javier.”
– “No me acordaba”, dijo Martín. “Pero eso ¿qué tiene que ver con el punto brillante?”
– “Javier nunca olvidó ese gesto y ese recuerdo se volvió importante en su vida.”
– “¿Y?”
– “Hay acciones en la vida de uno que dejan huellas en la vida de otros”, explicó el viejo, “las acciones que contribuyen al desarrollo de los demás quedan marcadas como huellas doradas.”
Volvió a mirar por el telescopio y vio otro punto brillante en la vereda a la salida del colegio.
– “Ese es el día que saliste a defender a Pancho, ¿te acuerdas? Volviste a casa con un ojo morado y un bolsillo del guardapolvo arrancado.”
Martín miraba la ciudad.
– “Ese que está ahí en el centro”, siguió el viejo, “es el trabajo que le conseguiste a Don Pedro cuando lo despidieron de la fábrica…y el otro, el de la derecha, es la huella de aquella vez que juntaste el dinero que hacía falta para la operación del hijo de Ramírez… las huellas esas que salen a la izquierda son de cuando volviste del viaje porque la madre de tu amigo Juan había muerto y quisiste estar con él.”
Apartó la vista del telescopio y, sin necesidad de él, empezó a ver cómo miles de puntos dorados aparecían desparramados por toda la ciudad. Al terminar de ocultarse el sol, todo el pueblo parecía iluminado por sus huellas doradas”.
Las huellas doradas, Jorge Bucay
Reflexión:
¿Os imagináis lo que sintió Martín al echar la vista atrás? ¿Qué es lo que sentís vosotros cuando os paráis a reflexionar sobre vuestro camino? Y, ¿qué es lo que sentirán los demás que habéis dejado?
2.- Dejando huellas
Las huellas dactilares son impresiones únicas formadas por crestas y surcos en la yema de los dedos. Son inalterables, permanentes y exclusivas de cada persona. En este sentido las huellas que dejamos en todo lo que tocamos, son huellas únicas. Igual ocurre con la huella emocional que dejamos. Es una huella única.
Pensamos:
¿Qué huella estoy dejando en los demás?¿Cómo puedo dejar huellas positivas?
A veces es difícil darnos cuenta de las huellas que dejamos pero podemos hablar con otros y analizarlas.
¿Qué huella dejo en los demás?
En compañía de otro/a voy a pensar en una situación en la que dejé una huella positiva en él o ella. Después rellenaremos una cartulina en la que de forma anónima contaremos cual es esa huella. Por último formaremos un corazón con nuestras huellas dactilares que nos recuerden cómo influimos y modificamos la esencia de los demás.
ALUMNOS PARTICIPANTES:
1º a 4º de ESO
PROFESORES PARTICIPANTES:
Lorena Nuñez Conchudo
Lara Escobar Gallardo
Carolina de la Cruz Perera