Sobre el tejado
Las alumnas salieron de clase corriendo. Salieron al huerto, pero no vieron nada que les llamara la atención. Dieron vueltas y más vueltas. Para nada. A una de ellas se le ocurrió buscar por el centro, y allí corrieron, pero por mucho que preguntaron (a alumnado y a profesores) no encontraron nada. Hasta que a otra se le ocurrió, y subieron al tejado.
Detrás de ti
—¡Detrás de ti! —le dijo el policía.
—No voy a caer en ese truco —respondió el ladrón, con sorna, sacando su arma.
—De verdad, no es ningún truco, solo quiero ayudar.
—¿Después de perseguirme por toda la ciudad? —preguntó el ladrón—. ¿Después de colgar carteles con mi cara? ¿De jurar que ibas a atraparme?
—Soy un policía, sí, pero ante todo soy humano. Y ahora mismo necesitas ayuda, yo solo quiero proporcionártela —dijo el policía.
El ladrón pareció creerlo, aunque fuera solo por un segundo.
—Quiero ayudar —insistió el policía.
El ladrón se giró, y miró detrás de él. No había nada.
El policía, aprovechando el momento, le dio con la porra en la cabeza.
—Quiero ayudar a que te reinsertes.
Bajo el rosal
En el huerto del centro, en la parte vallada, hay un rosal enorme. Hace unos meses solo se veía verde, pero ahora se pueden ver flores: las hay chicas y las hay más grandes. Además, las hay de todos los colores: va desde el blanco más puro hasta el rosa intenso, pasando por el rosa pálido, el magenta… Algunas de las flores se han ido secando, pero otras están frescas y lozanas como un niño de primaria. Sin embargo, lo interesante de este magnífico rosal no está encima, sino debajo…