Miedo escénico

Existen dos causas fundamentales que inciden en que se acreciente el miedo en un orador o debatiente: la ignorancia y la inseguridad. La ignorancia se combate con una preparación adecuada, documentándose en profundidad sobre el tema a debatir. La inseguridad hay que afrontarla mediante técnicas de autocontrol que ayuden a mejorar la concentración en uno mismo.

Por otro lado, un pequeño temor, controlado, ante la situación de enfrentarse a un público, pone en alerta los reflejos, siendo incluso saludable ya que ayuda a evitar una excesiva relajación. Es nuestro estímulo natural. Una vez asumido que ese nerviosismo inicial es inevitable, lo que hay que evitar es que resulte exagerado, manteniéndose a lo largo de toda la intervención y provocando un bloqueo en el orador.

Consejos para controlar el miedo escénico antes del debate

  • Reducir al mínimo la incertidumbre: conocer el público, familiarizarse con el lugar y los medios a usar
  • Preparación: hay que dedicar tiempo a la preparación del debate.
  • Entrenamiento y práctica: es evidente que a mayor número de intervenciones en público mayor será el hábito adquirido, permitiendo la experiencia, ser realistas en cuanto a las posibilidades y limitaciones personales.
  • Análisis racional del miedo: analizar realmente a qué tenemos miedo; tenemos miedo a quedarnos en blanco, a las críticas, al fracaso, a no poder articular palabra, a gesticular en exceso, etc. Por lo general el orador piensa que las reacciones físicas que experimenta son captadas por el público que lo está escuchando. Cree que perciben su temblor de piernas, sus palpitaciones, la sequedad de garganta, etc. Sin embargo, estos detalles, suelen pasar desapercibidos. En el hipotético caso de que fuesen muy evidentes, el público los suele aceptar como algo natural, propio de la situación a la que se está enfrentando el orador, al que, en la mayoría de casos, admira por el simple hecho de ser capaz de enfrentarse a un auditorio.

Consejos para controlar el miedo escénico en el momento del debate

  • Relajación: (cuando queden algunos minutos para el comienzo del debate) es aconsejable seguir técnicas de relajación antes de un debate para ganar en seguridad y confianza.
  • Control y relajación mental:
    • Sustituir ideas: detrás de cada emoción negativa (nervios, malestar, inseguridad) hay una idea negativa (no puedo, se van a reír de mí, mi aspecto es horrible)
    • Pensamiento positivo: al igual que la ansiedad es contagiosa, una emoción positiva también lo es. Muchos autores sostienen que adoptar una actitud positiva continua ayuda a controlar el estrés.
  • Inicio y conclusión de la intervención: Llevar preparado de forma exhaustiva el comienzo ayuda a vencer los nervios en los momentos iniciales, estableciendo así una línea de sosiego que podrá continuarse a lo largo del debate. Hay que procurar acercarse tranquilo y relajado al auditorio, mostrarse concentrado. No se debe comenzar a hablar hasta que tanto el jurado como el público de la sala está en silencio y expectante, evitando así interferencias en la concentración. Para eso se debe guardar un silencio inicial de varios segundos que, además, nos va a permitir respirar hondo, relajarnos y establecer contacto visual con todo el auditorio. Del mismo modo, una conclusión reposada, bien sintetizada y ordenada dejará en el público y jurado sensación de firmeza, seguridad y control.
  • Esquema mental claro: en un debate el objetivo fundamental es convencer a través de argumentos que avalen la tesis defendida, por lo tanto, nunca se debe perder de vista el objetivo que se persigue, es decir, hay que huir de cuestiones como: desviarse del tema, decirlo todo de golpe o reiterar un mismo argumento una y otra vez, ya que, denotará un empobrecimiento de recursos y hará que progresivamente vaya aumentando el estado nervioso al verse incapaz de reconducir o clarificar el tema en cuestión.