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El té de la abuela
M.C. Alejandra Aguirre Crespo y Dr. Francisco Javier Aguirre Crespo.
En muchas familias, el rol que desempeñan los abuelos o las abuelas contribuye a las prácticas de cuidado familiar; de hecho, son un baluarte de relevancia social. Los abuelos son integrantes activos en la crianza y en el cuidado de los nietos, más aún con la participación de las madres en el campo laboral. Por ello, los abuelos son el nicho de convivencia entre las diferentes generaciones.
En la interacción que tenemos con nuestros abuelos o abuelas se transmiten alegrías, miedos, éxitos, fracasos, preocupaciones, enfermedades y otros sucesos cotidianos. Las abuelas, en su papel histórico de cuidadoras y con su conocimiento empírico[1], derrochan “el cuidado por el otro” y nos proporcionan su atención, tiempo, paciencia y, por supuesto, alguna que otra bebida que nos sana el cuerpo y el alma cuando nos sentimos mal.
Con nuestra abuela, la magia empezaba con la frase: —Te voy a preparar un tecito, y verás que pronto te sentirás mejor. Mientras nos acomodamos en su mesa o sofá, ella indaga por su cocina. Del horno de la estufa saca la ollita de peltre para preparar su bebida, busca en su alacena la manzanilla (Matricaria chamomilla L.), canela (Cinnamomum verum J. Presl), hierbabuena (Mentha spicata L.) u otra hierba envuelta en una bolsa plástica o de papel; o nos dice: —Anda, tráete una ramita de epazote (Dysphania ambrosioides (L.) Mosyakin & Clemants), romero (Salvia rosmarinus Spenn.), cedrón (Aloysia citrodora Paláu) u otra hierba del jardín. Nos escucha, nos busca la mirada, nos da un comentario e inicia la preparación cuando vierte agua en la ollita y agrega la rama, las hojas, la corteza o las flores, según sea la planta medicinal que haya decidido utilizar. Enciende el quemador y poco a poco se percibe el hervor, poco después los aromas y las fragancias; vigila la preparación y la mantiene bajo fuego hasta que adquiere ese color que le indica cuando el brebaje está listo.
Pero, por la forma de elaboración, la abuela no nos preparó un té, nos preparó una decocción[2], un cocimiento o sancochado, como se conoce en el sureste de México. En la preparación de un té o infusión, se utiliza un filtro o infusor para té (de papel o plástico, desechable o reutilizable e incluso metálico) que contiene el material vegetal (la planta medicinal), y el cual se coloca en alguna tacita, a la que se le vierte el agua hirviendo y ahí se atempera. El té es una preparación que favorece una extracción suave de los componentes químicos de las plantas, de aquellos que son solubles en agua; por ello los colores, aromas, sabores y efectos son menos intensos en comparación con una decocción, es decir, una preparación que conlleva un periodo de tiempo en el cual el material vegetal está en agua a punto de ebullición o hervor. Esta situación favorece una mayor extracción y, eventualmente, la potencial transformación química de ciertas moléculas contenidas en la planta medicinal.
El tiempo y la temperatura desempeñan un rol importante en la solubilidad de los componentes químicos de las plantas, así como en su degradación; de hecho, son factores que requieren control en la elaboración de las preparaciones tradicionales de las plantas medicinales. En la Figura 1 (ver PDF) se muestran las diferencias en la relación tiempo-temperatura de los procesos de extracción por decocción e infusión, respectivamente.
Hoy en día es muy común encontrar una amplia oferta comercial de plantas medicinales que se utilizan en forma de infusión; diversos establecimientos brindan a los comensales infusiones de hierbas, solas o combinadas, algunas de ellas famosas, otras de importación, con nombres exóticos, entre otras características rimbombantes… pero, bajo la experiencia personal, sin el toque artesanal y el misticismo del “té” que nos preparaba la abuela.
Aun con la nostalgia por el “té” de la abuela, es importante ampliar nuestra información y conocimiento sobre las plantas medicinales que utilizamos y, de igual manera, sobre sus formas de elaboración; más aún cuando una gran parte de la población utiliza una gran variedad de plantas medicinales de manera conjunta con los medicamentos, lo que podría ocasionar efectos secundarios.
La abuela no conoció los tecnicismos aplicados a la preparación de un té, pero entre decocciones, cocimientos o sancochados, infusiones, maceraciones[3], digestiones[4], percolaciones[5] y otras metodologías artesanales utilizadas en su cocina, logró apapacharnos… y también nos elaboró un buen brebaje que brindó pausa, tranquilidad, reflexión y certidumbre a los momentos dulces o amargos que compartimos con ella. Mi abuelita ya no está, pero sí su legado: la ollita en la cual preparaba el “té” está en una elegante, hermosa y próspera cocina, está en buenas manos y continúa con la función de preparar una decocción o una infusión, según la decisión y la experiencia de la compañera, comadre, amiga, hermana, madre, esposa y potencial futura abuela.
[1] Conocimiento que se adquiere a través de la experiencia, sin la necesidad de un análisis científico.
[2] Método de extracción discontinua que se caracteriza por sumergir el material vegetal en el disolvente (agua en este caso) y se somete a ebullición por un tiempo determinado, favoreciendo la extracción de los componentes químicos.
[3] Método de extracción discontinua que se caracteriza por sumergir el material vegetal en agua (o en una mezcla hidroalcohólica) a temperatura ambiente por un tiempo determinado.
[4] Método similar a la maceración, sin embargo, se emplean temperaturas entre los 37 °C y 45 °C.
[5] Método de extracción continua que puede desarrollarse en un colador con agua a temperatura ambiente o caliente, el goteo desde la parte superior moja el material vegetal y en la parte inferior se colecta el líquido.
Para más información consulte:
Triadó C., Villar F., Solé C., Celdrán M., Pinazo S., Conde L. (2009). Los abuelos/as cuidadores de sus nietos: percepción de ayudas recibidas, conductas problemáticas de los nietos y satisfacción con el rol. INFAD. 3(1), 497–505. https://www.redalyc.org/pdf/3498/349832322055.pdf
Kuklinski C. (2003). Farmacognosia: estudio de las drogas y sustancias medicamentosas de origen natural. Editorial Omega. Madrid-España. ISBN 842-821-1914.
García-Rodríguez R.V., Gallardo-Beatriz L.S. (2024). El uso tradicional de las plantas medicinales, ¿tiene sustento científico? Ciencia. 75(4), 28–35. https://www.revistaciencia.amc.edu.mx/images/revista/75_4/PDF/06_75_4_1464.pdf
M.C. Alejandra Aguirre Crespo I Escuela Internacional de Medicina, Universidad
Anáhuac, Cancún, México.
Dr. Francisco Javier Aguirre Crespo I Facultad de Ciencias Químico-Biológicas, Universidad Autónoma de Campeche, México.
Fecha de publicación en línea: 27 de noviembre, 2025.
Citar este artículo como:
Aguirre C.A., Aguirre C.F.J. (2025). El té de la abuela. Ciencia Cakotanú. 6(S1), x-x. También disponible en: https://www.cienciacakotanu.com/contenido/artículos/v6s1-2025/el-té-de-la-abuela