LOS COMIENZOS DEL COLEGIO MEDALLA MILAGROSA ”EL VIGÍA”
Fue a finales del siglo XIX, cuando el comandante del ejército inglés, D. George Langworthy (más tarde conocido en Torremolinos por “El Inglés”) y su esposa Annie Margaret, enamorados del paisaje y clima de nuestro pueblo, deciden abandonar las brumas inglesas y afincarse en un antiguo fuerte militar, construido en la zona más elevada de nuestra costa torremolinense.
Esta singular vivienda, no estaba ni mucho menos acomodada para tan ilustres moradores, pero al cabo de unos años y con la ayuda de muchos trabajadores del pueblo, que ya formaban parte de su nómina, logró trasformar el cuartel en una lujosa residencia llamada ”El Castillo de Santa Clara”.
Poco duró la felicidad del matrimonio Langworthy porque en 1913, tras una penosa enfermedad, muere Annie Margaret. A este duro golpe para George se unió otro: el estallido de la Primera Guerra Mundial y su obligada incorporación a filas. Su mente no lo soporta y la Corona inglesa lo envía a casa. de nuevo a Torremolinos.
El Sr.Langworthy sumido en un dolor romántico de pérdida…por su esposa…sus funciones militares…decide comenzar otra” batalla”, pero esta vez no violenta, sino a través del amor y la generosidad.
Protestante y buen conocedor de la Biblia cree que no podrá conseguir la Gloria si no es a través de la entrega material y espiritual de lo que posee…de si mismo, y es en su propia casa donde encuentra el mejor sitio para comenzar a ejercer su apostolado.
Todo aquel que llegaba a su casa encontraba mesa, ropa limpia y una peseta para paliar sus posibles necesidades. Pero también le transmitía el mensaje de fe (cristiana-protestante) que contenía su doctrina. La generosidad del ”Inglés” alcanzó tal fama, que cada día se formaban largas colas de vecinos de Torremolinos a las puertas de su casa, para recibir el regalo del filántropo, que dilapidó así su fortuna entre sus convecinos, en no muchos años.
Pero he aquí que en la finca “EL Vigía”, colindante con el Castillo de S.Clara, vivía la familia de D. Juan Heredia y Dª Luisa Huelin, personas cristianas y católicas, que vieron en la actitud de Langworthy algo más que simple generosidad.
Torremolinos por aquel entonces era un pueblo de pescadores muy pobre, su gente era sencilla y humilde pero inculta. La fe en la que se bautizaron era débil, mal alimentada, y se desmoronaba fácilmente ante las espléndidas donaciones del”Inglés”, ya que éste les exigía por su parte, una participación en sus catequesis formativas.
Algo había que hacer, sin menospreciar la labor social de Langworthy, para contrarrestar las influencias protestantes, que empezaban a anidar en algunos corazones de los habitantes de Torremolinos, porque en otras mentes también nacía la preocupación por el rumbo que podía tomar la orientación confesional de los torremolinenses.
Este fue el motivo que llevo a D. Juan y Dª Luisa a tomar la decisión que daría lugar al nacimiento de nuestro colegio: venderían su propiedad, aunque por un precio simbólico (10.000 pts.), a una institución religiosa católica, con una única condición: en esa casa se impartirían clases de formación en la Religión Católica.
El matrimonio expuso la idea a Sor Emilia Heredia, prima de D.Juan y Visitadora de la Compañía de Hijas de la Caridad. Estas aceptaron la fundación y formalizaron, ante notario, el contrato de compraventa el día 8 de octubre del año 1930, según consta en las escrituras de venta.
Para las Hijas de la Caridad fue una gran alegría y responsabilidad el crear en Torremolinos un centro de formación cristiana, con el Carisma de S. Vicente de Paúl y Sta .Luisa de Marillac, sus fundadores.
Se constituye la primera comunidad con tres Hermanas, dirigidas por Sor Aliaga. Deciden llamarlo Colegio de la Medalla Milagrosa, en honor a la bonita historia de Sta.Catalina y su entrevista con la Virgen, en la Casa Madre de París, el 27 de Noviembre de 1830, aunque por su enclave, todos lo llamaban “El Vigía”. Cariñosamente, aún hoy, lo llaman “el colegio de las Monjas”
Numerosas familias acogieron a las Hermanas con cariño y agradecimiento por la labor que ya empezaban a realizar, y pusieron en sus manos la formación de niños y adolescentes. Esta formación no se limitaría solo a la enseñanza de la religión católica sino, como hoy en día, a una formación integral de la persona.
Un hecho trascendente en la historia de España, hace que las Hermanas tengan que abandonar la casa y el pueblo de Torremolinos: el estallido de la Guerra Civil en 1936. Pero con la entrada de las Fuerzas Nacionales, se vuelve a constituir la Comunidad de las Hijas de la Caridad.
Desde entonces las hermanas, siguiendo las reglas que marcan sus estatutos y Constituciones han ido yendo y viniendo a esta Comunidad, según los destinos que les marca la Hermana Visitadora.
En lo que se refiere al espacio físico del colegio, merece la pena hacer un recorrido por todos los cambios acontecidos desde que las Hijas de la Caridad llegaron a la casa de los Heredia.
En los primeros años de funcionamiento del colegio, las clases se impartían en las habitaciones de la casa. Estas eran suficientemente amplias para albergar al número de alumnos que por entonces asistían. Las materias que se enseñaban eran las necesarias para tener una preparación básica para desenvolverse en la vida de esa época: Historia Sagrada, Lectura, Escritura, las cuatro reglas Matemáticas, Historia y Geografía de España. Para las niñas era imprescindible la costura, y las tardes las dedicaban a esa labor. Cantaban y formaban un coro, que actuaba sobre todo en las festividades da la Virgen.
Se estudiaba el Catecismo, y se preparaban para recibir los Sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía. Ni que decir tiene que todas estas enseñanzas, estaban envueltas por el carisma Cristiano Vicenciano que las Hermanas se encargaban de transmitir.
A pesar de la amplitud de la casa, poco a poco los espacios se iban quedando pequeños, porque el número de alumnos iba creciendo considerablemente. Por ese motivo, ya desde los comienzos se empiezan a realizar las primeras reformas.
Los tiempos iban cambiando, las exigencias en los planes de estudio también. Se ve la necesidad de dar a los alumnos una preparación académica superior a la que hasta entonces se les había dado, y en 1962 comienza la primera promoción de Bachillerato Elemental, con exámenes libres.
Las aulas requeridas para tales niveles educativos, no existían y había que crearlas .¿Merecería la pena?.
Hasta ese momento en Torremolinos no existía ningún centro donde cursar estudios superiores a la Formación Primaria, y aunque las familias lo demandaban, nadie estaba seguro de que hubiese el número de alumnos suficiente para sostener un colegio de Bachillerato.
Había que hacer un gran esfuerzo económico para construir un Centro Educativo, con todo lo que esto requería, y luego mantenerlo. Pero se apostó por ello. Empezaron las obras. La antigua casa se derribó, y allí se creó el espacio para la edificación del nuevo Colegio M. Milagrosa, que se inauguró en 1970. Esta vez con la primera promoción de Bachiller Superior.
Desde sus orígenes el colegio ha sido sostenido económicamente por las Hijas de la Caridad. Durante muchos años los únicos ingresos de las Hermanas los producían la fértil huerta y la venta de chirimoyas y nueces. Dicha huerta y frutales eran atendidos por un “medianero”, vendiendo él mismo, en presencia de una Hermana, los productos, repartiéndose “a medias” entre él y la Comunidad, el importe de los mismos. Contribuía también al sostenimiento del colegio el fruto de unos bancales que daban al mar, que se vendieron cuando hubo de construirse el nuevo colegio y en donde, en la actualidad, se ubica una plaza pública con un mirador.
Parte de la finca “El Vigía” fue expropiada, para construir la actual calle Manuel Blasco y otra fue utilizada para construir la Residencia Marillac.
Las familias de los alumnos que podían hacerlo, contribuían al mantenimiento económico del colegio, participando en el pago de las clases, aunque a otras muchas se les otorgaba la gratuidad viendo su necesidad. Esta situación se dio hasta el año 1989 en el que el Colegio M. Milagrosa fue concertado con la Junta de Andalucía como centro educativo de Educación General Básica y posteriormente en el año 1996 este concierto fue modificado para obtener el concierto de Educación Primaria y Secundaria.
Con el paso del tiempo, el colegio ha ido creciendo en número de alumnos y en número de profesores. Se ha ido adaptando a los múltiples cambios en los planes de estudios dictados por el M.E.C. a las nuevas necesidades educativas, a los cambios sociales y a las nuevas culturas; y aunque en numerosas ocasiones se pensó, aprovechando su magnífica situación, en usar el edificio para colonias y retiros de hermanas, no se podía olvidar el verdadero motivo de su existencia. Y es que algo había permanecido y permanecerá: ser un centro de formación cristiana y católica para niños y jóvenes.
Fruto de esta formación, y orgullo para el centro, han sido las vocaciones que han surgido del Colegio M. Milagrosa: D.José Fenoe, antiguo párroco de un pueblo de la zona, Sor Asunción Navas, Sor Catalina García de la Serna, Sor Rosa Mª García Palomo, Sor Josefa García Palomo, Sor Ana María Balbuena.
Así mismo supone una gran alegría y satisfacción para el colegio, el recordar a los cientos de jóvenes que a lo largo de más de setenta años se han formado en sus aulas, y que fueron o son en la actualidad excelentes profesionales en todas las ramas del saber. Algunos de ellos han destacado brillantemente en sus carreras, recibiendo incluso menciones de honor y reconocimiento por parte de distintos estamentos.
Otros muchos han formado muy buenas familias, ofreciéndoles a sus hijos la misma oportunidad que ellos tuvieron al formarse en este centro, y hoy seguimos recibiendo en el colegio a los hijos y nietos de los antiguos alumnos.
Varias generaciones han pasado por esta casa. Algunos de los que aquí se formaron, hoy enseñan lo que aquí aprendieron. Son muchos de nuestros profesores.
Tanto Torremolinos como el Colegio han recibido, desde hace décadas, a multitud de extranjeros y españoles de todos los puntos de nuestra geografía, acogiéndolos al momento como si de algo nuestro se tratara.
Así es como cerramos el círculo iniciado con George Langworthy, que de alguna manera fue la causa de que naciera nuestro Centro. Circunstancia que queda patente hoy en día, ya que el COLEGIO MEDALLA MILAGROSA se halla situado en la calle “Castillo del Inglés”.