Fragmentos
Las obras expuestas son producto de la búsqueda en diferentes campos, el principal sin duda el arte popular y, en particular, la pintura sobre cerámica de la región de Tlaquepaque y Tonalá (Jalisco) de la primera mitad del siglo XX, que son parte esencial de la “Escuela Mexicana de Arte popular”. Este término hace un símil con la escuela de pintura de la misma época con la que comparte la celebración de la identidad nacional en el periodo de la posrevolución.
Atraído por esta iconografía, Carlos Márquez toma elementos aislados y reproduce figuras delineadas en negro con trazos fluidos y continuos en diferentes grosores, que muestran el dominio de la mano que las traza, y construye elementos ornamentales de gran belleza y espontaneidad. Así, diferenciadas del fondo plano por suaves matices y transparencias, las obras pueden verse como una unidad constituida por las distintas convergencias en esta etapa de su trabajo.
El autor incorpora también fragmentos de figuras humanas, semejantes a la estatuaria greco-romana, que aparecen como representadas como si de algún códice o pintura mural prehispánica se tratara y muestra parte del colorido de una paleta reducida, tal como se aprecia en los diferentes vestigios pictóricos que se han conservado.
Referencias clásicas y precortesianas, flores y aves, trozos de cuerpos, pueden testimoniar, si los leemos con atención, las luces y las sombras de toda cultura.
Ernesto Sosa