Queridas familias
Durante todo este curso escolar hemos ido recorriendo un camino que, aunque virtual, no ha sido menos intenso en el crecimiento de nuestra fe y en la admiración por la vida de Jesús.
Empezábamos el año litúrgico con el anuncio a una mujer de Nazaret y en él descubrimos a Dios como Padre. Celebramos el nacimiento de un niño en Belén y cómo fue descubriendo su misión, Dios como hombre, hasta que fue traicionado.
El domingo pasado celebramos la fiesta de Pentecostés y experimentamos a Dios como Espíritu Santo.
Hoy, día de La Santísima Trinidad, unimos nuestra celebración en un solo sentir que nos llevará a un mismo camino: el Amor.
Los once discípulos fueron a Galilea al monte donde Jesús los había citado.
Al verlo se postraron ante él, los mismos que habían dudado.
Jesús se acercó y les habló así:
- Se me ha dado plena autoridad en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todas las naciones, bautizadlos para vincularlos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo y enseñadles a guardar todo lo que os mandé; mirad que yo estoy con vosotros cada día, hasta el fin de esta edad.
La mejor manera de creer en el Dios trinitario no es tratar de entender las explicaciones de los teólogos, sino seguir los pasos de Jesús, que vivió como Hijo querido de un Dios Padre y que, movido por su Espíritu, se dedicó a hacer un mundo más amable para todos.
José Antonio Pagola
El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana.
Con la Señal de la Cruz los cristianos invocamos a la Santísima Trinidad: en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Pedimos que nos acompañe y esté presente en todo lo que realizamos.
De niños nos explicaban el misterio de la Santísima Trinidad con un ejemplo: una jarra llena de agua representaba a Dios. Vertían su contenido en tres vasos vacíos que representaban al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo y nos explicaban que los tres podían obrar juntos o separados pero siempre están unidos; a continuación se volvía a llenar la jarra con los vasos: en ningún momento había límite en la jarra, no se veía dónde empezaba o acababa cada persona de la Santísima Trinidad,... quién era quién.
Pues así es la Santísima Trinidad, una unión de puro amor.
A veces intento buscar explicación a todo misterio, saber el por qué, el cuándo, el para qué, el por quién... y solo me hace sentir más pequeña, con más dudas y menos fe.
Entonces llega a mis manos una cita de Juan Ramón Jiménez:
No corras. Ve despacio,
que donde tienes que ir
es a ti mismo...
Y es que es verdad, es más fácil y certero buscar y sentir el misterio de Dios en el interior de cada uno.
¡Feliz día del Misterio!
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