La incorporación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en los procesos educativos, abre un abanico de posibilidades y horizontes para ofrecer modelos educativos en los cuales las tecnologías pueden ser concebidas como apoyo o complemento a la educación presencial, lo cual puede traer consigo la oportunidad de proponer otras metodologías de enseñanza, potenciar diversas modalidades de aprendizaje, estructurar nuevos sistemas organizacionales, ofrecer gran diversidad de recursos para enriquecer los procesos de enseñanza y aprendizaje y lograr innovaciones en la práctica educativa de los docentes, entre otros.
Son precisamente estas potencialidades de transformación, las que han llevado a algunos gobiernos (Nut, 2010, Johnson, Calvert y Raggert, 2009) a invertir en infraestructura, equipos y conectividad para mejorar la calidad de la educación. Sin embargo, no hay pruebas de que esta inversión haya logrado que efectivamente se incorporen las TIC a los procesos de enseñanza o que tal incorporación haya transformado de manera significativa dichos procesos (Area, 2005, 2010; Coll, 2008, Tondeur, Van Braak, Valcke, 2008; Balanskat,, Blamire y Kefala, 2007). Específicamente en el contexto colombiano los Ministerios de Educación Nacional y de las Tecnologías y Comunicaciones han realizado inversiones en infraestructura y formación docente (por ejemplo, Computadores para Educar, Contenidos para Educar, Experiencias Significativas TIC), con resultados similares; en este sentido, Parra, Gómez & Pintor (2015) plantean que si bien los docentes y estudiantes reconocen los beneficios de las TIC, el nivel de competencia y capacitación para usarlas en el aula es insuficiente, además su incorporación en los procesos de enseñanza genera resistencia y rechazo, porque implica diseñar nuevas actividades que involucren el uso de las herramientas tecnológicas y repensar los aspectos didácticos de la enseñanza.
Efectivamente, para lograr transformar e innovar las prácticas de enseñanza y aprendizaje, se requiere de propuestas pedagógicas y didácticas, que posibiliten trascender concepciones en las cuales sólo se utilizan las TIC para replicar modelos tradicionales (Coll, 2008, 2009; Tobón et al., 2010). De hecho, investigaciones como la de Coll, Mauri y Onrubia (2008) evidencian que los usos reales de las TIC al parecer, tienen un efecto limitado en la transformación y mejora de las prácticas educativas, pues no logran modificar sustancialmente las formas de enseñar.
En este sentido, las instituciones educativas no han podido concretar las intenciones de incorporar las TIC a los procesos de enseñanza y aprendizaje, porque como lo demuestran diversas investigaciones (Cuban, 2001; Pelgrum, 2001; Zhao et al., 2002; Becta, 2004; European Commision y Empirica; 2006; Sanhueza 2006; Drent y Meelissen, 2008; Vesga y Vesga, 2012; Gaete, Roig, y Friz, 2014), este es un proceso complejo que implica una serie de cambios no solo en las prácticas pedagógicas, sino también en el uso personal, las actitudes y creencias de los maestros. Respecto a las prácticas pedagógicas, porque se ponen en juego las maneras de pensar la enseñanza, el enfoque didáctico, los objetivos, las actividades y formas de evaluación, asunto que, de suyo, es problemático para la mayoría de los profesores (Area, 2009). Respecto al uso personal, actitudes y creencias, porque al parecer, los profesores con pocas competencias en el uso de las TIC, tienen mayores temores y resistencias frente a su incorporación en los procesos de enseñanza (Buabeng-Andoh, 2012; Ramírez, Cañedo y Linuesa, 2012).
Precisamente las investigaciones citadas, plantean la necesidad de seguir trabajando en la incorporación de las TIC en el ámbito educativo, partiendo de procesos de formación docente que atiendan no solo al uso mismo de la tecnología, sino también a los aspectos pedagógicos, la reflexión sobre nuevas maneras de enseñar y las modificaciones que debería tener la enseñanza cuando se usan las TIC. Ahora bien, un cambio de paradigma respecto a las prácticas de enseñanza, implica dejar de pensar que las TIC por sí mismas producirán cambios en los procesos de enseñanza y aprendizaje, para entenderlas como instrumentos de mediación que pueden potenciar o transformar, lo que se hace en el aula.
De hecho, las propuestas de incorporación de las TIC, en el ámbito educativo, deberían incidir en mejorar la calidad de la enseñanza de los diversos saberes disciplinares.