Modernismo

El modernismo fue la última escuela poética en castellano que fundó su experiencia verbal en la experimentación sobre la estrofa clásica y la rima consonante. Distorsionando métrica y rima hasta sus últimas posiblidades, dictó la sentencia de muerte de ambas. Ya podía nacer el moderno lenguaje poético castellano; y nació de hecho en los más ilustres modernistas, Rubén Darío y Juan Ramón Jiménez, llamado este último a rebasar luego ampliamente el marco de la escuela. Sin embargo, justamente el hecho de situar en primer plano ­pues era su campo de batalla en lo expresivo­ unos moldes estróficos condenados a desaparecer (en adelante, serían excepción y no regla) determina que la envoltura externa de los poemas modernistas parezca haber envejecido prematuramente y pueda dar una impresión de desfasado anacronismo. Impresión ilusoria: el modernismo somete a crítica y destruye ­por el arabesco, la ironía o la dislocación­ los mismos procedimiento expresivos que parece entronizar: son, ante todo, vehículos de una experimentación encaminada a dinamitar el rígido e inerte lenguaje de la poesía castellana decimonónica.

Igualmente engañosa es la impresión de homogeneidad, repetición o monotonía. Incluso poetas modernistas mediocres no son en absoluto asimilables a otros. Existe, cierto, un repertorio de expresiones, vocablos o temas que permiten identificar inmediatamente a un modernista: se hallan, sin embargo, en los aspectos más triviales de la producción de cada poeta, no en los que lo caracterizan. (Con estos temas y procedimientos se puede formar­y es una de las finalidades secundarias de la presente antología­ un delicioso muestrario de viñetas o clichés modern style. Su sofisticación y exotismo y la casi absoluta irresponsabilidad con que los poetas menores se entregaban al libre juego combinatorio de tales elementos da frecuentemente resultados de agradable extravagancia.) Sin embargo, es fácil determinar la personalidad de cada poeta separando los poemas que son tributo a las modas de una escuela de los que responden al temperamento individual. ¿Dónde reside, pues, el común nexo modernista? El modernismo es, básicamente,una experiencia del lenguaje: en esta experiencia debemos buscar su unidad. Por ello, su delimitación depende en última instancia de la sensibilidad de cada lector: donde para nosotros existe un lenguaje modernista hay modernismo. No veo otra posible delimitación; de ahí, a mi entender, que no haya podido establecerse una clara frontera, generalmente reconocida, entre premodernismo, modernismo y postmodernismo, ni entre los poetas que, en la época modernista, pertenecieron o no a este movimiento.

Antología de la poesía modernista. Barcelona: Ediciones Península, 1981: 9-10.