ciclo literario

Cabe hacerse, y me he hecho, dos preguntas ingenuas; a menudo esta clase de preguntas son las más pertinentes: díganlo los filósofos. La primera: ¿Por qué ha sido precisamente ésta la duración de la serie? La segunda: ¿Qué raros, con mérito para ello, no han alcanzado a figurar en las entregas publicadas? A la pregunta sobre la duración se puede responder o pronto o nunca; no hay más razón concreta para ello que mi voluntad de no prolongar ningún ciclo literario, en género o lengua alguna, más allá del momento en que, familiarizado con sus registros, tal prolongación sería en el escritor simple ejercicio de una adquirida mecánica. Hay que decir, empero, que la materia, pertinazmente, se resistía a perecer. Con ser, en un sentido, limitada, resulta en otro punto menos que inagotable; con eso contesto ya a la segunda pregunta.

Raro es lo mal leído o mal comprendido o mal difundido; lo son algunas páginas de Moratín, lo son escritores de ahora mismo. Quizá lo raro es ser lector. Borges: ¿el raro supremo?

 

Los raros. Barcelona: Editorial Planeta, 1985: 255-256