Escucha Israel

Escucha los mandatos del Señor:

El establecimiento de la Alianza fue para Israel una gracia de Dios que provocó múltiples respuestas religiosas y no sólo la del temor. Entre todas ninguna tan perfecta como la del amor, esto es, la de un amor total y único como es el amor que un hijo debe a su único padre. No olvidemos que la respuesta religiosa del amor al único Dios presupone la experiencia de Israel de haber sido amado por Dios de una forma única y singular. Lo verdaderamente nuevo en este texto no es el mandamiento del amor a Dios, sino el modo como este mandamiento se propone: como deber fundamental y compendio de todos los deberes religiosos, como razón y motivo último de todos los mandatos y preceptos.

Se insiste en la obligación de interiorizar y recordar cada una de las palabras (mandatos y preceptos) de Moisés. Y aunque esto debiera ser algo más que un aprendizaje esmerado, ya que la verdadera sabiduría consiste en cumplir la Ley y no es en saberla de memoria, se da pie a una interpretación intelectualista. A partir de ahí se llegará a pensar que no hay obra mejor que el estudio de la Ley, y el aprendizaje de las palabras de Moisés absorberá todas las energías espirituales del "justo", como si se tratara de un fin en sí mismo. De ahí también que se tomara literalmente lo que se dice aquí sobre llevar las palabras de Moisés atadas a la muñeca y como una señal sobre la frente (de donde viene el uso de las "filacterias"). Lo mismo ocurrió con lo que se dice de escribirlas "en las jambas" y en los "portales", que dio origen al uso de la "mezuza" (una especie de alacena situada en la pared, detrás y a la derecha de la puerta de casa, en la que se guardaba un pequeño rollo de pergamino con la inscripción de los textos del Dt 6, 4-9; 11, 13-21 y Ex 13, 10. 11-16.

Todos estos medios que ayudaron a conservar las palabras de Moisés en la memoria, las alejaron del corazón, que es donde debían estar escritas.



Pero otra vez el Señor nos dice, escucha las palabras de mi boca, ponlas por obra..........pues no el que dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos, sino el que CUMPLA LA VOLUNTAD DE DIOS.

EL COMPENDIO DEL Catecismo de la I.C., nos advierte con maternal amor así:
 
Al joven que le pregunta «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir la vida eterna?», Jesús responde: «Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos», y después añade: «Ven y sígueme» (Mt 19, 16). Seguir a Jesús implica cumplir los Mandamientos. La Leyno es abolida. Por el contrario, el hombre es invitado a encontrarla en la persona del divino Maestro, que la realiza perfectamente en sí mismo, revela su pleno significado y atestigua su perennidad.

Enlace principal  >>>>>>>>>           http://www.liturgiacatolica.org/catequesis/10mandamientos.htm


Profundizamos un poco en este sentido del Escucha de la mano de:

Y después viene la afirmación básica de fe, "Escucha, Israel...": es la Shemá (Shemá quiere decir "Escucha"), la oración que todo buen judío reza varias veces al día. La Shemá es, sobre todo, una afirmación de monoteísmo en medio de una cultura en la que cada pueblo tiene sus dioses: el Señor es el único Dios. Y después, como consecuencia, la llamada/mandamiento de amar a este Dios único de una manera absoluta, con todas las potencias: este "amar", no es sólo un sentimiento (¡los sentimientos no pueden ser impuestos!), sino una voluntad de hacer que toda la vida gire alrededor de lo que el Señor quiere, como se explicita a continuación ("Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria"). La Shemá continúa con tres versículos más (que no leemos), que reafirman esta misma idea.

J. LLIGADAS
MISA DOMINICAL 1994, 14


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