La calidad en la certificación lingüística
 
8. Responsabilidad social

 

La evaluación de la competencia lingüística, y muy especialmente en su dimensión certificativa, se ha considerado tradicionalmente, en los ámbitos científico y social, como un instrumento de poder. El grado de repercusión de los resultados en la vida de los candidatos (acceso a ventajas sociales, promociones profesionales, admisión en programas de estudios, etc.) determina el perfil de los sistemas de certificación de la competencia lingüística. A medida que se incrementa el perfil de los exámenes, aumenta el grado de responsabilidad de las entidades certificadoras en relación con la validez, la estabilidad, la consistencia, la precisión, la justicia y la equidad de los resultados.
 
El concepto de ética de la evaluación aparece históricamente asociado a los sistemas de certificación de la competencia lingüística. Durante las últimas décadas del pasado siglo, han proliferado las asociaciones de profesionales e instituciones, que se adscriben a los cada vez más frecuentes códigos de buena práctica y que velan por su cumplimiento. Estos códigos apelan, en términos generales, a la responsabilidad de las instituciones en lo tocante al rigor la elaboración de los exámenes, calificación, análisis de resultados, y administración; a la imparcialidad de los profesionales involucrados en estos procesos; a la transparencia, claridad y a la veracidad en la información que reciben los candidatos y los prescriptores.