Introducción a los

'Yorkshire Old Charges

(1600-1806)

 


 

En un sentido restrictivo, los Old Charges o “Antiguos Deberes”, también llamados “Constituciones” o “Constituciones Góticas”, son un conjunto de documentos masóni­cos que aparecieron por primera vez en las islas británicas a finales del siglo XIV. Abre la lista el conocido como The Regius Poem fechado en el año 1390. Aunque existen Old Charges fechados de los siglos XV y XVI, la mayor parte de los mismos fueron puestos por escrito a lo largo del siglo XVII y principios del XVIII.

A pesar de lo anterior, cada vez son más los que consideran apropiado incluir tam­bién bajo la designación de Old Charges las Constituciones producidas durante la Edad Media por la Masonería europea continental, especialmente las de las cofradías de los países germánicos, que se agruparon bajo la “Federación de Logias del Santo Imperio”, conocida como la Bauhütte, y cuyos centros principales se encontraban en Estrasburgo, Colonia, Ratisbona, Viena y Berna.

Los Old Charges, no obstante sus precedentes medievales, constituyen uno de los cinco tipos de documentos[1] masónicos más recurrentes durante el denominado “periodo de transición” entre la Masonería Operativa, que requería a sus adherentes la práctica de un oficio, y la Masonería Especulativa que ya no contemplaba ese requisito. Dicho periodo de transición, que fue un proceso largo, desde el punto de vista historiográfico se extiende hasta los primeros años del siglo XIX, momento en el que la Masonería contemporánea aparece ya plenamente consolidada.

Atendiendo a su contenido se observa que todos los Old Charges que proceden de la antigua Masonería inglesa y escocesa tienen en común una estructura general que posibilita su clasificación como tales, y que está determinada, con pocas excepciones, por la presencia de tres elementos: 1º una invocación y plegaria inicial, 2º la historia legendaria del oficio[2] de constructor y de la fraternidad masónica, y 3º los Deberes y Usos, que son un conjunto de reglas y obligaciones que regulaban la conducta de los masones entre sí, en su vida privada, y en relación al oficio y la Fraternidad.

El más antiguo de entre estos últimos Old Charges es, como se indicó, el Manuscrito o Poema Regius, si bien tiene la peculiaridad, señalada por múltiples expertos, de pro­venir de una fuente única y diferente de la del resto de Old Charges[3]. El segundo en antigüedad es el Manuscrito Cooke[4], fechado entre 1410 y 1420, que es, por el contra­rio, la fuente de la que derivan más o menos directamente todos los demás, aunque ya existían y se tiene constancia de, al menos, dos documentos fechados con anterioridad: las Constituciones de York del año 926, y para la Masonería continental, los Estatutos de los Canteros de Bolonia de 1248.

Para los documentos de las islas Británicas, en base a su genealogía, se han estable­cido, diversas “familias” de Old Charges con características peculiares más homo­géneas. A modo de ejemplo citaremos la familia Plot, la familia Spencer o la Grand Lodge, si bien el listado es bastante más numeroso.

Entre esas familias destaca la importante colección de los antiguos manuscritos conocidos como los Yorkshire Old Charges 1600-1818 que constituyen el contenido del presente volumen de la colección “El Legado Masónico”. En la familia Yorkshire Old Charges se incluyen documentos realmente interesantes desde muchos puntos de vista, como por ejemplo el Manuscrito William Watson que de todos los Old Charges, es el más próximo al Cooke, o el Manuscrito Tew en el que el nombre del arquitecto del templo de Salomón es muy similar al que emplea la Masonería actual, con las implica­ciones que ello conlleva, como veremos más adelante, si tenemos en cuenta que está fechado en el año 1680.

 

Contenido general de los Old Charges

La mayor parte de los Old Charges comienzan con una invocación o plegaria inicial que está dirigida al Principio divino, normalmente representado por la Trinidad Cristiana: Padre, Hijo y Espíritu Santo. La colocación de esta invocación en primer lugar, antes que a cuestiones propiamente formales o de protocolo, responde a una concepción de las cosas en la que Dios, al contrario de lo que ocurre en nuestro tiempo, tenía en la vida de los hombres un papel verdaderamente central.

Se trata de una invocación mediante la que se solicita a Dios que asista a la Maso­nería y a sus miembros con su Presencia, un deseo que como fácilmente se percibe durante la lectura, no se limita al encabezado, sino que está presente a lo largo de todo el texto. Refleja con ello una intención que está en las antípodas de situaciones como la acontecida en el año 1877, en el seno del Gran Oriente de Francia, cuando, como es sabido, se suprimió la necesidad de la invocación al Gran Arquitecto del Universo.

Siguiendo con el contenido de los Old Charges, hay que apuntar que debido al ingente simbolismo existente en la historia legendaria del oficio, en el marco de esta introducción no es posible más que considerar unas líneas generales, remitiendo al cuerpo de notas con el que se han dotado los textos del presente volumen para mayores desarrollos.

La historia legendaria contenida en los Old Charges comienza atribuyendo el origen de las siete artes liberales a los hijos de Lamec[5], antes del diluvio de Noé. Mediante esta terminología bíblica, el origen de las ciencias es situado en tiempos muy remotos, que se encuentran fuera del intervalo temporal en que la Historia moderna se maneja con comodidad. Comprender lo que ello significa pasa por rechazar tanto la in­terpretación literal como el prejuicio universitario que, en ambos casos, pasan por alto una lectura en clave simbólica que hace aparecer con una profundidad insospechada lo que de otra forma parecen relatos triviales.

Igualmente interesante es el simbolismo de conservación presente en el episodio de la construcción de dos columnas, una de ladrillo para resistir las aguas y otra de mármol para resistir el fuego, en las que, según los Old Charges, los hijos de Lamec vertieron las artes que habían descubierto para que sobreviviesen al diluvio. Todo ello es la expresión de una cierta continuidad a pesar del tránsito de un ciclo de la humanidad a otro.

Según los Old Charges fue Hermes quien, después del diluvio, encontró una de las dos columnas donde estaban grabadas las Ciencias descubiertas por los hijos de Lamec. Hermes, al que los griegos identificaban con el dios egipcio Thoth, es aquí, entre otras cosas, una referencia simbólica a una inmensa labor de conservación de conocimientos pri­mordiales por grupos sociales legitimados para ello, como por ejemplo el sacerdocio egipcio[6].

También en la llegada de Abraham y Sara a Egipto y en el hecho de presentar a Euclides[7] como el mejor discípulo de Abraham, está presente un simbolismo de la más alta importancia, que trasciende la imposibilidad histórica de tal encuentro y que nos habla simbólicamente de la reclamación por parte de la Masonería de la paternidad espiritual de Abraham[8]. Y es aquí donde tendrá que acudir todo el que pretenda encontrar el porqué de la importancia que el Nombre divino, invocado por Abraham en la Biblia (El-Shaddai / El Todopoderoso), siempre tuvo en la Masonería operativa[9].

Tras una serie de detalladas referencias a la construcción del Templo de Salomón, los Old Charges narran la historia legendaria de la transmisión de la Masonería a Francia e Inglaterra por parte de obreros que, precisamente, habrían participado en la construcción del Templo en Jerusalén, y que por tanto estaban legitimados para llevar a cabo una labor de transmisión.

Finalmente se llega a personajes como Athelstan, Rey de Inglaterra en el siglo X, del que los Old Charges guardan un cariñoso recuerdo por su buen hacer político. Athelstan tuvo un hermanastro (en los Old Charges se dice que un hijo) llamado Edwin, que organizó una asamblea de Masones en la ciudad de York en el año 926. El Rey Edwin, según los Old Charges, pidió a todos los masones de su reino que aporta­ran cualquier texto que tuviesen relación con su oficio, reuniendo de esta forma docu­mentos escritos en griego, francés, inglés y en otras lenguas, si bien se indica que todos tenían “la misma intención”. Basándose en ellos, el Rey dispuso que se compilase un libro con la historia del oficio, así como con los Deberes y Usos de la Masonería, que debía ser conservado para siempre. He aquí la reivindicación simbólica por parte de la incipiente Masonería inglesa medieval, de una conexión con el antiguo tronco que procedía de los hijos de Lamec.

Por último, en las diferentes redacciones de los Usos y Deberes presentes en los Old Charges, encontramos un contenido bastante similar, que exige en primer lugar la fide­lidad a Dios y a la Autoridad espiritual. También la fidelidad al Rey, y la obligatorie­dad para los masones de observar una conducta moral y prudente tanto en su vida privada como en su vida profesional. Junto a lo anterior, aparecen otros deberes que apuntarían más directamente a actividades propias de una organización iniciática, como serían la obligación de guardar los secretos confiados en Logia, y la de no llamar a los hermanos por su nombre profano, así como la obligatoriedad, para los aprendices, de ser hombres libres, capaces de cuerpo y válidos de miembros, cualificaciones que, ade­más de garantizar las condiciones físicas o personales requeridas por el oficio, guarda­rían relación con los requisitos para la iniciación[10].

 

Contenido iniciático en los Old Charges

El examen de los documentos disponibles de la antigua Masonería, pone de manifiesto que la enseñanza más profunda y verdaderamente iniciática que de la misma se ha conservado por escrito hay que buscarla principalmente en los rituales que se practicaban en Logia[11], y en los comentarios e instrucciones que conforman este auténtico tesoro que son los catecismos masónicos. Cronológicamente, los catecismos fueron el tercer tipo de documentos masónicos que se pusieron por escrito (después de los textos normativos y de los Old Charges), si bien recogían una tradición oral de innegable antigüedad que estuvo durante siglos protegida por el secreto. Estos textos fundamentales, mucho más escasos que los Old Charges, después de siglos de dispersión y olvido están hoy a nuestra disposición gracias al impagable trabajo de D. Knoop, G. P. Jones y D. Hamer que los recopilaron, a mediados del siglo XX, en su obra “The Early Masonic Catechisms[12].

Ahora bien, no tratándose de rituales ni de catecismos, cabe preguntarse si es po­sible encontrar algún contenido iniciático en los Old Charges.

Si nos centramos en el sentido literal y aparente de los mismos, en sus historias legendarias del oficio, en sus deberes y en las frecuentes formulaciones en términos propios de la Cristiandad medieval, aunque veremos indicaciones relacionadas con la obligación de guardar “secretos” o con la práctica de férreos “juramentos”, no encon­traremos de forma expresa elementos simbólicos similares a los que existen en los catecismos, tales como alegorías, palabras secretas, toques o signos, que en un primer momento permitan atribuir a los Old Charges un carácter iniciático o esotérico.

Este hecho, es decir, la ausencia en los Old Charges de elementos rituales y simbólicos que desde la perspectiva actual pudieran considerarse como “propiamente masónicos”, ha sido incluso uno de los argumentos frecuentemente esgrimidos por los defensores de algunos modelos historiográficos como prueba de que no existió ninguna continuidad entre la Masonería Operativa y la Masonería Especulativa. Ésta última, según los parti­darios de esta corriente, habría nacido ex novo en el Siglo de las Luces sin ninguna clase de transmisión ni continuidad con los antiguos gremios de constructores, más allá de la mera adopción con nuevas intenciones simbólico-sociales de algunas herra­mientas y roles propios del oficio.

Pero una lectura más atenta de los Old Charges permite ver que bajo la expresión un tanto infantil y legendaria de los orígenes históricos del Arte de la Masonería[13], late la intención de dejar perfectamente clara la existencia en el seno de la Orden de una transmisión ininterrumpida de conocimientos que, como de llama en llama, fueron pasando de una época a otra, hasta llegar al mundo moderno. Unos conocimientos que procedían de tiempos prehistóricos y antediluvianos, y que estuvieron presentes en el antiguo Egipto, en la época de Abraham, o durante la construcción del templo de Salomón y que también recibieron los gremios de constructores de la Europa medieval.

Sobre el objeto de esta trasmisión, incluso ciñéndose al sentido literal, no hay duda posible; se trata de las Siete ciencias o Artes Liberales, de entre las que en todos los casos, se concede preeminencia a la Geometría, que en los Old Charges es expresa­mente señalada como sinónimo de Masonería.

Por tanto, difícilmente se podrá negar que en los Old Charges se recoge, por lo pronto, el recuerdo de la transmisión desde tiempos prehistóricos de unos determinados conocimientos técnicos, relacionados con el arte de la construcción, que proceden de una humanidad de la que nos separan miles de años.

Un ejemplo de estos conocimientos técnicos que se conservaron en la Masonería desde tiempo inmemorial, lo tenemos en el método conocido como “de los cinco puntos”[14], que ya se empleó en la construcción de las pirámides de Egipto “cuyo vértice se proyecta en el punto de intersección de las diagonales del cuadrado de base, es decir, en el centro mismo de este cuadrado[15] y que aún se empleaba durante la Edad Media para la construcción de edificios de base cuadrada o rectangular.

Llegados a este punto hay que intentar responder a la cuestión de si ligadas a dichos conocimientos técnicos, estas siete artes liberales a las que los Old Charges atribuyen unos orígenes tan remotos, pudieron vehicular simultáneamente algo más profundo y más propiamente iniciático.

Y para ello, es muy útil volver al simbolismo que Dante dio a las siete artes liberales en su Divina Comedia. Sabemos que el propio Dante dejó escrito que en el Paraíso de su Comedia, las siete ciencias liberales se identifican con los “cielos”. También sabemos que René Guénon explicó en múltiples ocasiones que en Dante, los “cielos” se corresponden con “grados de iniciación”[16].

De este modo, estas siete artes liberales, en tanto que ciencias tradicionales, pudie­ron corresponder a grados de iniciación[17], por supuesto sin menoscabo de sus con­tenidos y aplicaciones propiamente técnicas. Podría considerarse entonces que cuanto se dice, de una forma velada, en los Old Charges, acerca de la continuidad entre las diversas épocas y lugares de las artes liberales a cargo de las cofradías de constructores, haría referencia también a la cadena de transmisión de una influencia espiritual a lo largo del presente ciclo de la humanidad. Y la presencia bien conocida en la Masonería de símbolos como el Swastika o el círculo con un punto en el centro, parecen conectar esa cadena con la tradición primordial que “procede de las regiones hiperbóreas[18].

La dimensión iniciática de las Siete Artes Liberales permite que comprendamos por qué éstas, al contrario que las ciencias modernas, tuvieron la capacidad de operar como vía de acceso a algo que no está directamente relacionado con la arquitectura ni con otros conocimientos técnicos o del oficio, sino que es de naturaleza espiritual. Es lo que ocurre, por ejemplo, con el profundo simbolismo que hay en el hecho de que los siete peldaños que había que subir en las logias operativas para llegar hasta el sitial de los tres Grandes Maestros[19], se hicieran corresponder, sucesivamente, con la Gramática, la Retórica, la Lógica, la Aritmética, la Geometría, la Música y la Astronomía[20].

Del mismo modo, esto explica que para los antiguos masones fuese posible esta­blecer una relación de analogía entre cosas aparentemente tan distintas como las técnicas para construir un edificio y las técnicas propias del dominio de la actividad espiritual. Así ocurre entre el referido método de los cinco puntos que se usaba para levantar las líneas maestras de una construcción, y el levantamiento de un cuerpo humano por medio de cinco puntos, que es uno de los momentos más importantes en el ritual de admisión al grado de Maestro Masón[21]. En este último caso, también se trata de la construcción de un templo, aunque no en la superficie terrestre, sino en el interior del hombre.

En cualquier caso, podemos estar seguros de que ambas técnicas[22] fueron parte inte­grante de esa ciencia que se custodia por los masones desde “antes del diluvio de Noé[23], por las que los antiguos constructores, como se percibe fácilmente desde el anagrama[24] que abre algunos Old Charges, sentían un profundo respeto y una auténtica veneración.

Estas indicaciones bastarían por sí mismas para mostrar la importancia que los Old Charges tienen para la Masonería actual, en tanto que orden iniciática, al constituir la garantía de la existencia de unas sólidas raíces, sin las cuales ésta no sería otra cosa que un club social más, y sus rituales no pasarían de ser ceremonias vacías de todo contenido superior, puesto que “es evidente que sólo es posible apoyarse en lo que existe de forma efectiva, y que, allí donde falta la continuidad, no puede haber más que reconstituciones artificiales y que no podrían ser viables[25].

No obstante, antes de finalizar, pensamos que no carece de interés hacer algunas últimas observaciones sobre el contenido de los Old Charges y su relación con el grado de Maestro.

Este tercer grado, ya aparecía en los manuscritos masónicos de la época Operativa Sloane, Dumfries y Trinity College[26], pero fue del todo ignorado por la Masonería de los fundadores de la Gran Logia de Inglaterra de 1717.

A pesar de que los referidos manuscritos constituyen una prueba inapelable de esta preexistencia, su ausencia en el momento del nacimiento de la Masonería Especulativa llevó a algunos a suponer que el grado de Maestro y el simbolismo esencial del maestro Hiram fue inventado durante el Siglo de las Luces. Esta suposición se vio reforzada por el hecho de que la mayor parte de los Old Charges no citan a Hiram Abif como el arquitecto del templo de Salomón, sino a un tal “Amon” [27] u otra forma derivada por corrupción de éste, como por ejemplo “Aynon”.

Ahora bien, el manuscrito Tew, ya en el año 1680 menciona a “Hymam”, -término tan próximo a “Hiram” como alejado de “Amon”-, como el maestro y jefe de todos los masones que se congregaron durante la construcción del templo de Salomón. Por su parte, el manuscrito Beaumont, fechado en 1690 habla directamente de “Hiram”. Además, a partir de los artículos publicados por Clement Stretton y Thomas Carr a principios del siglo XX, sabemos que la muerte y resurrección ritual del maestro Hiram Abif no sólo no era algo ajeno a la Masonería Operativa, sino que constituía uno de sus eventos anuales más importantes[28].

Por tanto, vemos que también en los Old Charges existen indicios de que el rito central de la Masonería actual, la muerte de Hiram y su resurrección en el nuevo Maestro Masón[29], es de filiación operativa. O dicho de otro modo, el grado de Maestro que lo vehicula, no es el resultado “de una elaboración especulativa del siglo XVIII”, sino “una especie de ‘condensación’ del contenido de ciertos grados superiores de la masonería operativa, colmando en la medida de lo posible una laguna debida a la ignorancia en que con respecto a aquéllos estaban los fundadores de la Gran Logia de Inglaterra[30].

A la vista de que ya en las Constituciones de 1738[31] se produjo el restablecimiento del grado de Maestro y se introdujo una referencia a la muerte del maestro Hiram, parece legítimo pensar que la rectificación auspiciada por la tradición operativa que culminó en 1813 con la unión de Moderns y Antiens, fue realmente un proceso que comenzó mucho antes[32]. Un proceso dirigido por auténticos iniciados que durante el conocido como periodo de transición aseguraron la continuidad espiritual de la Masonería e hicieron posible que la parte más importante de aquella “Geometría” que proviene de los hijos de Lamec, haya podido llegar hasta el día de hoy, aún a pesar de la pérdida del oficio que le servía de soporte.

 

Barcelona, 21 de Septiembre de 2015

Renato Torres



[1] Los otros cuatro son los Textos normativos, Catecismos, Rituales y Divulgaciones, aunque no se pueda establecer una distinción estricta (cf. “Introducción a la Colección El Legado Masónico”).

[2] La historia legendaria de la Orden no aparece en los Old Charges de la Masonería continental, como atestiguan los Estatutos de los Canteros de Bolonia de 1248 o las Constituciones de los masones de Estrasburgo de 1459. Interesantes datos sobre el parecido de los rituales de la Bauhütte y los de la Masonería actual, tales como la apertura de los trabajos por tres golpes de mallete, en D. Roman, Réflexions d´un Chrétien sur la Franc-Maçonnerie, L´Arche vivante des Symboles, cap. VIII, Editions Traditionnelles, Paris, 1995.

[3] De ahí que sea el único escrito en verso (el resto fueron redactados en prosa) y que señale un origen diferente de la Masonería, atribuyendo su fundación a Euclides en tierras de Egipto, entre otras peculiaridades, como la mención a los Cuatro Santos Coronados.

[4] También conocido como “The Matthew Cooke Manuscript”, en memoria de Matthew Cooke que lo publicó en 1861. Actualmente el documento original del siglo XV se conserva en el British Museum.

[5] Génesis 4, 17-26.

[6] Sobre la asimilación del dios egipcio Thoth, patrón de las artes, las ciencias y la escritura, con el sacerdocio egipcio que se encargaba de la conservación y transmisión de la Tradición, cf. R. Guénon, Consideraciones sobre la Iniciación, cap. XLI, Editorial Librería Pardes, Barcelona, 2013. Piénsese, además, en la participación en calidad de arquitecto que el faraón (que era el primero del estamento sacerdotal) desempeñaba personalmente y con un claro carácter ritual, a la hora de construir un templo en el antiguo Egipto. Así en los bajorrelieves de los templos de Edfu y Esna, aparece con una azada en la mano, cavando la zanja de fundación y clavando unas estacas para determinar la orientación del edificio (cf. Jean Hani La Realeza Sagrada, p. 70, José J. de Olañeta, Barcelona, 1998).

[7] Recordemos que precisamente fue Euclides quien recogió en su obra las técnicas geométricas empleadas por la escuela pitagórica.

[8] Cf. D. Roman, René Guénon et les destins de la Franc-maçonnerie, cap. XII, Editions Traditionnelles, Paris, 1995.

[9] No parece casual además que, en la Tradición islámica, Abraham y su hijo Ismael fueran los constructores de la Casa de Dios o Kaabah.

[10] Cf. R. Guénon, Consideraciones sobre la Iniciación, cap. XIV, ibíd.

[11] De los que existen algunos ejemplos muy importantes como la “Guide des Maçons Écossais” de 1804.

[12] Los catecismos recopilados en dicha obra, y algunos otros, son los que integran el Volumen II de la colección El Legado Masónico, “Catecismos Masónicos (1696-1750)”.

[13] Es evidente que los anónimos autores de los Old Charges nunca estuvieron preocupados por la exactitud de lo que escribieron siguiendo criterios académicos o positivos. De ahí los frecuentes errores en fechas o nombres que a veces se dan.

[14] «En la Masonería Operativa, el emplazamiento de un edificio estaba determinado, antes de emprender su construcción, por lo que se denomina el “método de los cinco puntos”, consistente en fijar primero los cuatro ángulos, donde debían colocarse las cuatro primeras piedras, y después el centro, es decir, siendo la base normalmente cuadrada o rectangular, el punto de encuentro de sus diagonales; los piquetes que marcaban estos cinco puntos eran llamados landmarks, y está ahí sin duda el sentido primero y original de este término masónico» (cf. R. Guénon, Symboles fondamentaux de la Science sacrée, cap. XLIV, p. 274,Gallimard, 1962, Paris).

[15] Ibíd.

[16] Cf., por ejemplo, R. Guénon, Symboles fondamentaux de la Science sacrée, cap. LIV, ibíd.

[17] «¿Por qué las expresiones tomadas de las artes liberales no habrían podido desempeñar, en las iniciaciones de la Edad Media, un papel comparable al que desempeña el lenguaje tomado al arte de los constructores en la masonería especulativa? … considerar las cosas de este modo es, en suma, llevarlas de nuevo a su principio.» (Cf. R. Guénon, L’Ésotérisme de Dante, cap. II, p. 14, Gallimard, Paris, 1957).

[18] Cf. R. Guénon, La Crise du Monde Moderne, cap. II, p. 47, Gallimard folio essais, Paris, 1994.

[19] Que era el lugar más sagrado de las mismas, en tanto que se asimilaba al Debir o santo de los santos del Templo de Salomón y, por tanto, el lugar de manifestación de la Shekinah o “presencia divina”.

[20] Cf. Pierre Girard Augry “Las supervivencias operativas en Inglaterra y Escocia”, Travaux de la Loge nationale de recherche Villard de Honnecourt, Gran Logia Nacional Francesa, Vol. 3, 1981.

[21] La referencia más antigua al uso no arquitectónico sino ritual de los cinco puntos en la Masonería, la tenemos en el Ms. The Edinburgh Register House. En el Ms. Graham de 1726 es donde aparecen por primera vez inequívocamente vinculados al grado de Maestro. Teniendo en cuenta que el Ms. Edinburgh Register House procede del año 1696, es decir veinte años antes de los acontecimientos de 1717, quienes ponen en duda la continuidad entre la Masonería Operativa y la Masonería Especulativa tendrán ante sí una incómoda labor si pretenden negar el evidente origen operativo de una de las partes más fundamentales de los actuales rituales masónicos. Los dos catecismos señalados, que sin duda se cuentan entre los más importantes que existen, forman parte del volumen II de la Colección El Legado Masónico.

[22] Que en lo que concierne a la actividad espiritual es más apropiado denominar “ritos”.

[23] Cf. el Manuscrito York nº 1, del año 1600.

[24] El anagrama es generalmente “Masonrie”, es decir “Masonería”.

[25] Cf. R. Guénon, La Crise du Monde Moderne, cap. II, ibíd.

[26] Para los tres manuscritos, cf. Catecismos Masónicos, Volumen II de la colección El Legado Masónico.

[27] Pese a la incuestionable diferencia fonética y gramatical existente entre Amon e Hiram, no conviene olvidar que la palabra “Amon”, «tiene en hebreo el sentido de artesano y arquitecto» y su raíz «expresa, en hebreo como en árabe, las ideas de firmeza, de constancia, de fe, de fidelidad, de sinceridad, de verdad, que concuerdan muy bien con el carácter atribuido por la leyenda masónica al tercer Gran Maestro», es decir, a Hiram Abif (cf. R. Guénon. Études sur la Franc-Maçonnerie et le Compagonnage, Tomo II, p. 177-178, Éditions Traditionnelles, Paris, 1992).

[28] “El tercer grado especulativo, como ya se ha indicado, está, sin embargo, basado en el Ritual operativo, como una adaptación de la Ceremonia Anual de los Operativos que celebraban el 2 de octubre, para conmemorar el asesinato del Tercer Maestro, Hiram Abif, un mes antes de la Dedicación del Templo, que se celebraba el 30 de octubre”. Texto de Thomas Carr en Luis Alejandro Hernández Ríos, El antiguo sistema de Francmasonería Operativa según los registros de la División de York, p. 102, Atsiluth, México D.F., 2010,

[29] “En la Masonería la muerte de Hiram ejemplifica, a nivel humano, ese sacrificio primordial, y la búsqueda ritual de su cuerpo por “toda la tierra”, y su hallazgo final, equivale en el fondo a la “reconstrucción” de la “Palabra perdida”, que es el nombre inefable del Gran Arquitecto”, René Guénon, Symboles fondamentaux de la Science sacrée, cap. XLVI, Gallimard, 1962, Paris.

«Todo sacrificio ritual debe considerarse como una imagen de ese primer sacrificio cosmogónico» (el paso de la unidad a la multiplicidad), y en consecuencia la muerte de Hiram «nos lleva directamente al simbolismo masónico del grado de Maestro, en el cual el iniciado se identifica, en efecto, con la víctima …Es cierto que, en el caso de … Hiram, no se trata ya de un sacrificio, al menos explícitamente, sino de un asesinato; pero esto mismo no introduce ningún cambio esencial, pues es realmente la misma cosa que se considera así bajo dos aspectos complementarios … Lo que hay que considerar en este caso es propiamente la reintegración al centro del estado humano“ (es decir, la realización efectiva del grado de Maestro al reunir lo disperso y reencontrar la Palabra perdida) (cf. R. Guénon, Symboles fondamentaux de la Science sacrée, cap. XLVI, ibíd).

[30] R. Guénon, Symboles fondamentaux de la Science sacrée, p. 116-117, ibíd.

[31] Las Constituciones de 1738 suponen la primera modificación de las Constituciones de Anderson publicadas en 1723. La segunda modificación de éstas tuvo lugar en 1813 a raíz de la unión de los Antiguos y los Modernos.

[32] Durante esta etapa inicial, se fueron produciendo en las Logias variaciones y alteraciones de los procedi­mientos establecidos en su creación, que suponían graves incumplimientos respecto de las antiguas Constitu­ciones y los antiguos Deberes y Usos. Estas innovaciones ilegítimas, sirvieron de detonante para que un centenar de masones, fundamentalmente irlandeses, reunidos en seis Logias y con criterios más tradicionales en cuanto al mantenimiento de la pureza de los rituales, se separasen cismáticamente, constituyendo en 1751 una Gran Logia conocida con el nombre de “Gran Comité de la Más Antigua y Honorable Fraternidad de Masones Libres y Aceptados según las Antiguas Constituciones”. Un destacado miembro de ella, su Gran Secretario Lawrence Dermott, recopiló en 1756 una Constitución bajo el título de Ahiman Rezon que fue adoptada por los llamados Antiens.