Interpretaciones Erróneas



Para poder aclarar aún más lo que abarca una exposición acertada, trataremos ahora de enumerar y explicar brevemente algunos de los enfoques interpretativos equivocados usados a veces en la historia de la iglesia cristiana. Deberemos advertir que cada uno de ellos contiene alguna o, al menos, está motivado por una causa parcialmente legítima. Trataremos de indicar aquello en que son verdaderos. El hecho de que estas prácticas contengan ciertos elementos de verdad nos sirve para hacernos comprender que la exposición equivocada es, con frecuencia, resultado de exagerar una fase válida, pero no totalmente comprensiva, de la exégesis.




1. Interpretación Fragmentada.  


El individuo que interpreta fragmentariamente las Escrituras las considera como si fueran sólo una colección de versículos aislados, cada uno de los cuales puede interpretarse separadamente de su significado más amplio e inmediato. Esta práctica se debe, muchas veces, a la división arbitraria de la Biblia en capítulos y versículos. Es más, en ocasiones no es posible citar extensos pasajes y resulta entonces más fácil y conveniente utilizar solamente uno o dos versículos. Esto conduce muchas veces a descuidar el lugar que ocupa la narración bíblica dentro del texto.


Y lo cierto es que los que incurren mayormente en este error son ministros cristianos que, con harta frecuencia, toman una expresión bíblica como texto y, al usarla olvidan completamente su relación contextual. Si los ministros cristianos son culpables de tal práctica, ¿qué podemos esperar de sus feligreses, que dependen de ellos para ser guiados en la interpretación bíblica?



2. Interpretación Dogmática.


Esta clase de exposición tiene tiene como propósito encontrar dentro de las Escrituras las bases de ciertos dogmas que ya han sido aceptados. Como resultado la Biblia se explica en forma que apoye ciertas creencias; y todas aquellas otras interpretaciones posibles que puedan negar dichas creencias son pronta y arbitrariamente descartadas. Esta clase de enfoque de las Escrituras está relacionado a menudo con la exposición fragmentaria, ya que emplea como pruebas ciertas selecciones arrancadas del contexto a fin de que sirvan de base a ciertos dogmas. Tanto el sistema fragmentado como el dogmático son ejemplos de que las Escrituras pueden ser utilizadas sin obtener resultado alguno.  


Sin embargo, ambas clases de interpretaciones contienen algún elemento de verdad al aceptar el principio de que se debe acudir a la Biblia como autoridad de aquello que constituye la fe del creyente. Sin embargo, omiten el examen cuidadoso del verdadero significado de la autoridad de las Escrituras. Porque las Escrituras son autoridad solamente si se usan como base para formular nuestras creencias y no simplemente para apoyar nuestras posiciones dogmáticas. El primer enfoque comienza en las Escrituras para llegar a la creencia; el segundo empieza con las creencias y se dirige hacia las Escrituras. En el primer caso la Biblia es la verdadera autoridad; en el segundo el individuo tiene la autoridad. El primero es objetivo y válido; el segundo es subjetivo e inválido. En resumen. el primero es doctrinal, puesto que busca las verdades contenidas en las Escrituras; el segundo es dogmático, puesto que busca la confirmación de doctrinas cuyo fundamento ha de encontrarse en la Biblia.  



3. Interpretación Racionalista.


El racionalista trata de exponer las Escrituras de forma que puedan ser comprendidas y aceptadas por la razón. La explicación de Lloyd Douglas del milagro de los panes y los peces en El Manto sagrado es ejemplo de esta clase de interpretación.


Existen diversos motivos para este tipo de interpretación. La incapacidad de poder aceptar ciertos hechos bíblicos como, por ejemplo, los milagros, da con frecuencia como resultado la interpretación racionalista. Sin embargo, a veces representa una rebelión contra la credulidad no razonada o aun irracional que muchos ejercen con respecto a la Biblia. El racionalismo nos recuerda que la exégesis debe incluir el uso de la razón y que debe realizarse un esfuerzo sincero para entender el mensaje de la Biblia. Sin embargo, al racionalizar debe hacérsele saber que la razón del hombre es finita y que, por tanto, jamás podrían agotarse todos los misterios encerrados encerrados en Las Escrituras. El hombre no es tan sólo razonamiento, y debe acercarse a las Escrituras con todo lo que abarca su ser.



4. Interpretación Mitológica.


La interpretación mitológica está íntimamente relacionada con la  anterior, pues que a menudo es una de las expresiones de racionalismo. Con frecuencia, para poder desechar lo que no puede ser comprendido o aceptado por la razón, uno declara que ciertos acontecimientos son mitos, en lugar en lugar de sucesos históricos reales. Son como la cáscara de una nuez que puede arrojarse lejos tan pronto como la verdad espiritual que encierra, en este caso la masa de la nuez, es descubierta.   


Esta interpretación sirve para anular gran parte del aspecto histórico de las Escrituras al insistir en que no hay necesariamente una relación entre la historia y la comunicación de la verdad espiritual. Esto dará como resultado con harta frecuencia el decir que los evangelios contienen el mito de Cristo. Para quienes suscriben esta teoría, la resurrección, por ejemplo, no fue un evento histórico sino un mito cuya finalidad era enseñar la suprema verdad espiritual de que, aunque Jesús fue ejecutado, su espíritu aún vive. Y que cuando uno aprende esta importante lección espiritual, puede dejar a un lado el “cuento” que ha sido utilizado para expresarla.


Ahora bien, es evidente que este tipo de enfoque emplea un principio muy importante de interpretación y evaluación, a saber, que las verdades espirituales transmitidas por las narraciones de las Escrituras son más importantes que la narración en sí y que, por consiguiente, la narración es un medio para alcanzar una finalidad. Sin embargo, aunque es cierto que la lección espiritual es el fin y, por ende, más importante que los medios, no siempre sucede que los medios carezcan absolutamente de toda importancia. Existe una diferencia entre lo más y lo menos importante por un lado, y entre lo más importante y lo insignificante, por otro. En otras palabras, con frecuencia es cierto que los medios están inseparable e inherentemente relacionados con los fines. Por esta razón, emplear la imagen de la cáscara de nuez y su contenido es a veces equivocado. En ocasiones será verdadero utilizar la imagen de una manzana. Porque el pelar una manzana de la cáscara que constituye su cubierta protectora  afectarnos su esencia y valor. O también puede usarse el ejemplo de un edificio. El cimiento de un edificio es el medio de apoyo del edificio, razón por la cual se construyó ese cimiento. Más, una vez que el edificio ha sido erigido no podemos destruir sus cimientos sin destruir a la vez el edificio mismo.


Para ilustrar aún más esta idea, supongamos que un hombre, al cual llamaremos el Sr. A., va a casa de un amigo, el Sr. B., y le dice que acaba de hacer una gran donación a la iglesia como prueba de sacrificio. Basándose en este ejemplo personal ruega al Sr. B. que haga lo mismo para lograr que la iglesia pueda cumplir con sus obligaciones. El Sr. B. se siente emocionado por el ejemplo y solicitud del Sr. A. y decide que él también debe ofrecer una donación a la iglesia com prueba de auto sacrificio. Pero después de una investigación descubre que el Sr. A. le estaba haciendo un cuento, o un “mito”, referente a su propio sacrificio. El Sr. A. no había hecho ninguna ofrenda sino que había inventado el cuento para así enseñar al Sr. B. la importante lección espiritual de una vida de autosacrificio. Habiendo descubierto este hecho, ¿cuál sería la reacción del Sr. B.? ¿Tendría la súplica del Sr. A. la misma fuerza moral que tuvo anteriormente cuando pensaba que este le estaba contando algo que había sucedido en realidad? ¿O fue la historia del Sr. A simplemente un “cuento” usado como un medio para justificar los fines y que podía ser dejado a un lado sin afectar la verdad espiritual? ¿O es que estaba inseparablemente unido a la verdad espiritual que contenía? ¡Las respuestas son bien aparentes! La experiencia personal era indispensable para la lección espiritual. Así tenemos que, aunque veces podernos enseñar el contenido de ciertas verdades mediante el uso de mitos, como lo hizo Platón, los acontecimientos históricos son necesarios para ofrecer la motivación necesaria para aceptar y obedecer estas verdades. Si los mitos son capaces de tal motivación es solamente porque reflejan lo que en realidad sucede en la experiencia humana.



5. Interpretación Histórica


El enfoque puramente histórico de la Biblia es justamente lo opuesto de lo que acabamos de ver. Lo emplean aquellos para quienes el estudio de las Escrituras es básicamente el estudio de la historia de ciertos pueblos. Este sistema yerra al no comprender que las Escrituras contienen mucho más que historia; en las mismas la historia alcanza implicaciones y propósitos espirituales. La historia es el medio para alcanzar un fin. Por consiguiente no podemos limitar el proceso exegético al simple examen de los medios; debemos llegar a conocer el objetivo, si es que hemos de descubrir el significado total de las Escrituras.


El punto de vista histórico, sin embargo, nos recuerda la importante verdad de que el mensaje bíblico tiene una base histórica. Lo importante que esto es en verdad lo vimos al hablar de la interpretación mitológica. Sin embargo, con todo lo importante que pueda ser la base histórica, es no más que el cimiento; la razón de ser de la base del edificio.



6. Interpretación alegórica


El punto de vista alegórico se usa frecuentemente, por ejemplo, en la explicación de las parábolas. En lugar de exponerlas como parábolas, es decir, como símiles extensos, que usan de este enfoque interpretativo las utilizan como alegorías o metáforas amplia. Consecuentemente, se busca un detalle espiritual en cada pequeño detalle.


Sin embargo, nos encontraremos con una forma de explanación alegórica mucho más significativa y peligrosa en lo que se refiere al estudio de las narraciones históricas; ya que los que usan el enfoque alegórico a menudo aceptan estas narraciones como históricas, y en lugar de exponer su significado en vista de su condición histórica específica, las usan como alegorías para enseñar lecciones espirituales. aunque las lecciones extraídas de las mismas con frecuencia son verdaderas porque están basadas en un conocimiento general del mensaje bíblico, no tienen relación orgánica con las narraciones históricas que están siendo explicadas. Lo menos que se puede decir de este enfoque es que aparece muy atractivo pero es engañoso. Muy a menudo es casi imperceptible el traspasar los límites existentes entre la exposición gramático-histórica y la exposición alegórica. Por esta razón, la persona que se preocupa de alcanzar una verdadera exégesis debe prevenirse contra esta clase de exposición.


Para comprender las razones del punto de vista alegórico, uno debe conocer su base filosófica, la cual es que el propósito de lo físico es comunicar verdades espirituales. Todo el universo es un gran sacramento. Por ejemplo, la relación entre la semilla que crece y el desarrollo del reino de Dios no es accidental. Jesús usa la imagen del grano de mostaza para describir la naturaleza de la Palabra; él comprendió la finalidad sacramental de Dios en hacer que la semilla de mostaza crezca de la forma que lo hace. La razón por la que Dios creó la generación física, haciéndola depender de su función de Padre, fue enseñar a los hombres su propio carácter y su relación con ellos. Por tanto, cuando Jesús utilizó la imagen del Padre, no estaba simplemente apuntando una semejanza entre los padres humanos y el Padre divino, sino más bien queriendo decir que la relación entre la imagen física y la concepción espiritual era esencial y hecha de propósito.


Probablemente muchos de nosotros estamos de acuerdo hasta Cierto punto con esta filosofía de la vida. Sin embargo, no justificaríamos por ello el uso del punto de vista alegórico al explicar Cualquiera de las partes de las Escrituras. Porque en primer lugar es necesario una percepción interior muy especial para poder explicar correctamente el sentido espiritual del mundo físico. Pero aún más importante, el hecho es que el expositor de la Biblia no debe tener como interés principal el interpretar la vida en general sino más bien explicar válidamente pasajes determinados de la Biblia.  


Si esto es cierto, entonces la interpretación básica que debe hacerse el intérprete es la siguiente: ¿Qué medios está empleando el autor y cuál fue su finalidad al narrar estos eventos? Ahora bien, un autor puede usar una de las dos formas siguientes al transmitir una lección espiritual. Puede hacer uso del enfoque histórico, el cual es indirecto, o el enfoque parabólico o alegórico, el cual es indirecto. Y el primer paso que debe dar el expositor es descubrir cuál de estos dos enfoques estaba usando el escritor al interpretar el pasaje de acuerdo con lo descubierto. Si fue el método directo, entonces la exposición válida debe limitarse al método directo; si se estaba utilizando el método indirecto, entonces el expositor también debe usar el método indirecto.    


Ahora bien, es obvio que Jesús estaba utilizando el método indirecto en sus parábolas. Es cierto también que sus parábolas reflejan experiencias reales, pero él no estaba describiendo un hecho real, como la crucifixión. Por tanto, es válido explicar las parábolas de Jesús basándonos en los medios indirectos de comunicar la verdad espiritual. Sin embargo, tratar de explicar la crucifixión de esta forma sería ignorar su significado primordial. La crucifixión no fue una parábola; su método de comunicar la verdad es directo. En resumen, existe una diferencia esencial entre el método parabólico y alegórico de comunicar la verdad, de una parte, y el método histórico, de otra. Corresponde al intérprete descubrir cuál es el empleado por el escritor y exponer así el pasaje, si es que desea alcanzar el significado que se intentó.


Debemos hacer las siguientes observaciones para aclarar aún más estos conceptos. Existe una diferencia esencial entre las conclusiones verdaderas y las conclusiones acertadas o válidas con relación a la interpretación. Las lecciones que uno puede inferir de un pasaje puede que sean verdaderas, es decir, acordes en general con los hechos bíblicos y con la realidad, por la simple razón de que uno está familiarizado con la Biblia t está capacitado para obtener conclusiones congruentes con la misma. Sin embargo, esto no quiere decir que nuestras, conclusiones representen una exégesis verdadera del pasaje. Ya que las conclusiones válidas son aquellas que emanan de un pasaje en particular y no simplemente aquellas otras que corresponden en general con la verdad contenida en la Biblia. Así tenemos que aunque el intérprete alegórico pueda derivar de una unidad lecciones que son verdaderas, no por ello han de ser acertadas. Y lo que, sobre todo, debe tratar de lograr un expositor es que sus deducciones sean acertadas.  



7. Interpretación Literal


Los que usan este tipo de interpretación insisten en que las Escrituras deben en su mayor parte interpretarse literalmente. Es imposible ser un expositor literalista en el más absoluto sentido de la palabra, ya que muchas veces uno está obligado a interpretar ciertas expresiones en sentido figurado. Por otra parte, con frecuencia el literalista interpreta muchos de los pasajes figurados en sentido literal por su temor a diluir la verdad de las Escrituras.


Este enfoque nos recuerda que existen algunos pasajes bíblicos que deben ser interpretados literalmente. Los autores de la Biblia en muchas ocasiones usaron expresiones literales para comunicar sus ideas y, en aquellos pasajes en que fue utilizado el sentido literal, el expositor deberá usar medios literales para exponer estos pensamientos, o sea, el enfoque literal. Por otra parte, también es cierto que lo escritores bíblicos a menudo emplearon el método figurado de comunicar la verdad y, en estos casos, es deber del expositor usar esta clase de interpretación al exponer el pasaje; el literalista que olvida este hecho en su afán de salvaguardar la verdad de las Escrituras niego la esencia misma de lo que tan celosamente trata de proteger.      


Una de las causas principales del error del literalista es que trata de igualar lo literal con lo histórico y lo figurado con lo que no lo es. Por lo tanto, comete un atentado a la lógica, ya que relaciona de modo inseparable los hechos históricos con sus expresiones literarias. Y erra en reconocer que los puntos de vista literal y figurado no están necesariamente en relación con hecho y ficción, puesto que simplemente son dos formas de expresión literaria y un hecho que ha sucedido en realidad puede ser comunicado por un autor mediante cualquiera de las dos formas. Por consiguiente, el uso de imágenes para describir un hecho no deniega.


Así tenemos que uno puede sostener, por ejemplo, que Génesis 3 es figurado más bien que literal y no pensar por ello que no existan bases históricas que le sirvan de fundamento, que estos hechos sean ficticios y no históricos. La primera de estas decisiones comprende una interpretación literal; la segunda, una determinación histórica. Estos dos aspectos de la exposición deben distinguirse cuidadosamente.             



8. Interpretación Tipológica


Los que practican este enfoque exponen el Antiguo Testamento como si todos y cada uno de sus aspectos fuesen antecedentes del Nuevo Testamento. Aún los más pequeños detalles de las narraciones históricas son interpretados a menudo como prefiguración que habla de él.


Este punto de vista comienza con el principio legítimo de que el Antiguo Testamento es una preparación para la revelación del Nuevo Testamento y que un aspecto muy importante de esta preparación envuelve el uso de ciertas prácticas simbólicas cuyo propósito era que capacitará a Israel para comprender la llegada y significado de Cristo. El sistema de sacrificios Levíticos nos ofrece un buen ejemplo.       


Sin embargo, esto no quiere decir que todos y cada uno de los detalles del Antiguo Testamento encuentra  su réplica en el Nuevo Testamento. Entender el Antiguo Testamento de esta manera es vilar dos de los principios básicos de la exposición; primero, explicar los pasajes en vista de su medio histórico; y segundo, exponer dichos pasajes a la luz de la intención del autor. Se debe tener sumo cuidado, por este motivo, de no explicar tipológicamente coincidencias parecidas que puedan ser halladas en el Antiguo y Nuevo Testamentos.  El mejor procedimiento para evitar este peligro es limitar la exposición de símbolos del Antiguo Testamento a aquellos casos explicados dentro de las mismas Escrituras.


Sin embargo, existe un punto en el cual es posible comparar los dos testamentos. Con frecuencia existen semejanzas entre los principios espirituales del Antiguo y del Nuevo Testamento, Cuando esto sucede, ciertamente hay razones para que se las menciona. Pero esto es algo completamente diferente de lo que practican aquellos que tratan de explicar hasta los más mínimos detalles históricos como prefiguraciones del Nuevo Testamento, llegando a implicar a veces que fueron expresamente usados con este fin por el autor o inspirados por Dios.



9. Interpretación Profética


Los que utilizan este enfoque presumen que la Biblia se encuentra llena de predicciones acerca de eventos futuros; por esta razón tratan de demostrar cómo cualquier acontecimiento de importancia fue pronosticado ya por los autores bíblicos. Al hacer esto, son culpables de tergiversar las Escrituras.


Esta falacia generalmente se asa en el error de no diferenciar entre la profecía y la verdadera predicción. Tenernos que en la profecía el hecho de predecir los acontecimientos está relacionado inevitablemente con la anticipación; es más, su finalidad esencial es servir de base al mensaje del profeta. Por ello, la predicción del profeta es relevante a una determinada situación histórica en la cual y para la cual predijo. La predicción pura, por otra parte, puede estar totalmente separada del momento histórico en que se produce. Podemos encontrar en las Escrituras muchas profecías; pero ninguna predicción pura y, cuando olvidemos este hecho, olvidaremos la importancia del elemento histórico en las Escrituras y, por consiguiente, erramos al interpretarlas.


El punto de vista profético en la interpretación de las Escrituras también puede originarse en no distinguir entre las diferentes formas en que el Nuevo Testamento utiliza al Antiguo Testamento. Estas pueden dividirse en tres clases. Primero, a veces los escritores del Nuevo Testamento utilizan las profecías del Antiguo Testamento cuyo cumplimiente piensan que solamente ha de ocurrir en la época del Nuevo Testamento. Segundo, el Nuevo Testamento emplea citas del Antiguo Testamento cuyo cumplimiento final se dice que ocurrirá en el Nuevo Testamento pero que tuvieron su cumplimiento en tiempos del Antiguo Testamento. Una cita que encontramos en Mateo 1:23 probablemente puede ser incluida en esta categoría. Esto no quiere decir que el profeta tuviera en mente un doble sentido cuando hablo, sino que, mirando hacia atrás, el escritor del Nuevo Testamento ve en el relato del Antiguo Testamento una predicción que se cumple a plenitud en el Nuevo Testamento.


La tercera forma comprende la comparación de los hechos o manifestaciones del Nuevo Testamento con los que se encuentran en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, en Mateo 13Ñ14’15 parece como si el Antiguo Testamento estuviese usado en esta forma. Jesús está diciendo en realidad: “La condición de los escribas y fariseos es el máximo ejemplo y por tanto cumplimiento de lo que Isaías quiso decir con las palabras: “Habréis de oír, pero no comprenderéis”.


No hay lugar a dudas de que, a veces, ha de ser difícil determinar cuál de los usos anteriormente mencionados es el que se nos presenta en un determinado pasaje del Nuevo Testamento; no obstante, debemos estar conscientes de ellos y tratar de utilizarlos si es que deseamos evitar una interpretación meramente de predicción.   



10. Interpretación Sistematizada


Con mucha frecuencia se consideran las Escrituras como si presentasen una teología sistemática. Si, por ejemplo, un escritor del Nuevo Testamento sugiere algún curso de conducta que deben seguir aquello para quienes escribió, esto se considera como norma indispensable para toda experiencia cristiana. Tenemos que una exhortación se universaliza en la presunción de que las Escrituras contienen una presentación sistemática de los ingredientes de la vida espiritual, en lugar de relatos hechos en momentos históricos específicos, momentos que a veces estaban muy lejos de ser lo normal y corriente y que no necesitan ser imitados.     


Digamos que si el autor de la Epístola de los Hebreos exhortó a sus lectores a que trataran de alcanzar la madurez e ir más allá del aprendizaje del alfabeto de los principios cristianos en el cual llevaban ya mucho tiempo (He 5:11-6:12), entonces se supone que todo cristiano ha de necesitar esta exhortación en su experiencia personal. Pero se olvida que este punto de vista condena a todos a duplicar los pecados de las iglesias del Nuevo Testamento para poder ser objetivo de las mismas exhortaciones que a ellas fueron dirigidas. Desde luego que este no puede ser el fin del Nuevo Testamento; más bien debemos comprender que los escritores del Nuevo Testamento se dirigieron a ciertas personas, dentro de un marco histórico determinado, y que sus advertencias fueron originadas por situaciones peculiares. Por este motivo, si existe alguna iglesia o individuo a quienes las exhortaciones mencionadas vienen bien, entonces les serán aplicables. Sin embargo, nuestra finalidad debe ser evitar los  errores de las iglesias del Nuevo Testamento y, por ende, evitar ser reprendidos por haber cometido los mismos errores que ellas cometieron. En esto consiste el verdadero cumplimiento del propósito del Nuevo Testamento.


Es cierto que una de las razones para un enfoque sistematizado en la interpretación es la necesidad legítima de relacionar las ideas bíblicas y exponer las Escrituras de tal forma que brinden una norma para la vida cristiana. Sin embargo, al tratar de satisfacer esta necesidad no debemos olvidar que los libros del Nuevo Testamento fueron escritos originalmente bajo circunstancias y para problemas especiales y no deben, por tanto, aplicarse a situaciones abstractas y universales. Aún más, debemos evitar el grave error psicológico de pensar que las experiencias de todos los hombres puedan ser incluidas  precisamente dentro de un mismo patrón.



11. Interpretación de Citas Cruzadas


Hay quienes consideran las Escrituras como un laberinto de referencias cruzadas y, como resultado, constantemente están tratando de encontrar pasajes similares y explican cada uno de ellos con relación a los que se les asemejan. Al hacer esto, frecuentemente no tienen tiempo para examinar cada unidad individualmente y así descubrir el significado de la misma, por lo que incurren en asociaciones erróneas que tienen por resultado una interpretación altamente deficiente.


Lo anteriormente expuesto no debe entenderse en el sentido de que no podemos valernos del uso de citas cruzadas o asociar diferentes pasajes; ya que este sistema se usa, por ejemplo en el estudio comparativo de los términos de un pasaje. El peligro sobre el cual tratamos de llamar la atención es el de no interpretar cada unidad en sí antes de tratar de unir varias unidades. Si exponemos cada pasaje como una entidad literaria, entonces podemos utilizar las asociaciones y éstas habrán de producir resultados ventajosos; pero si ocurre una mezcla del material antes de que cada unidad pueda ser expuesta partiendo de su propio texto, tendremos como consecuencia errores en la exposición.



12. Interpretación Enciclopédica


El intérprete enciclopédico considera a la Biblia como si abarcase todo cuanto existe, como si en ella pudiese encontrarse una respuesta a toda pregunta que pueda plantearse. Por esta razón, si no encuentra una respuesta inmediata a una pregunta en particular mediante el uso de la correspondiente exégesis, entonces lee dicha respuesta en un pasaje cualquiera para que así dicha pregunta pueda tener un fundamento físico. Esta persona insiste en este procedimiento aún cuando con ello a veces reduzca al absurdo ciertas partes de las Escrituras.


Ahora bien, es cierto que podemos encontrar en la Biblia la respuesta a muchos de los problemas de la vida y que puede y debe ser explicada en tal forma que ofrezca respuestas a estos problemas. Pero se debe recordar, no obstante, que la Biblia no es la Enciclopedia británica en materia de religión. Su finalidad histórica no es cubrir todos los problemas que puedan presentarse. Encontramos en ella algunas respuestas específicas y muchos principios generales. Cuando existen respuestas específicas, estas deben ser utilizadas; pero cuando no las hay, son los principios generales los que deben exponerse y aplicarse. Pero no debe tratarse de leer en la Biblia respuestas específicas a problemas que no son tratados en ella.



13. Interpretación Literaria


Muchos de los que miran las Escrituras solamente desde el punto de vista de gran literatura pasa por alto el hecho de que el propósito es esencial a la grandeza de la literatura y que ellos están investigando la Biblia solamente por sus frases eufónicas e imágenes pintorescas, como si fuese simplemente una colección sin objetivo ni propósito de expresiones hermosas y nada más.    


Mucho más válido es el procedimiento de aquello que se acercan a la Biblia buscando no sólo una obra maestra literaria digna de encomio sino también los grandes fines que en ella se encierran. Este acercamiento a las Escrituras reconoce el hecho de que aunque la forma literaria en sí es de gran importancia constituye solamente un medio para lograr un resultado, y que la literatura debe ser estudiada basándose tanto en sus medios como en sus fines.                



Conclusión:

Si el lector tiene la percepción de reconocer estas y otras formas erróneas de interpretación cuando las vea y realiza un esfuerzo consciente para evitar incurrir en ellas, tratando al mismo tiempo de emplear procedimientos exegéticos verdaderos, inevitablemente llegará a convertirse en un intérprete acertado y profundo de las Escrituras.