DESDE CASETAS A LA BALSA DE LARRALDE.

Travesía de Casetas a la Balsa de Larralde (Sábado,7 de Octubre de 2.017)

A las 8:00 tomábamos el autobús de Casetas en la Avenida de Navarra las seis personas (Esteban, Piedad, Asunción, Gabriel, Reyes y Pascal) que participaban en la caminata que contemplaba la visita de los humedales del corredor del Ebro que se extiende desde el Canal Imperial hasta el río.

Nos dirigimos a las 8:30, una vez transportados a ese barrio rural, al Ojo del Cura cerca del casco urbano, entre el cementerio y el campo de fútbol. Esta lagunilla constituye el nicho ecológico de la cigüeñuela común que recientemente emigró al Norte de África. Del puesto de observación (desde donde divisamos alguna focha en el agua y algunos verdecillos por el cercano carrizo) al lado contrario nos desplazamos por la orilla rodeada de postes y cuerdas para hacer un reconocimiento de este lugar, y después salir de este enclave ecológico para dirigirnos a la charca de la Consejera al pie de la variante de no tan relevante interés. Alcanzamos por un camino agrícola el siguiente humedal colmatado de carrizal sin aguas libres aparentes, denominado el Ojo del Fraile que fue bordeado parcialmente siguiendo un ribazo al margen de cañaverales.

Salimos a campo abierto para tomar la ruta de 7'6 km conducente a la Balsa de Larralde en la demarcación de Garrapinillos y a cinco Km de ese barrio rural, más concretamente en el término de Torre Medina. En el bar nos concedieron la llave de la caseta observatorio. Entramos por el lado Oeste de la reserva para contornearla siguiendo el borde marismeño ocupado por campos de alfalfa. En todo el recorrido perimetral se alterna un espeso carrizal con un no menos denso carrizal. La mejor vista de conjunto de este ecosistema y como punto más válido de observación se sitúa al comienzo de esta vuelta donde hay un resalte que permitía detectar una inmensa población de ánades nadando unas ,-la mayoría -, volando otras a resultas de nuestra presencia.

Nuestra llegada, pues, alarmó a la colonia lacustre e hizo que alzaran el vuelo patos salvajes que surcaban el aire en fila india, algunos con su característico cuello recto y pico en línea. Curioso comprobar también como un buen número de cormoranes tomaban el medio aéreo como espacio para la huida, mientras que un aguilucho lagunero negro volaba en círculo supervisando el alborotado ambiente. El sonido muy peculiar de las furtivas gallinetas ocultas en la maleza delataban nuestro paso invasor por sus dominios territoriales.

Terminado nuestro rastreo viramos al interior del parque acuático por una pasarela de madera que nos llevaba, en su extremo, al observatorio adentrado en la vegetación para analizar en su quietud este entorno palustre y cerrar balance de la fauna sorprendente. A la salida tomamos a las 12:10 en Torre Medina el autobús a Zaragoza, vía Garrapinillos, que nos dejaría en la ciudad a las 12.40,poniendo así fin a nuestra modesta expedición a los humedales de la comarca que nos "hablaron" tan elocuentes del rico acervo ecologista en lo que, en especial, al bestiario acuático y palustre se refiere.