DEL CASERÍO DE POLA (REMOLINOS) A TAUSTE.

Los ocho integrantes del grupo que se formó a raíz de esta convocatoria (Antonia y Raquel, Mª Victoria y Anabel, Merche e Isabel, Gonzalo y Pascal) se concitaron a las 7:45 en la Estación de Autobuses para tomar el microbús a Pradilla con parada en el Caserío de Pola desde donde, por la cabañera que se dirige a Remolinos, iniciamos la marcha a las 8:20 para llegar a esa población una hora y media más tarde por la ruta seguida en la caminata a La Puntaza que realizamos dos meses atrás.

El suelo no reunía las condiciones más deseables a causa de los aguaceros registrados en fechas precedentes, pero el entorno aparecía netamente verdecido por esa misma razón y por el hecho de que el calendario se asomaba a la entrante y florida primavera: almendros y ciruelos silvestres revestidos de pétalos blancos, álamos y fresnos esponjando su inflorescencia completaban una estampa tan bucólica como inusual para estas tierras.

Superada la ubicación de Remolinos y sus yacimientos salinos tomamos una variante que se aproximaba al máximo al cauce del crecido Ebro. Esa vía pedestre seguía la mota que se adentraba en las explotaciones madereras que en su origen adoptan la forma de grandes masas forestales donde el chopo se erige como señor

arbóreo de su entorno en enclaves de trazo rectilíneo y diseño geométrico. Esta especie de ciclo corto y crecimiento rápido constituye una de las bases de la economía agroganadera de la Ribera Alta y constituye un elemento más en el atractivo paisajístico que completa el sinuoso carácter del río que en su curso medio está llamado, dado su caudal y su flujo por tierras llanas, a formar una sucesión interminable de meandros.

Justo en la orilla opuesta de donde están las minas de sal de Remolinos, Alcalá de Ebro (a donde era embarcado ese producto con destino a Pedrola), y su Ínsula Barataria. Y aguas arriba, también en su margen derecha, Luceni que, por sobre la floresta asomaba su inconfundible chimenea de la antigua azucarera. Todo este capítulo de geografía local costó lo que la vuelta en varios Km más de los previstos, hubo que dar siguiendo la gran curva ribereña, un semicírculo en el que habría que incluir, casi al final, Pradilla, (a este lado izquierdo del cauce), que quedaba a un tiro de piedra. Había que alcanzar todavía el Canal de Tauste con su almenara, presa de derivación y molino, sin contar con el acueducto de Las Trabas aún no localizado.

Apartado diferente merece el anecdótico y penoso embarrado sufrido en un tramo corto de un camino de lecho arcilloso. Loable esfuerzo que los sufridos trotacaminos supieron llevar con entereza y resignación, cualidades que enaltecían su encomiable espíritu deportivo puesto a prueba, además, por el hecho de que esa vuelta excedía la distancia prevista para llegar a Tauste, la más meridional de las Cinco Villas, lejanía que se dilataba aún más al término del trazado y hacía que el acceso peatonal a este núcleo urbano resultara interminable e ingrato.

Fueron 23 Km los recorridos a pie, cinco más de los anunciados, los que nos hicieron llegar una hora y cuarto más tarde de la hora programada(14:15),motivo por el cual nos quedamos sin poder visitar los puntos de interés(Iglesia de Santa María y su Torre Mudéjar, "la bien plantá", la Iglesia de San Antonio Abad, ambas del siglo XVI, la Judería y los Santuarios), lugares emblemáticos de la Villa Infanzona, que serán mejor entendidos en las incursiones provenientes del Páramo Estepario y de la Vía Verde a las que no renunciamos y que podremos efectuar en un futuro no muy remoto. Tomamos unos minutos para descansar al pie de la mencionada torre, y a las 15:00 embarcábamos en el microbús de regreso a la ciudad.