DE ZARAGOZA A UTEBO POR EL MONTE Y LOS GALACHOS.

Un grupo de 20 personas salió a las 8:00 del IES Andalán en dirección a Utebo por el parque del Agua, GR 99 y Juslibol para realizar la travesía programada. La nubosa y húmeda mañana no impidió que todos los participantes, Eduardo y Chusa, Joaquín y Celia, Mª Sol y Victoria, Raquel y Antonia, Juan Antonio y José Mª, Leandro y Juan Pablo, Conchita y Montse, Biviana, Vanessa, Jorley e Iván (los cuatro últimos de la peña colombiana), Carlos y Pascal completaron todo el recorrido que resultó variado y atractivo.

Dejado atrás Juslibol ascendimos por camino pedregoso que se redujo a la estrechez, una vez arriba, de un sendero arcilloso, al páramo estepario con interesantes vistas a la ciudad y al Valle del Ebro con sus pueblos y barrios rurales sumergidos en un escenario de frondosa vegetación, resultado de las copiosas lluvias que ha prodigado esta primavera a la naturaleza y a la agricultura..

La ruta desciende por un tramo escalonado que conduce al Galacho efecto de la mayor crecida del siglo XX que se produjo en 1961. Los gráficos de los carteles didácticos dan a entender que el meandro erosionando el escarpe fue sesgado por la gran fuerza de la corriente que trazó una línea derecha aislando la cerrada curva que había. Ahora es una reserva natural con variedad de lagunas artificiales que aseguran una amplia avifauna y un cerrado bosque de ribera donde no faltan álamos, olmos, tamarices, sauces y fresnos.

Tomamos nuestros bocadillos a mitad de la espesura en frente de un espacio lacustre. Salimos del Galacho por camino embarrado y enlazamos con el que procede en la periferia del castillo de Miranda. Tomamos el sendero parcialmente cubierto por un túnel de espesa vegetación y salimos, atravesando la tupida vegetación de espinos blancos, fresnos, retamas y escaramujos que componen un abundante y autóctono tapiz al Puente de Alfocea y de ahí, por asfalto, a Monzalbarba.

Nos reunificamos en la plaza donde nos esperaba Paquita (quien hubiera sido la expedicionaria número 21) que cansada de esperar desistió, y salimos hacia el camino de la Mejana que discurre por campos y tierras de labor terminando en Utebo. Al pie de la torre nos esperaba a las 12:30 nuestro guía de lujo, D. Carlos Mas, quien desvelaría las claves arquitectónicas y religiosas de tamaño monumento.

Nuestro apreciado cicerone empezó delimitando conceptos. Mudéjar es un estilo decorativo cristiano, pero como individuo perteneciente a un grupo musulmán vivía en territorio no islámico. Esta forma de arte que tanto se prodigó en Aragón aún siendo fruto de una combinación de elementos árabes(torre heredera de los alminares, tanto de la época califal como de la de taifas, motivos geométricos) tiene una entidad propia y un sello original.

La convivencia de credos ,culturas y etnias evolucionó desde el Concilio de Trento hasta la época de la expulsión de los moriscos, por no conversos, en 1609 de manera creativa y práctica. Los alarifes de estos "minaretes" de base cuadrada reparten peso y fuerza en función de la altura y la carga que han de soportar, haciendo transitar el perímetro de cuatro lados de la base al octogonal en los cuerpos superiores.

Se parte de los medios pobres que aporta el entorno (arcilla para fabricar ladrillos, carencia de piedra y canteras) con las consiguientes dificultades para obtener un brillo estético, para trabajarlos con habilidad y conseguir resultados sorprendentes. Partiendo del ámbito profano, visual y humanista logra alzarse sin perder esos rasgos al sagrado.

Todos los ingredientes ornamentales y constructivos se combinan de manera que las diferentes calles del prisma inferior y medio crean una alternancia de planos en relieve decorativo de rombos achatados y alargados con arcos entrecruzados y enriquecidos con azulejos. Se alternan también los rasantes superficiales y profundos, generando el horror al vacío proveniente de una fe que establece el contrapunto del arte islámico por un lado y del renacentista que le pisa los talones (La Lonja con sus medallones marca otro arquetipo). La que nos ocupa de Utebo hacia la tradición, y la arquitectura civil de la ciudad hacia la modernidad

La torre crece en altura conforme mengua en volumen de modo que se aligera y estrecha por encima del campanario que marca como reloj de la vida y de sus acontecimientos (bautizos, bodas, defunciones, riadas, incendios) el paso de las horas, como la del Angelus, y los arrebatos (razias, invasiones) de un Utebo, nombre que deriva de la denominación romana de "Octavus" en alusión a las ocho millas de distancia a Caesar Augusta, que ha duplicado dos veces su población convirtiéndola en un polo de crecimiento y desarrollo.

Su bella construcción mudéjar de 1514 a 1544 hacía se motejara de Torre de los Espejos en alusión al refulgente esplendor de sus teselas, los claroscuros y los contrastes emitidos por la luz del sol a juego con un relieve intencionadamente elaborado por la sagacidad de aquellos artífices capaces de convertir la rustica y ordinaria materia prima en obra de arte imperecedera.

Terminada esta brillante ponencia por parte de D. Carlos Mas a las 13:30 a quien le agradecimos su inolvidable aportación, parte del personal entró al contiguo Museo de José Orús del centro Cultural Mariano Mesonada, y parte del grupo acudió a la estación del tren de cercanías y a la parada del autobús que va de Casetas a Zaragoza, con lo que se dio por terminada esta séptima etapa senderista del año.