DE LA BALSA DE LARRALDE A BÁRBOLES Y BARDALLUR.

De la BALSA de LARRALDE a BÁRBOLES y BARDALLUR, 14 Km (Grado de dificultad: fácil)

Realizada el sábado, 26 de Mayo de 2018

Amaneció el día con las condiciones meteorológicas más adecuadas para realizar una marcha de 14 Km por un camino sin árboles, es decir, las nubes cubrían un cielo que de no haber estado encapotado el sol hubiera fustigado implacable a los senderistas.

Acudieron a la llamada un total de doce personas y lo hicieron fraccionadamente. Montaron a las 8:00 h en el autobús de Garrapinillos Raquel y Antonia en el estacionamiento de origen del Pº de Agustina de Aragón. Subieron en el punto de encuentro general de la parada del C. Cívico Delicias de la Av. de Navarra, José Mª, Eduardo, Teresa y Amparo, Conchita, Tomás y Pilar, Pascal y Mª Victoria, quien al final no se embarcó por razones de salud. Y en destino, Torremedina, se sumó al grupo, Valentín quien había acudido con su coche particular.

La comitiva visitó la Balsa de Larralde accediendo a ella por una pasarela de madera que conduce a la caseta instalada como observatorio de las aves desde la que pudieron distinguirse ánades y fochas. Rodearon parcialmente el ecosistema lacustre para situarse en el punto opuesto desde donde aún pudieron divisarse numerosos patos volando a ras de agua trazando sugestivas estelas en sus correrías acuáticas.

A las 9:15 el grupo ya progresaba en su travesía acercándose al Puente de Clavería, de antigua arquitectura, sobre el Canal Imperial. Al otro lado el múltiple cruce de caminos dividía por cinco las opciones de avanzar hacia nuestro objetivo. El derrotero adecuado tiraba de frente cruzando los campos que lindan con la Pirotécnica. Sigue un camino agrícola en absoluto frecuentado por vehículos o personas como no sea un cuantioso rebaño ovino que pacía en los eriales cubiertos de hierba.

Una inmensa planicie suavemente ondulada desplegaba las distintas tonalidades que los verdes con que la mies según el grado de maduración y los tipos de espiga de los trigales, cahices de cebada y cultivos de avena otorgan al paisaje un atractivo cambiante en función de la hora del día, de la estación del año y del grado de transpariencia u opacidad atmosférica.

A poco de todo ello, un olivar en plena floración montado según las técnicas modernas de explotación agrícola, es decir, con riego por goteo y en hileras planas para la recolección mecanizada de su fruto, detuvo nuestros pies para dar con el almuerzo de las 11:00, y, gracias a ello, poder seguir decididos hacia nuestra primer meta volante, la de Bárboles con el Moncayo y sus nieves nada perpetuas como escenario de lujo y telón de fondo de nuestro peregrinar.

La Iglesia de Nª Srª de la Asunción y su torre campanario con aire de alminar califal concitó a en su pie a los trotacaminos, si bien, no pudieron entrar para constatar el interés de la capilla mudéjar por no disponer de la llave que la persona ausente por motivos familiares y de atención a un enfermo, custodiaba. Hubo que retomar la vereda que cinco Kms después habría de llevarles a Bardallur, mientras Valentín que había dejado su coche en Torremedina tuvo que desandar el camino que le había traído hasta aquí.

Atravesaron el solemne pasaje de los cipreses que preceden al cuidado cementerio local y por el atajo del monte que pasa por debajo de la vía del ferrocarril del AVE que deja atrás un flamígero coto pintado en la sangre de encendidos ababoles, orientaron sus pasos a través del monte y de las pistas de laboreo que se abren paso por lomas de vegetación xerófila donde algunas retamas, austeros albardines, efímeras amapolas, foscos cardos y aguijoneantes aliagas se aferran a una vida de probas condiciones.

Llegados el Barranco de la Fuente Amarga que provee de aguas curadoras de afecciones cutáneas a quienes creen en los prodigios naturales, ponían los senderistas Bardallur a sus pies y el poblado troglodita en sus manos, al menos al alcance de los objetivos de las cámaras fotográficas y de los móviles que hacen sus veces Las casas cuevas pintadas de blanco, rosa o verde son viviendas ancestrales que aún siguen habitadas y en apariencia apartadas del mundanal ruido. Impacta y sorprende no poco el encuentro con un hábitat de estas características.

A las 13:15 los andarines franqueaban la entrada a la iglesia de Nª Srª de los Ángeles que abrió la vecina encargada de la llave del templo, permiso que habíamos solicitado al sacerdote de la parroquia, don Abel González. Este recinto del siglo XVIII tiene planta rectangular con una sola nave cubierta con bóveda de lunetos.

Su retablo mayor de madera pintada tiene en su ático un busto del Hecce Homo y el retablo de San Bartolomé del siglo XV procedente de la ermita homónima fue pintado al temple de huevo sobre tabla, Hay otro retablo, el de San José, de mazonería de madera con columnas de fuste liso que atesora pasajes bíblicos del medievo gótico.

Una parte del grupo aprovechó margen del tiempo disponible para visitar a un Km de distancia la ermita de San Bartolomé, una obra del siglo XIII de tapialete de piedra y yeso, y contrafuertes de mampostería, cabecero semicircular y sencillos canecillos bajo el tejado.

Y a las 14:57 los participantes de esta sexta etapa senderista del año en curso tomaron asiento en el autobús de línea procedente de Épila que nos dejaría cincuenta minutos después en la ciudad.