Por Daniel Aguilar Ruvalcaba
Querido Daniel del 2024:
Disculpa que te escriba hasta ahora, un año después. Las autocríticas siempre llegan tarde, y esta no es la excepción. Nos pasa seguido, ¿verdad? Eso de pensar “le hubiera dicho esto” o “hubiera hecho aquello”. Bajo este descuidado ejercicio de humildad narcisista, quiero compartir contigo nuestros errores en la 15ª Bienal FEMSA. Tal vez sea más productivo —aunque humillante— admitir fallas propias para aprender, como dicen, en cabeza ajena; porque cuando las narras en segunda persona, y en retrospectiva, devienen ajenas. Son, sobre todo, cosas que ya sabías pero preferiste evadir.
Te recuerdo que hace poco más de un año me anunciaste la segunda edición del Echevefest, “más guapo y más mamado”. Y el 2025, año en que ocurriría esa segunda edición, ya terminó y no hubo ningún Echevefest, pinche perro. Claro, no conseguiste dinero y a tu hermano, miembro del comité del Mercado Echeveste, le da hueva. No es prioridad.
Tengo que ser duro contigo, Danielito, porque soy tu superyó leninista. Tú afirmas en tus semblanzas públicas que eres un “entrepreneur anticapitalista”. Sé que es una provocación, un chiste sofisticado. Pero, mijo, usas palabras grandotas que te quedan guangas, y traer ropa que no es de tu talla hace que te tropieces.
Hablemos de tus tropiezos, entonces.
Trabajar para la Bienal FEMSA: creíste que podías con ellos. Pudiste rechazar la invitación, pero eres un vanidoso lacayo de la burguesía. Por mucho que te jactes de ser crítico, al final te encanta ese reconocimiento banal, de nicho, que da el mundillo del arte local. Aceptaste el jale con la excusa del transvestment, esa idea que fuiste a "aprender" a Europa. Según tú, pinche mamón, allá no te juntaste con europeos porque andabas muy decolonial. Hangeaste con los “p.o.k.emones” (el término viene de P.O.C. —People of Colour—, que si lees de corrido suena a lo que en notación fonética internacional sería /ˈpok/, de ahí que les digamos Pokémon, ¿verdad? Muy listillos nosotros; aunque con lo faltos de melanina que están los naturales de allá, hasta nosotros, güeros-de-rancho-nalgas-miadas, pasamos como POC, pokemones listos para ser capturados por el mercado de las identidades que predomina en las industrias culturales).
Te juntaste con esos pokemones por afinidad estética —y sí que la había—, pero los abismos eran profundos. El más hondo: tu propia militancia, incomprendida incluso por ti. Al final, dejaste de hacer cosas que pudieran llamarse arte; eres autocomplaciente y preferiste huir. Encontraste mil razones para no “hacer arte como la gente blanca”, eludiendo tu propia blanquitud. En medio de esa fuga y autosabotaje reformista, te topaste con el transvestment de los indonesios, y dijiste: “Simón, eso hago yo: desviar fondos a otros cauces”. Te la tragaste completa. Te sirvió para justificar tu existencia mediocre en un mundo del arte que no te daba cabida: entre los pokemones, eras o el más hetero o el más blanco, o ambos. En ese liberalismo multicultural, nadie entendía tu marxismo serie B. Por eso abrazaste la transversión como salida.
Y así, cuando llegó la invitación de la Bienal FEMSA, dijiste que a huevo. Sabías que te llamaron por ser de León, no por tu trabajo. En una bienal satélite, necesitaban fauna local de esa jungla panista, y tú eres de los pocos artistas que salieron de ahí (y que al chile se fueron porque está culero, ¿no?). La cosa fue que, aunque mucha de tu obra se ha hecho en León, tu chow no es identitario. Pero le entraste de todos modos, a ciegas, sin un plan.
La verdad, no tenías idea de qué hacer. Dijiste que sí semanas antes de que iniciara el genocidio en Gaza, en septiembre de 2023. Ya estabas enterado de la ocupación. Tu amigo palestino en la Rijksakademie te contó de primera mano la violencia del Estado de Israel. Viste en vivo y directo cómo opera el lobby sionista en la cultura europea, tanto en la Rijks como en la documenta fifteen. Conocías el BDS. Aunque la magnitud de lo que estaba por pasar en Gaza aún no se dimensionaba, ya habías aceptado trabajar con FEMSA. Y Coca-Cola es parte de las marcas enlistadas en el BDS.
Pensabas hacer un transvestment bien hechecito. Pero te faltaron tanates para confrontar a FEMSA. Tu cobardía, me decías, era “estratégica”. Creíste que reirías al último, que un pequeño triunfo justificaría recibir dinero de un corporativo podrido. Esas élites se han reído de los tuyos desde antes de que nacieras, y seguirán riéndose después de tu muerte. Tú fuiste un chico Tec. Aunque lo quieras olvidar, eras 200% talento y no le tenías miedo a las alturas. Un año en el ITESM, campus León, te curtió. Ahí descubriste tu desprecio por las clases altas, los criollos, los whitexicans. No era rencor, era conciencia de clase —y la tuviste a los 15 años, leyendo Marx para principiantes—. Desertaste porque viste que ese sistema educativo formaba trabajadores para las empresas de los dueños de la escuela. No querías estar ahí, ni con una beca del 80%. Tus padres hicieron un esfuerzo sobrehumano, tu papá creyó que esa escuela te daría la movilidad social que él siempre quiso. Y, para sorpresa de todos, encontraste una versión más glamurosa de ese proyecto en el arte contemporáneo, trepador.
Precisamente por haber sido chico Tec, pensaste que la bienal era una oportunidad para lidiar con el fundamentalismo capitalista de esos institutos tecnológicos y su simbiosis con la identidad leonesa. Ser leonés es ser panista. Si eres morenista, eres chilango. Y por el anticomunismo cristero y libertario del Bajío, nadie quiere ser chilango. La izquierda whitexican chilanga no tiene herramientas para entender al “pueblo malo”. No vislumbra que existe un pueblo de derechas. Basta oír a los intelectuales de la 4T interpretar los corridos tumbados. Daniel, tú vienes de la cuna del sinarquismo. Creciste en ese “pueblo malo”, entre cholos y neocristeros. Por eso calculaste que podías contar con ellos para hacer artes populares del pueblo malo. Te encanta llevar la contra a la sensibilidad oficialista. Por eso recurriste a tu hermano mayor. Y pensaste en el neoliberalismo desde abajo, porque Verónica Gago te ayudó a entender lo que tú y tu familia hacían como una consecuencia no controlada de la economía de mercado. Efectos indeseables, inMaduros, desechables: mutaciones de un capitalismo global hecho exclusivamente a imagen y semejanza de la blanquitud protestante, sin fisuras, sin estrías. Como esos changarritos que los OXXO han ayudado a borrar.
Cuando te saliste del Tec querías ser guerrillero. No lo sabías en ese entonces, pero miembros de la Liga Comunista 23 de Septiembre estudiaron en el Tec. La misma Liga que intentó secuestrar al fundador de FEMSA, Eugenio Garza Sada, y lo terminó asesinando. La avenida donde está tu prepa Tec lleva su nombre. Todas las calles de la zona norte de León, la zona rica, tienen nombres de la derecha mexicana. Te contó un colega regiomontano que el empresario escribió textos anticomunistas bajo el seudónimo de Gustavo Narrina, que se conservan en bibliotecas del Tec. Y con eso iban a hacer una pieza tú y tu amigo Gus. Hasta tu novia, Diana, te facilitó la imagen de una garza asada. Pero te dio culo meterte por ahí.
Luego recordaste cuando la bienal FEMSA era un concurso bianual, con condiciones abusivas: si seleccionaban tu obra, tú pagabas el transporte. Recordaste que una vez quisiste mandar una escultura, el espacio negativo de una muela que se te pudrió por tanta Coca-Cola, y no la mandaste porque no tenías dinero para el envío. Para la 15ª bienal, pensaste en retomarlo: usar el dinero para hacerte dos implantes de muela. Hacer un transvestment y reparar un daño que te hizo la empresa. Luego te imaginaste muy salsa presentando un performance sorpresa. Una conferencia tipo ventrílocuo con los dientes ya arreglados para sonreír y discurrir sobre las condiciones de producción de una coca. Desde el despojo del agua (¿acaso la verdadera voz de la montaña no está en las burbujas del refresco?), hasta la complicidad de Coca-Cola con la ocupación sionista, el fundamentalismo de mercado del Tec, el sinarquismo leonés absorbido por los empresarios, la guerra sucia de los 70, el anticomunismo como piedra angular de los usos y costumbres del bajío, y dos muelas podridas.
De este planteamiento, estratégicamente sólo compartiste lo de la escultura para arreglar tus dientes, que titulaste Morder la mano invisible que te da de comer. Y, obvio, no pasó el filtro.
La propuesta aceptada fue hacer una fiesta en el Mercado Echeveste: el Echevefest. Hay que anotar que este no es un mercado bonito, de pueblo mágico y productos orgánicos, como algunos de la CDMX que practican mayordomías y esas cosas de respeto que tanto folclorizan las izquierdas whitexican. No, ese mercado nuestro es zombi: medio vivo, medio muerto. No te voy a comentar en detalle el proceso de planeación y gestión del Echevefest porque solamente hay 15 minutos. Vamos a saltar en chinga a la inauguración de la bienal.
En mayo, durante la exposición en salas, te limitaste a mostrar el proceso de co-organización de la fiesta que sucedería el 17 de agosto con una escueta investigación sobre la historia del Mercado Echeveste: el mercado que dio sustento a tu familia. Ahí, en el espacio de exhibición, tímidamente denunciaste cómo las cadenas OXXO han contribuido al cierre de tienditas familiares. Y lo más que te atreviste fue a montar unos QR para que la gente se uniera al Comité de Solidaridad con Palestina de León, del cual tu hermana forma parte. Habías preparado un mensaje contundente para la inauguración, pero te asustaste. Por eso ni fuiste y te quedaste en casa de tu mamá. A la mejor te fuiste a esconder por no haber tenido el coraje de leer el siguiente poema.
Interrogatorio a una Coca-Cola afuera del refri
Tengo curiosidad de saber lo obvio:
¿por qué estás tan sabrosa?
¿de qué estás hecha?
¿o ni tú misma sabes?
¿o te demandan si me dices?
Ándale, dime.
¿Te imaginas si tu fórmula no fuera secreta,
si cualquiera pudiera prepararse una fría Coca-Cola,
como se hace el tepache de piña (libre de genocidio)
o la cebadina aquí en León (libre de apartheid)?
Si tu receta fuera desbloqueada para uso común,
¿no serías más tú misma?
¿o hasta sabrías tu verdadero nombre?
Porque no te llamas Coca-Cola, ¿cierto?
Ese no es un nombre, es una marca.
O, al chile, ya dime
¿Eres creyente de ese delirio gringo de la autenticidad?
¿De que hay originales y piratas? ¿De que hay trademarks?
A ver, ¿en cuál de las burbujas que siento en el paladar está tu copyright?
¿A poco no te gustaría sacar a tu fórmula del clóset?
Coquita, se te ve a leguas que eres de izquierdas.
¿Por eso vistes colores rojinegros, edá?
Sin embargo, me hago a la idea de que tus patrones no te dejan decirme tu secreto.
Ni que fueran pendejos o, peor aún, comunistas.
Son bien truchas, bien gandallas.
Darwinistas: pura supervivencia del más fuerte.
Pero mira, es que así como te fabrican en este momento en el capitalismo,
bajo la propiedad privada de los medios de producción
y de la propiedad intelectual
y bajo la explotación de la fuerza de trabajo de la clase obrera
y de los recursos naturales,
¿no se te hace mucho cagadero para hacer un pinche refresco?
¿Está muy pasado de lanza, no?
¿No crees que se gastan muchos litros de agua y toneladas de vidas para producirte?
¿Qué tan íntimos amigos de los malos gobiernos
han de ser los empresarios que hoy te fabrican,
que hasta les han entregado el agua que es la voz de las montañas?
Y vámonos más lejos:
¿Cuántas fábricas de Coca-Cola hay en los territorios palestinos ocupados
por el Estado genocida de Israel?
Y vámonos más cerca:
¿Cuántas montañas se quedaron mudas, sin voz,
sin agua aquí en México por embotellar cocas como tú?
¿Tú sabes quién de tus CEO se va a hacer responsable
por las botellas de plástico zambullidas y atracadas en los ríos?
Pero dime:
¿sabes que todas las ganancias que hacen contigo
son acaparadas para un pequeño grupo de familias criollas del país,
esos que ahora atinadamente llaman whitexicans?
¿Tú defenderías que esos ricos son ricos porque han trabajado mucho?
¿o porque lo han heredado todo?
Dicen que desde la Invasión Española son los mismos amos:
la raza del dinero.
Y que, de acuerdo a sus usos y costumbres, su único Dios es el dinero.
No obstante, yo te quiero plantear un bello escenario,
que la miopía ideológica tacha de utópico,
pero que es más realista que todo el capitalismo realmente existente.
Dime, ¿qué pasaría si los trabajadores de Coca-Cola se organizan
y se vuelven los dueños de los medios de producción?
¿A poco no estaría chido poder trabajar para el común y la no-propiedad,
tal como formulan allá en las montañas del sureste?
Y me preguntarás, ¿y pa'qué expropiar la propiedad privada de los capitalistas?
Si los empresarios no son tan peores,
al contrario pueden ser héroes,
generar empleos, promover desarrollo, propagar riqueza
y hasta repartir una ínfima parte de sus ganancias en obras de caridad
y organizar eventos de arte y cultura,
hasta financiar bienales de arte contemporáneo,
como esta bienal de FEMSA.
Pero aguanta, figúrate:
¿qué pasaría si los técnicxs, artistas, curadorxs, administrativxs,
que trabajamos para esta bienal de arte,
lo hiciéramos bajo un modo de producción anticapitalista?
Uno más justo, más libre, más democrático.
¿Qué pasaría si los trabajadores que producen
y distribuyen estas cocas fueran dueños de sus medios de producción?
¿Y si con las ganancias hicieran una bienal de arte?
¿cómo sería esa exposición?
¿cómo cantaría esa otra montaña?
¿qué voz tendría?
Y otras preguntas sueltas para el futuro que va a venir:
¿Cambiará el sabor de la Coca-Cola una vez que Palestina se libere?
¿A qué sabrá una Coca-Cola zero sionismo, zero capitalismo, zero colonialismo,
zero genocidio, zero ecocidio, zero patriarcado?
¿A qué sabrá la Coca-Cola una vez que los pueblos del planeta se emancipen?
¿En ese escenario que vamos a ir construyendo,
en apenas unos 120 años,
habrá todavía Cocas-Colas o puras Colas-Locas
de esas que se pegan con locura? (aaah, sin albur)
Atentamente,
la inteligencia libidinal artificial de dos muelas picadas
—
Y ya luego de ese episodio te frustraste y ya no dijiste nada. Silencio. Te resignaste a terminar bien el compromiso.
La verdad, les quedó chido el evento, el Echevefest. Te dijo irak que se le regaló a la bienal una legitimidad popular que no tenían. La fiesta sucedió cerca de la clausura de la bienal. La armaste en colectivo con tus hermanas, tus hermanos, tu cuñada, tu cuñado, tus sobrinas, tus sobrinos, tus amigos y amigas de Biquini y la banda del mercado.
Y por eso pensaste en cobrarles a los de FEMSA. Dijiste: “Hay que venderles unas basuritas para su colección, y con eso sí arreglarme la boca, ponerme las dos muelas y hacer la chingada pieza del performance crítico de morder la mano invisible del mercado que te da de comer.” Presentarlo con lo del ventrílocuo de la voz de la montaña y la Coca-Cola para el Echevefest 2025. Así conseguirías dinero para el próximo Echevefest y hasta feria para los cuidados de tu papá, quien organizaba las fiestas del mercado antes de enfermarse. Cerrar el ciclo, negocio redondo. Un barroco transvestment, un poético lavado de dinero.
Y estuviste ahí, chingue y chingue por correo. Y finalmente te dijeron que nel. Que no te iban a comprar nada. No tenías un plan B. No había plan B. Pensaste que iba a pegar, que te saldrías con la tuya. Pero no lo lograste. ¿Ahora qué chingados vas a hacer? Y esta pregunta no es únicamente para ti. Es para toda la gente que se dedica a este pedo del arte contemporáneo y está opinionada hacia la izquierda.
¿Cómo le vamos a hacer pues?
¿Cuándo nos vamos a organizar para generar estructuras que no dependan exclusivamente de capitales privados o públicos?
Por ejemplo, ¿cómo sería una bienal de arte contemporáneo organizada desde otros valores?
Paradójicamente, a les artistas se nos exige performear la pureza moral que las élites empresariales y políticas ya ni siquiera pretenden. Se habla de que la era de la discrepancia del arte en México ya fue. Pero ¿realmente hubo discrepancia?¿O lo que existió fue un consenso? Un consenso de que la esfera “relativamente” autónoma del arte contemporáneo era posible únicamente dentro de la estabilidad económica propiciada por las democracias liberales occidentales, que a su vez dependían del sionismo y de otras cosas horrendas. Y mejor calladitos con esos temas, para no sonar anacrónicos o extemporáneos.
Sinceramente, creo que la era de la discrepancia está por venir.
* Texto leído el 20 de noviembre de 2025 dentro del seminario Crítica de arte en América Latina: agentes, redes y teorías, coordinado por Rita Eder y Jorge Lopera, IIE-UNAM, en el Auditorio del MUAC.
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Texto publicado el 9 de enero de 2026.