una historia verídica









Un usuario, en un momento de frustración, ha forzado la puerta.  Las cámaras de vigilancia no le disuaden.

La puerta sólo tiene un punto de cierre, por lo que es posible que sepa, de experiencias anteriores, que es fácil abrirla de ese modo.

De paso se lleva el selector.























La propiedad repara la puerta como puede, seguramente sin pensar que al hacerlo está asumiento la responsabilidad del fabricante en el improbable caso de un incendio.

La holgura entre las hojas ahora es mayor: si no cierra tendrá que golpear las bisagras hasta ganar unos valiosos milímetros.


























Acercándonos desde arriba se aprecia que la puerta no cierra por los golpes de los usuarios: soldaduras para enderezar la hoja.

Lo del selector vino después.

























Con sentido pragmático, algún empleado decide que es mejor proteger la puerta, que el edificio y sus usuarios.























Este problema se repite cada día.


Aljora ofrece puertas cortafuegos en una y dos hojas, fabricadas en acero de alta dureza y resistencia al robo hasta grado 4.



Comments