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Andoni: el maestro que siempre quise tener

No hay quien haya sido alumno de Andoni Garritz Ruiz, que no hable maravillas de él; anécdotas de sus deslumbrantes clases sobran.

Me empecé a fijar en él justamente a partir de esas anécdotas; lo recuerdo bien trajeado allá por los finales de los años 70 del siglo pasado, cuando era un joven jefe de la División de estudios superiores. Todo lo que oía de él eran comentarios asombrosos: aparte de impartir Fisicoquímica I, daba clases de Cálculo avanzado, ¡pero su formación era ingeniero químico!; decían los chismes que no lo habían admitido en PEMEX, porque en el examen de admisión no había tenido un solo error. Me platicó uno de sus compañeros de generación que no sabían cómo le daba tiempo de todo: estaba en la estudiantina, jugaba frontenis y aparte llevaba un promedio altísimo.

Lo que sí me consta es que escribía como todo un escritor, sus editoriales en la Gaceta cuando él era director de la Facultad de química, eran hermosos aparte de brillantes; a menudo me pregunto cómo es que algunos seres humanos reúnen tantas dotes; Andoni, como se refieren a él sus alumnos, fue uno de esos escasos seres.

Cuando estudiaba yo en la Facultad, siempre tuve ganas de entrar como oyente a alguna de sus clases; nunca lo hice, nunca crucé palabra con él, pero todavía guardaba el sueño de que ahora que me jubilara iría precisamente a tomar clases con él. Andoni fue el maestro que siempre quise tener.

Fernando Thomas Velázquez
Ingeniero químico
Generación 1976-1980