I
Una tarde, en este olivo, morían sus ojos verdes, mustios de ver, de muerte, de verde niñandad que muere, de verdes aves perdiéndose como deseos etéreos. Una tarde, morían, por los gozos herejes de algún lejano y ardiente infiel entre los infieles atardeceres ausentes. Infiel entre ronroneos de fuegos fatuos monte, muerte, infancia fugada. Atardecer de su ingenua, de su verde mirada, perdiéndose para siempre por los campos callados de su presente sin dioses, dolorido, profanado. Una tarde volaron, hasta este olivo volaron como palabras al viento las verdes aves de su infancia.
II
soledad soluble _______________ soluble soledad
soledad salada ______________ salada soledad
soledad marítima ________________ marítima soledad
III
et et et et caetera- realidades tan absolutas y leves como el vuelo de una mariposa- imprudencias cortantes- gran oleada de ángeles negros, de muros, the scream, de angustias ígneas, de verdad, de la fuerza olvidada de un fantasma axiológico fuera de mí hasta hace unos minutos, ¿por dónde entró?, no lo sé‚ pero entró de golpe y trajo consigo el pasado demoledor, cruel, único, desidioso; trajo consigo el descalabro de la fantasía. Siempre pensabas que resistiría el vuelo de una mariposa. Pero un trémulo y frágil batir de alas se llevó, entre aquellas motas doradas de desilusión, una mentira pusilánime que parecía moldearse, parecía moldear sssss ss e
IV
Te recordaba entre girasoles balanceados bajo un mar leve, llegaste en el último sueño, taimado y certero, arrumando el amanecer de aquellos ángeles aletargados y cándidos. Voluptuosamente eter nidad, eternidad nuestra.
Eternidad celeste, sutil, ajazminada, que guardé tras una gota de fresco rocío. Eternidad agotada de verte partir. Quise volver, volver, volver interminablemente. Y estás difuminándote en la horrible mañana.
Inventaste aquella noche tan real y azulada para colorear todo el subsuelo de mis ojos, para embriagarme con cada anhelo de tu existencia, diluir nuestro silencio en un ramo de azucenas y deshojarme, poco a poco, de madrugada.
Yo te espero, cada noche, como a los rumores que sostienen las horas con alfileres blancos. Nunca fue tan real una sombra en el límite, jugueteando en la alcoba de mis mitos nimbados, raptando cada aurora mis ilusiones frescas.
Dime por qué dejas en un alféizar plateado mis deseos y me abandonas. Dime por qué eres tan real, tan irreal como ese horizonte añil que nos une, nos separa y me enloquece. Dime: ¿Qi tuelle-me ma alma? ¿Qi quere ya ma alma?
Víctor Biehler
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