En el más absurdo de los tiempos.
En el más absurdo de los tiempos, la vida, el futuro se hace presente entre sutiles suspiros de felicidad. Se va recorriendo el camino entre la amenaza incesante de los lobos. Y se aproxima la nada y su rotunda sentencia persiguiendo egos insignificantes; que arrastra con su máxima fría y eterna. Y violenta, despiadada, va sacrificando, como el animal que devora sus crías, las débiles creaciones aterrorizadas que ignoran el contenido de sus oscuras vísceras. A unos ojos de profunda mirada. Dulce alba en la noche estrellada, quien fuese el suelo que tú pisas, quien fuese el destino de tu mirada, quien fuese una leve brisa para poder acariciar tu cara. Experimento. En el mundo hay un país, en el país una ciudad, en la ciudad una casa, en la casa un jardín, en el jardín un invernadero, en el invernadero una mesa, en la mesa una maceta, en la maceta un rosal, en el rosal una rosa, en la rosa una gota de rocío, en la gota de rocío un mundo, en el mundo un país, en el país una ciudad, en la ciudad un puerto, en el puerto un mar de lagartijas y sapos en el que navegan barcos de plástico que se llenan de sangre, en un barco había un plátano, un plátano verde. En el puerto también había un centro comercial y en el centro comercial una tienda, y en la tienda una mujer, y en la mujer una mano, y en la mano un espejo, y en el espejo sus ojos, y en sus ojos el puerto, y en el puerto un mar de lagartijas y sapos en el que navegan barcos de plástico que se llenan de sangre, sangre de bichos mutilados. En el puerto también había un niño y en el niño había un barco de papel con un soldadito, y el barco cayó al mar, y el barco salió del puerto, y el soldadito navegó, pero comenzó a arreciar el viento y una ola lo lanzó lejos, y el viento lo llevó aún más lejos y lo cogió el señor gaviota y salieron de la ciudad y aún se alejaron más, y salieron del país, y aún se alejaron mucho más, y salieron del mundo, y el soldadito viajó entre las estrellas hasta llegar a un pequeño planeta; y en una nube pastaba una vaca alada. El señor gaviota soltó el barco y el soldadito comenzó a caer y llegó otra vaca y se comió su barco, pero el soldadito no murió porque llevaba paracaídas, y bajó hasta una playa donde se quedó a vivir acompañado de los nativos de la isla, reflexionando en las noches de arena fresca, de ojos y de estrellas, escribiendo y recordando aquel barco de papel, aquel mar de lagartijas y sapos en el que navegan barcos de plástico que se llenan de sangre, aquella mano, aquel niño, aquel puerto, aquella ciudad, aquel país, aquel mundo, aquella gota de rocío, aquella rosa, aquel rosal, aquella maceta, aquella mesa, aquel invernadero, aquel jardín, aquella casa, aquella ciudad, aquel país, aquel mundo, esta hoja de papel, esta persona que la mira. Viaje. Dios o nada. Dios o nada. El ave muerte baja desde el cielo. El crepúsculo en la noche. Una gorda hawaiana con una gran braga, gran braga que pasa a ocultar el espacio entre dos dedos que hacen los cuernos, que pasan a adornar un casco dorado ornamentado de ornamenta. Rimas. En la noche azulada siento cerca tu ternura, como el lobo que aúlla siente cerca la luna. En la noche azulada los astros llenan el cielo como llenan mi almohada tus ojos y un sueño. Sueño poder algún día pasear junto a mi amada bajo la luna llena de la noche azulada. No llores, mi niña si alguien te dijo no, porque si te ve triste también llorará el sol. Libélula convaleciente en la casa de las conchas: Necesito estar en la atmósfera ingrávida en la que el alcohol me anestesia, ahogarme en el planeta botella en el que todo se olvida. Necesito entrar en esa dimensión en la que tú me miras. Una copa, unos ojos y valor para darle sentido a la vida. Viento tibio, mar en calma, tras las montañas se caen el púrpura y el naranja, difuminado de nubes y de cielo en la bahía de Málaga, difuminado como el anhelo que recorre mi alma. Es por ti que ya no hay tiempo para el loco que te escribe. Es por ti que ruge el viento en el barco que dirige mi cabeza hacia los sueños. Es por ti que veo nevadas donde solo había almendros. Es por ti que están grabadas las palabras que yo siento. Como un susurro de ángel, como una caricia de sol, como una pequeña manta noto llenando mi interior aquella simpática mirada que una noche afortunada una estrella me lanzó. Noche de San Juan. Tras el atardecer dilatado llega la noche de fiesta. En mi cuarto encerrado entre papeles de tormenta pienso en el último verano en que tal noche como esta pude estar a su lado aunque muy lejos de ella. Aquella noche malvada en que fui arena en la arena, aquella noche traidora ¿será mejor que esta?. Hoy al menos no está cerca para embravecer mis venas con su cálida presencia. Pero hoy hay luna llena y sé que la ha mirado pues embravece mis poemas. En nebulosas orillas ajenas. En nebulosas orillas ajenas, opuestas a mi lado de la bahía, un barco muerto en nubes de barrena que el cielo en la mar vacían descansa entre el ser y no ser de una atmósfera caliente y pesada. Se oculta y vuelve a aparecer cohabitando entre el "es" la nada, siendo Fénix de metal que entre dos azules se apaga: azul de mar estático y cielo claro, prendados de una luz eterna que deja la gran estrella en sus últimos suspiros dorados. Nada el barco, nada solo, arropado de montañas, bajo el aire caluroso que le acaricia y le tapa. Y las gaviotas lo rodean, y las gaviotas lo acompañan, van despidiendo al navío que sale del puerto de Málaga. Anochecer desde mi balcón. Aún muere el sol al oeste y ya veo un lucero, una nube y una farola, un árbol y la baranda de mi balcón. Inmerso en un aire cálido y ligero, e inmerso en palabras de un sueño. El sol desagua tras las montañas albero de las últimas olas que llegan a la orilla del día, y las últimas nubes rasgadas de fuego yacen como palomas inertes que penden del cielo. Entre las ramas del eucalipto aparece un hilito curvado de luna, como una fina hamaca luminosa en la que tal vez se siente un poeta lunático que se mece entre las hojitas de mi árbol vecino. Se escurren entre los montes las últimas gotas de albero y sin aprecio del tiempo, ya ha cubierto el mundo la noche. El mar es noche, el árbol es noche, la sombra de mi baranda es noche y el cielo... casi es noche. Aún escurren unas gotitas de albero de las últimas olas que llegan a la orilla del cielo. Recorriendo la costa parpadean como el fuego las hileras de bombillas que iluminan los paseos. Málaga baila abrazada al mar y son sus collares de perlas. Y sus susurros... la brisa. Y sus caricias... las olas, que reflejan las estrellas. Ya cayeron las últimas gotas de albero tras las orillas del cielo. Los enamorados se han arropado de noche, aunque no los vea, lo sé: los enamorados se besan. Porque la luna ríe entre las hojitas del eucalipto y se estremecen las almas de los poetas Víctor Biehler |