Nací muy lejos de esta tierra sedienta que se abre en vergel, oasis de vida, donde las vidas tienen sentido propio.
Soy inmigrante y me siento orgullosa de serlo porque haber emigrado me permitió conocer un lugar sin tiempo y sin prisas; una ciudad recogida en siglos de historia, que se sacude en un presente de transformaciones para llegar al sitio que el futuro le reserva: ser grande, sin dejar de ser la pequeña joya que un día llamaron la Urci Mediterránea.
Soy española, y ello lo considero un honor y un entorno de deberes que acepto gustosa para con la nación que hoy es joven en su madurez.
Soy periodista, como tal defiendo la independencia del informador y la libertad del periodismo responsable y desacredito de la profesión, a aquellos que ignoran el significado de la palabra respeto.
Amo las letras y disfruto escribiendo.
Me apasiona la que se conoce como la industria de la paz: el turismo y me esfuerzo por su crecimiento, tanto en la aglomeración de un gran centro turístico, como en la paz solitaria que brinda la naturaleza en su máximo exponente.
Me comprometo con lo que creo y creo en lo que me comprometo. Ninguna materia puede estar alejada del pensamiento de quién se implica con las necesidades y los sueños de sus vecinos, los de cerca y los de lejos, los que piensan igual y los que difieren en la opinión.
¿Quieres conocerme? quizás no sea tan difícil como yo misma algunas veces creo.
Soy amiga de mis amigos y amo la vida porque la vida me enamoró desde Almería en la persona de Enrique, un alma como la mía, que un día extendió la mano sobre la inmensidad del Atlántico y me atrajo desde mi Uruguay.
Graciela Vera
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