| | Han pasado diecinueve años desde cuando se empleó por primera vez la toxina botulínica tipo A, mundialmente conocida como Botox®. Aunque en sus inicios se le dio un uso exclusivamente médico, con el paso del tiempo se ha hecho famosa por sus propiedades cosméticas. El boom de la también llamada “nueva fuente de la eterna juventud’, sólo equiparado con el que ha tenido el Viagra®, ha durado más de una década y pasó de curar el parpadeo incontrolable y el estrabismo, a ser la fórnula preferida de millones de hombres y mujeres para hacerles el quite a los signos de la edad.
La Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA) aprobó el medicamento Botox® en 2002 para tratamiento cosmético de las arrugas que aparecen entre las cejas en personas de 18 a 65 años. Esta toxina, que se extrae de la bacteria Clostridium botulinum, no es perjudicial en pequeñas dosis. “Aunque las bacterias pueden causar enfermedades graves, los médicos han descubierto que una sustancia química presente en el Botox® puede contribuir al tratamiento de algunos problemas de salud”, asegura la Oficina para la Salud de las Mujeres de esa institución. Según un informe publicado por la agencia de prensa EFE, Allergan, la farmacéutica creadora del medicamento, “vendió productos a base del Botox® por más de 300 millones de dólares en 2007, aunque no se ha detallado qué parte fue utilizada como tratamiento cosmético y qué parte como fármaco”. En Colombia, Luis Felipe Pardo Posse, presidente de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica, dice que “de cada cien pacientes, 40,6 por ciento solicita toxina botulínica”. La toxina ha sido aprobada por el Invima en las siguientes presentaciones: Botox®, Dysport®, Lantox® 100U y Lantox® 50U. Avances médicos Se tiene conocimiento de que la toxina botulínica A ya se empleaba desde 1980 en diversas especialidades de la medicina, como oftalmología y neurología. Además, antes que se otorgara la licencia de la toxina para uso cosmético se había aprobado su empleo en tratamientos de ciertos problemas del músculo ocular. Pero fue precisamente en ese procedimiento que el laboratorio Allergan encontró que la toxina también funcionaba para tratar algunos tipos de arrugas y decidió sacarlo al mercado con la promesa de “borrar los signos delpaso de los años de la piel en cuestión de minutos, sin bisturíni anestesia”. Pero los beneficios no se han quedado en lo estético. En la medicina se han hecho importantes descubrimientos que evidencian la aplicabilidad para tratar otros problemas de salud como la sudoración severa de las axilas y la distonía cervical (contracciones musculares de cuello y hombros). Incluso recientes divulgaciones científicas señalan que el uso de la toxina se ha diversificado hasta el punto de que sirve para tratar problemas comoincontinencia urinaria, migrañas, codo de tenista (epicondilitis lateral), trastornos de los músculos, obesidad mórbida y úlceras. Todo con las mismas inyecciones rejuvenecedoras. Los múltiples usos de esta toxina le han valido todo tipo de calificativos. El cirujano cosmético Jean Carruthers, profesor en la Universidad de British Columbia, Canadá, dijo que el medicamento puede ser considerado la “penicilina del siglo XXI”por su versatilidad en el tratamiento de enfermedades muy distintas. Y un paciente de la Unidad Dermatológica Láser de Pereira considera que esas inyecciones son “la felicidad en un frasquito”, según contó el doctor Hernán Duque, director de la Unidad, en una entrevista. Unas de las directrices más recientes que existen sobre esta toxina fueron las divulgadas en mayo pasado por la Academia Norteamericana de Neurología que aseveran que “la toxina botulínica es segura y efectiva para prevenir la sudoración excesiva de las axilas y las manos y tratar muchos trastornos involuntarios de los músculos”. Sin embargo, según la revista Neurology se pone en entredicho la efectividad del medicamento para “combatir migrañas y cefalea tensional crónica”. Markus Naumann, jefe del Departamento de Neurología del Hospital de Augsburgo, Alemania, y autor de las directrices sobre el dolor, dice: “Con la información que disponemos actualmente no se deberían ofrecer inyecciones de toxina botulínica a los pacientes de migraña episódica o cefalea tensional”, pues “no es mejor que las inyecciones de placebo para ese tipo de dolores de cabeza”. Sus afirmaciones son contrarias a los resultados de hace tres años de la reunión anual de la Sociedad Norteamericana de Dolor de Cabeza que consideró trece estudios que demostraban el beneficio de la sustancia en casos relacionados con cefaleas. Uno de ellos fue realizado en la Clínica Mayo de Arizona donde se examinó a 48 pacientes y la mitad manifestó que la aparición de migraña se había reducido en un cincuenta por ciento o más al aplicarse el medicamento. Si bien el estudio de la Clínica Mayo y los otros doce ponen en consideración la efectividad de la toxina para ese tratamiento, los resultados no son concluyentes, como lo demuestran las directrices de la AAN desarrolladas tras revisar y analizar todos los estudios científicos disponibles sobre la toxina botulínica. El Botox® está considerado la alternativa más asequible y menos invasiva y drástica para combatir las arrugas faciales. |
La controversia Si bien está aprobado el medicamento, el abuso ha levantado ampolla. La razón es que la toxina, capaz de desaparecer las arrugas faciales por un máximo de cuatro meses, se ha convertido en un importante producto cosmético aplicado dentro y fuera de las clínicas y se ha denunciado que algunas personas han creado dependencia y adicción. Se ha llegado a un punto en que se olvida que la toxina botulínica es un medicamento, no un cosmético más. Por la elevada comercialización y la creación de las llamadas “fiestas de Botox®”, la comunidad médica está en alerta, ya que no sólo se consiguen en el mercado inyecciones adulteradas sino que también, en busca de bajos costos, es posible encontrarla diluida, o en el peor de los casos reemplazada por aceites comunes. Además las mal llamadas fiestas” han hecho posible que un grupo de personas se reúna en una casa y mientras beben cocteles son atendidos por un médico que les inyecta la toxina. Como en todo negocio, afirma Carol Lewis en su artículo A look at looking good, los descuentos por comprar mayor cantidad pueden encontrarse también en la medicina. Por eso los “fiesteros” obtienen inyecciones para ahorrarse el costo de la clínica y en algunos casos comparten ampolletas entre dos personas para reducir a la mitad el precio individual. Ella Toombs, oficial médica dermatológica de la Oficina de Cosméticos y Colores de la FDA, dice que esto es inadmisible porque se trata de una droga de prescripción que debe ser administrada por un médico calificado en un ambiente clínico apropiado. El doctor John Gaviria, miembro de la Sociedad Colombiana de Dermatología, refuerza esta posición en una entrevista publicada por el diario La Prensa, de Honduras, al asegurar que si bien “la toxina botulínica es una sustancia segura y muy eficaz para combatir los efectos del envejecimiento, sólo los médicos cuentan con los conocimientos y la experiencia para aplicarla”. |