Mi punto de vista respecto al referéndum para decidir por una Asamblea constituyente es contradictorio.
Por un lado entiendo la necesidad de una Asamblea constituyente como único mecanismo real de cambiar las actuales estructuras institucionales enajenadas en buena medida al poder político de León Febres Cordero, pero por otra parte, veo muy peligroso el estatuto a ser aprobado en el que se establece plenos poderes para la Asamblea.
Es contradictorio que la Constitución que la Asamblea de plenos poderes dicte, deba ser aprobada en plebiscito posterior. O sea que la Asamblea tiene plenos poderes para todo menos para aprobar su propia Constitución para la que supuestamente va a ser elegida.
Lo anterior no hace sino desnudar la verdadera intención de tal Asamblea que no es otra que la de acabar con todos los actuales poderes del Estado, acaparándolos, con excepción obviamente del ejecutivo, por mucho que Correa diga demagógicamente que pondrá su cargo a disposición cuando esto es precisamente lo que busca: plenos poderes.
Esto es muy peligroso: un país en manos de 130 asambleístas y un presidente, profundamente politizados, que pueden hacer y deshacer sin Dios ni ley, sin limitación alguna y sin el marco de una Constitución vigente.
Una Asamblea que podría desde cambiar el nombre del país (lo cual no tendría mayor importancia) hasta, por ejemplo, eliminar la dolarización de buenas a primeras por razones políticas de barricada, sin un estudio técnico de conveniencia y sin prever los mecanismos y pasos necesarios para no colapsar la economía.
Una Asamblea de plenos poderes que erigida en poder judicial podría iniciar una cacería de brujas donde podrían caer justos y pecadores sin derecho a defensa alguna (algo así como los tribunales populares de los tiempos de la revolución cultural de Mao, que tantas injusticias cometieron.
Mientras la economía del país y las inversiones paralizadas en un año de elecciones primero y de incertidumbre política luego, afecte inevitablemente y sobre todo, el bolsillo de los más pobres.
Porque no podemos cerrar los ojos a esta realidad. El solo gasto público no puede mantener y crear puestos de trabajo suficientes. La gran mayoría de ellos pertenecen al sector privado y éste, en una atmósfera de incertidumbre e inestabilidad, no invierte y no los crea, al contrario, los elimina.
Ya ha pasado esto en estos primeros tres meses del año. Los depósitos bancarios han disminuido en más de doscientos millones de dólares, el empleo adecuado ha caído en Quito a índices alarmantes con una caída de 47 mil empleos formales solamente en el mes de febrero en relación a enero. Por lo que de 47.000 empleados formales, 39.000 cayeron al mercado informal y 8 mil perdieron su empleo.
No ha habido en años tan pocos empleos formales en Quito. En Guayaquil, 44.000 mil trabajadores del mercado formal perdieron su empleo y de ellos 33 mil lo encontraron en el informal mientras que otros 11 mil quedaron desempleados en febrero respecto a enero.(Fuente: BCE, “Boletín de precios, salarios, empleos y mercado laboral”).
Lo anterior no es sino una muestra de lo que significará para el sector más sensible del país un año de inestabilidad e incertidumbre política.
Hay una atmósfera de que la Asamblea será la panacea para todos los males y una mentalidad reinante de acabar con todo. Yo le veo muy peligroso. Yo sé que las revoluciones y las grandes transformaciones tienen un costo, pero es mejor si ese costo puede evitarse.
Lo ideal hubiera sido lo que originalmente se propuso: una Asamblea elegida con la única finalidad de aprobar una nueva Constitución a ser ratificada en plebiscito.
Esta nueva Constitución podría haber transformado todas las instituciones del Estado, modificado los procedimientos para sus nombramientos y establecido nuevas elecciones y nombramientos a todo nivel (órganos judiciales, legislativos y de control), en orden, reemplazando a la Constitución anterior a partir de su vigencia, sin dejar al país durante un año sin Constitución ni leyes en manos de 130 personas con plenos poderes totalitarios.
Todo totalitarismo es muy peligroso en manos de quien esté, ya sea de alguien de extrema izquierda como Stalin, de un socialista nacionalista como Hitler o de extrema derecha como Pinochet, porque el poder corrompe (y no necesariamente en lo económico).
Un totalitarismo es algo que no podemos admitirlo bajo ningún argumento por altruista y bueno que sea y por mucho que esté en manos de un hombre bien intencionado, inteligente, preparado, con liderazgo y con buenas ideas como Correa que, por otra parte y desgraciadamente, es primario, impositivo, absolutista e inmaduro.
Qué lástima que este líder, éste sí capaz de minar el poder de Febres Cordero, haya cometido el error de convocar a una Asamblea de plenos poderes.
Es el único “pero”, desafortunadamente, decisivo, porque el fin no justifica los medios y menos un medio tan peligroso.
Yo manifesté mi opinión contraria a una Asamblea constituyente aun antes de las elecciones porque creía entonces y sigo creyendo ahora que la calentura no está en las sábanas y que ni la culpa de los males del Ecuador está en la Constitución actual ni su solución en una nueva.
Al Ecuador, lo dije antes, le sobran constituciones. El Ecuador está como está por culpa de los ecuatorianos y seguiremos más o menos igual con una nueva Constitución mientras no cambie nuestra mentalidad actual de corrupción que ha destruido las estructuras sociales y políticas del país.
¿Es que una nueva Constitución va a educar y a cambiar a la gente? ¿Es que el nuevo congreso con más del 80% de gente “nueva” fue algo diferente de los anteriores? Y el grupo de diputados de la “dignidad” nacional que ahora están con el gobierno no son acaso los mismos tránsfugas de los mismos partidos políticos por los que fueron elegidos? ¿Y acaso no son más o menos los mismos los que van a ir a la Asamblea? ¿No es Gutiérrez con su PSP quien pretende ganar las elecciones? Claro que sí.
Ya irán apareciendo los “Fouches” que se sumen a última hora al carro supuestamente triunfador de Alianza País y seguiremos, más o menos igual, pasando seguramente de manos de un grupo de poder a manos de otro grupo de poder, pero con instituciones igualmente politizadas que tanto daño nos han hecho, solo que con diferentes actores.
Dejaremos de estar en manos del partido Social Cristiano para caer en manos del MPD y afines, porque ya establecerán que las ternas para la Corte Suprema de Justicia por ejemplo, serán enviadas por la UNE y las centrales sindicales y las federaciones estudiantiles, etc, etc, y seguiremos con la misma politización, yendo de Guatemala a guatepeor.
Creo que este momento lo que menos le conviene al país es una Asamblea constituyente con plenos poderes y por eso yo votaré NO.
Votaría con un “SÍ” rotundo y hubiera trabajado por el sí, si la Asamblea no fuera de plenos poderes.
Debo aclarar que mi decisión no ha sido fácil porque mi corazón y mis principios socialistas (jamás totalitarios) se inclinan por el sí.
Sé que el sí va a ganar, pero cuando las cosas sucedan al menos podremos decir que lo advertimos y tratamos de evitar. Ojalá me equivoque, claro.
Francisco Xavier Luna M.