A sangre y fuego Galaxia Imaginaria Carlos Martínez Aguirre
nació en Madrid. Es profesor de griego clásico. Su libro La camarera del cine Doré y otros poemas fue finalista en 1997 del XII premio de poesía Hiperión. Los poemas reunidos bajo el título A sangre y fuego aparecieron publicados por primera vez en forma de plaquette en marzo de 2006.
Στην Αμαλία I AMOR, en el principio fuimos secreto y nada. Qué cansancio del tiempo fundido en el silencio hasta alcanzar la exacta certeza de sus nombres. Qué lejana quedaba la fiesta de tu aliento No existían las horas ni los frutos. Éramos piedra y polvo. Alma sin ruido. Aves a ras de suelo, desahuciadas, locas por conocer la primavera. Pero tú fuiste riego del alma y las entrañas, y la respiración de bestias y de cosas. Como el heno palpita en el estío y el pino da salud a la mañana tú y yo juntos, con simplemente amamos, dimos forma sagrada a todo lo que existe. IΙ SI LLEGAS como nube que abraza las laderas levantando su trenza con un cordón de pájaros y aprisionado tienes el viento favorable. Si llegas como un cisne de apasionado vuelo y reposas tus plumas en la quietud del lago cansada de seguir el curso del otoño y eres a la vez viento y cisne que acompaña. Si llegas como tela de araña entretejida del tallo a las raíces, quebrada por el aire, y tienes la flor pura, el ámbar del rocío. ¡Oh bienamada! Te amo por el pan de tu frente, te amo por las espigas de trigo de tus piernas, te amo por el racimo ebrio de tu cintura. En ti se abren los campos y respira mi tierra. III AMADA, eres los dientes clavados en mi pecho, amor, eres el pan de la mañana. Amada, de tu cuerpo fue formado el deseo, amor, eres la vaca nutriente y la caricia. Amada, qué delicia el mosto de tus senos, tus pechos son de miel, dos copas luminosas. Quisiera no dormir jamás por tener siempre las olas infinitas de tus pechos. Amor, la luna no hace una cuna tan blanda, amada, surco a surco, espiga tras espiga todo tu cuerpo es campo de batalla. Amor, dame tu seno y déjame que beba, amada, ¿qué adivinan tus ojos en mis ojos? amor, nada tan calmo y febril como tu pecho. IV AMOR, amor, estrella tras estrella he copiado la plata de tus ojos a través de diamantes derramados por noches y por años y estaciones. Uva tras uva, espiga tras espiga he medido los dones de tus dedos y he recorrido todos sus rincones: los campos de esmeralda de tus manos. Toda la savia, toda la nutricia ha subido hacia mí desde tu cuerpo; silenciosas raíces de tus brazos. Yo quise conquistar tu cabellera. Y perdido en la dicha de tus pasos tu corazón he hallado por espada. V CUERDA te quiero, amor, como alma griega y alegre como el nardo en primavera. Loca te quiero, amor, como ave ciega, seria como un soneto de madera. Libre te quiero, amor, porque doblega tu corazón la ley y la bandera. Sierva te quiero, amor, cuando se entrega tu inquebrantable cuerpo de hechicera. Grande te quiero, amor, cual cordillera, mínima como polen que despega. Dura como el rugir de la pantera blanda como la aurora cuando llega. Y cazaremos juntos, donde quiera a sangre y fuego, amor, esta quimera VI DE LA TARDE tan falta de sustancia, tan lejana del mar, surge la lluvia adquirida kilómetros al norte en pueblos que no salen del otoño. Ciudad, metales, humo, la quieta luz del día proyecta sus encantos, late con frío fuego en un mar de ladrillos, sonidos recortados; y todo es lentitud ante nosotros. Y solos -tú y yo- somos la herida de un instante, el golpe sobre el tiempo del camino, ciegos al cierto curso de las cosas incapaces de ver el movimiento. Adiós, amor. Adiós, arde la lluvia. Amor, arde la lluvia detenida en tu rostro. VII LA LUZ se duerme sobre lo que existe insensible al transcurso de las horas. Una gota de azul entre tus ojos, un corazón desenredó mis años. El tiempo se confunde: no distingue el trigo de un puñado de naranjas, y todos somos puertas en la vida ávidos de encerrar la primavera. Pero hay campos de nardos en tus senos, hay mosto entre tus labios, hay espigas copiadas sobre el oro de tus piernas, hay un mar de azafrán, hay esmeraldas prendidas de tu pelo, hay la bandera victoriosa en los campos de tu cuerpo. VIII SI MUERES que mi reino no sea un pensamiento poblado de viajeros envueltos en tinieblas cuyo viático es limo, cuyas ropas son alas, vestidos como pájaros de un país sin retorno. Si muero que mi herencia no sea la amargura de un árbol sin raíces regado por el llanto. Mis ramas tienen frutos, consumidos descenderá a la tierra más feraz la semilla. Si muero, amor, si mueres, amor mío, si queda nuestra casa sin muebles ni paredes, no dejes que la herida se extienda sobre el techo. Si es mayor el dolor, si pueden llanto, muerte, pena, amargura, ser más que nuestro amor, moriremos de nuevo. IX DEBAJO de la tierra encontraré un campo donde pueda ver tus huellas y el infinito cauce de tus pasos sobre un verde que nunca se marchite Y tú serás semilla de abundancia, las perlas confundidas con el trigo, la nieve que se funde sobre el monte, la paz de la pantera en el desierto. Y yo seré la dicha en las espigas, el mes de agosto, el sol resplandeciente, la grandiosa pujanza de los campos. Y allí donde las aves nos entreguen su vuelo será un surco que delate la ardiente eternidad de nuestros besos. AMOR OMNIA |
