Camino del Pardillo

La Sociedad Caminera y el Camino del Pardillo                                                                Fotos de los Camineros del Real
 

CRONICA DE UN CAMINERO.

Pues si que es verdad que se trata de un camino histórico que merece la pena conocer. Lo que no sabía es que, además, es tan bonito y variado en su recorrido (ver mapa).

Salimos de la estación de Torrelodones, alrededor de cincuenta personas, caminando en paralelo a las vías en dirección a Madrid. Al poco de dejar un puente, subiendo una estrecha cuesta, podemos cruzar las vías aprovechando su soterramiento. Por la otra orilla seguimos en paralelo hasta el final del camino que se incorpora al auténtico camino del Pardillo. Ahí nos esperan nuevos camineros de Torre.

Nada más cogerlo llama la atención su anchura, de 6 a 8 metros, lo que confirma su carácter de camino carretero. En algunas zonas el desgaste saca a la luz el antiguo empedrado de losas de granito, así como los desagües incorporados en el S. XVIII por los ingenieros borbónicos.

La casa Panarras, excepcionalmente, está abierta a nuestro paso. Parece una casa de brujas, con sus almenas y cierto aire siniestro. Se disfruta de unas magnificas vistas sobre toda la llanura madrileña y comprendemos porqué el General Miaja estableció el puesto de mando republicano en ella durante la batalla de Brunete.

Pese a que el camino es publico y ha sido usado por los vecinos durante siglos, Panarras ha cerrado el camino al libre paso ciudadano desde hace años, El año pasado miembros de la Sociedad Caminera han estado investigando la titularidad publica del camino, interponiendo denuncia ante el Ayuntamiento de Torrelodones, que ha abierto expediente a la propiedad por ocupación ilegal.

Como en tantos otros lugares, la desidia de las administraciones propician que algunos particulares intenten apropiarse de un patrimonio de todos, despreciando que en los viejos caminos vecinales se concentran retazos de la historia popular y de la vida de nuestros antepasados, además de un importantísimo patrimonio histórico y cultural.

Bordeamos la casa y comprobamos cómo una parte de su muro exterior está desmoronado sobre los limites del camino. Este continúa bajando una ligera cuesta,  que como es frecuente en esta zona, llaman Cuesta Blanca por los afloramientos de cuarzo blanco. A los lados se detectan restos de un incendio del que el monte aún no se ha recuperado.

Al final de la cuesta se entra en un bosque de altos pinares. Justo donde empieza el municipio de Las Rozas el camino vuelve a estar cortado. Se trata del paso por la finca La Isabela, actualmente deshabitada y lamentablemente saqueada. En medio de un puente sobre el canal del Guadarrama, una puerta metálica impide el paso. Para colmo la puerta esta soldada impidiendo el paso de los coches en caso de incendio. Así se demuestra la sensibilidad ambiental por parte de algunos. Lo primero es impedir el paso de los caminantes, los riesgos son lo de menos.

Desde Molino de la Hoz se han acercado algunos amigos para acompañarnos en este tramo tan cercano a sus casas. Ellos también están combatiendo para que se retiren las vallas y todo impedimento al libre paso vecinal.

Nos desviamos del camino hacia la derecha, buscando el río Guadarrama. Al poco lo descubrimos allá abajo cortado por el inmenso farallón de la presa del Gasco, iniciada en 1786. A pesar de los dos siglos transcurridos, sigue siendo una obra majestuosa teniendo en cuenta que se quedó en 53 m. de altura de los 93 que fue proyectada. Hubiera sido récord mundial en su tiempo.

La presa esta escondida, aprovechando un cañón sorprendente del río, que se muestra aquí mucho más salvaje y montañés de lo esperado. Realmente el lugar elegido para emplazarla es de gran belleza. Una profunda cerrada en un terreno granítico con profusión de arbolado tanto de ribera como encinar y pinar.

Después de descansar un rato disfrutando de este espectacular paisaje subimos unas suaves rampas para coger la cabecera del canal. Hasta allá arriba tenia que haber llegado el agua embalsada para coger la altura necesaria. El abandono de la presa sin acabar impidió tan ambiciosos planes. Seguimos el recorrido del Canal de Guadarrama penetrando otra vez en un precioso bosque de pinos que van dando paso a un arbolado de ribera. La profusión de arroyos permite una vegetación floreciente en esta época del año.

Da idea de lo salvaje de la zona el cruzarnos con un cachorro de zorro que, asustado por nuestra presencia, va a caer a un tramo del canal, del que por su altura no puede salir. Allá va nuestra sección de salvamento poniendo troncos inclinados por los que pueda escapar de su trampa. Finalmente le dejamos tranquilo para que pueda volver a su zorrera.

El retorno lo hacemos disfrutando de un día sin lluvia, ni sol, ideal para caminar por este viejo camino repleto de historia y paisaje.

Personalmente lo hago concienciado de que merece la pena trabajar por un proyecto que trata de rescatar tanta memoria, cultura y belleza.

Fuentes utilizadas: Teresa Sánchez Lázaro: “Sistema de transporte en España 1750-1850”, “Carlos Lemaur y el canal de Guadarrama”. Juan Helguera “Juan de Homar. El canal de Castilla” y Manuel Esteban García “Carlos Lemaur, un ingeniero de la Ilustración”.