Capítulo 8
Título original: "THE TRANSITION HANDBOOK"
Autor: Rob Hopkins
Traducción: Juan Carlos Calvo (Madrid, España)
Una visión para 2030:
Si me despertara en el Reino Unido dentro de veinte años, una vez que se hubiera producido una transición del tipo de la que estamos hablando, la vida sería muy diferente de la actual. Habría pasado por tiempos muy difíciles, llegando luego a un momento más estabilizado. Estaría bastante más orientada a lo local que hoy, y tendríamos muchas menos razones para viajar. Echemos un vistazo a qué aspecto puede tener la vida en 2030, desde la perspectiva de alguien viviendo en 2030 y observando el pasado. En los párrafos siguientes he ilustrado todo esto con varios artículos periodísticos imaginarios acerca del futuro.
La agricultura ha experimentado una notable transformación, con un renacimiento que
pocos en 2008 hubieran creído posible. Hace unos 20 años, los precios crecientes
del petróleo, los acuerdos internacionales sobre el cambio climático y las
conclusiones de la Comisión sobre Seguridad
Alimentaria del Reino Unido, hicieron que el gobierno revisara su
compromiso a favor de la globalización y el libre comercio irrestricto postulado por la
Organización Mundial de Comercio, llevándole a priorizar la seguridad
alimentaria nacional por encima del comercio internacional. Asimismo, las
autoridades locales a lo largo de todo el país hicieron del abastecimiento
alimentario una política prioritaria, lo cual estimuló una rápida expansión de
la comida local en los mercados. Las granjas ahora están mucho más
diversificadas y producen no sólo comida sino energías renovables a escala
local, materiales de construcción y plantas medicinales de cultivo orgánico,
entre otras cosas.
Las interrupciones en el suministro y el aumento del precio del gas pusieron de manifiesto la
vulnerabilidad de depender de los fertilizantes nitrogenados (que se
obtienen del gas natural). Hoy es una prioridad aumentar la materia orgánica de
los suelos y con ello capturar mayores cantidades de carbono, un aspecto clave
de la estrategia del gobierno para reducir el CO2. La integración de
cultivos arbóreos perennes es una característica central de la agricultura,
tanto por su rendimiento como también por su capacidad de secuestrar carbono de la
atmósfera. Se han integrado campos con variedades especialmente seleccionadas de nogal, castaño
dulce y avellano en la mayoría de las explotaciones, ofreciendo cosechas anuales ricas en proteínas para variados usos alimentarios,
así como para la obtención de biodiesel destinado al uso local. Con los cambios
en el clima ahora se cultiva un rango más amplio de especies de árboles, así
como vides y otros arbustos perennes.
La agricultura ha aprendido a compensar su menor consumo de petróleo mediante la reutilización
parcial de caballos de tiro, junto con maquinaria alimentada por
biocombustibles producidos localmente, y también empleando a más personas. La superficie
promedio de explotación es hoy mucho más pequeña que en 2008, y el campo está
considerablemente más poblado. Las granjas albergan ahora actividades más
diversas, no sólo producción de alimentos: algunas producen materiales de
construcción demandados por una industria que en estos tiempos utiliza más materias primas
locales como enlucidos de arcilla, bloques de arcilla y paja o cáñamo, así como
maderas locales. Esto a su vez ha hecho posible la creación de industrias de pequeña
escala para procesar y producir dichos materiales, a menudo en las propias
granjas.
Otros se centran hoy en cultivos orgánicos de setas, tanto con fines alimenticios como medicinales.
Algunos se especializan en cultivar cáñamo para tejidos, producir aglomerados
de madera, o biocombustibles como biodiesel o etanol para el mercado local. Para
algunas granjas la instalación de un digestor de metano implica que pueden proveer
calor y energía a las comunidades vecinas. Esta diversidad reencontrada en
paralelo con la producción de alimentos, ha llevado a una economía local mucho
más fortalecida, en la que la mayor parte del capital de la comunidad circula localmente, en vez de ser succionado por la economía global.
![]() ![]() En los últimos 25 años, la alimentación y la agricultura en el Reino Unido vuelven a ser
contempladas como una cuestión central para la seguridad del país. La seguridad
alimentaria se ve ahora como un asunto no exclusivo de las naciones en
desarrollo. A medida que el aumento en el precio de los combustibles y la
demanda de tierras para la efímera industria de los biocombustibles comenzó a
inflar el precio de los alimentos hacia 2011, nos encontramos ahora por primera vez
en 50 años con que es más barato comer comida orgánica local. Al mismo tiempo
nuestra dieta se hizo, por necesidad, más acorde con las estaciones y menos dependiente
de la carne.
La agricultura urbana es hoy una prioridad para los planificadores de asentamientos y las
comunidades. Las ciudades han sido rediseñadas como lugares productivos. La
ciudad de Londres produce hoy el 60% de sus verduras frescas y el 30% de las
frutas que consume dentro de su ejido y alrededores. Y Bristol está llegando
ahora al 80%. Un programa masivo de plantación de árboles productivos ha
llevado árboles frutales y de frutos secos a cada parque público y al patio de cada
colegio. Los horticultores urbanos comenzaron a colonizar tierras en la
periferia de las ciudades, produciendo una gran diversidad de alimentos frescos muy cerca de los puntos de consumo. La cría de pequeños animales, especialmente pollos,
se ha convertido en el pasatiempo nacional favorito. Los que fueron grandes
parques públicos muestran ahora diversos huertos y centros de formación en horticultura.
Tener un huerto en el patio trasero y producir allí alimentos era ya un entretenimiento muy
popular en 2008, pero en 2012 el gobierno legisló para hacer la horticultura un
aspecto clave de su estrategia para la reducción de las emisiones de carbono y
la promoción de la salud. Hoy se valoran mucho más las variedades locales de
frutas y verduras, y la enseñanza de técnicas orgánicas de horticultura
intensiva es un aspecto central del plan nacional de estudios, como parte del Programa
para la Seguridad Alimentaria.
En la actualidad, nuestra idea de salud –cómo crearla y mantenerla– ha cambiado significativamente respecto de lo que era hace 20 años. Los servicios de salud han tenido que rediseñarse a medida que el precio del petróleo hizo inaccesibles a muchas
de sus prácticas y enfoques, enfrentándose a la amenaza real de colapsar completamente. Se ha revertido la tendencia tan común hace 20 años de cerrar hospitales locales para derivar la atención hacia los centralizados, y los centros locales de salud ahora no sólo tratan enfermedades sino que promueven de diversas formas el mantenimiento de la salud. Han forjado asociaciones con las
escuelas locales, promueven la producción de alimentos y educan a la juventud con respecto al ciclo completo de la alimentación, de la semilla a la ensalada. El bienestar del individuo se contempla como inseparable de la salud de la comunidad. La biología humana es una asignatura escolar obligatoria, y se ha expandido abarcando ahora nutrición y herboristería básica.
Aproximadamente la mitad de las medicinas recetadas por los médicos provienen hoy de fuentes locales. Los agricultores cultivan algunas plantas medicinales clave que se procesan en laboratorios ubicados en cada zona. Los farmacéuticos locales elaboran hoy el 50% de las medicinas que
venden en sus establecimientos. Los doctores están habilitados para recetar una amplia gama de terapias complementarias, así como involucrarse en huertos comunitarios locales y
sistemas de acceso a comidas de calidad y bajo costo. El aumento en la oferta y demanda de trabajos útiles, la reconstrucción de la cohesión social y el surgimiento de un sentido de objetivos comunes, han dado como resultado menos enfermedades relacionadas con el estrés y casos de depresión. Los profesionales convencionales y los complementarios se ven en gran medida como dos caras de la
misma moneda, y el concepto de promover la salud más que tratar la enfermedad ha generado muchas prácticas innovadoras.
Como resultado del cambio de una vida de consumidores sedentarios a una de productores/consumidores físicamente más activos, han aumentado algunos problemas musculares y esqueléticos. Para tratarlos, los médicos
ahora recetan, por ejemplo, sesiones de la Técnica Alexander para la reeducación psicofísica. Se ha hecho más común, como en China, ver sesiones gratuitas de Tai Chi en los parques públicos por la mañana. La tecnología ha posibilitado que determinadas pruebas y observaciones se realicen en línea en casa del paciente, lo que se conoce como “tele-medicina”.
![]() Cuando llegan a la secundaria los alumnos aprenden construcción, así como a diseñar, instalar y mantener sistemas de energía basados en recursos renovables, al igual que habilidades sociales como resolución de conflictos y liderazgo comunitario. Para los adultos, los “Colegios para la Recuperación de la Maestría” son ahora instituciones centrales en la mayoría de las ciudades, y ofrecen una
variedad de cursos sobre habilidades prácticas de sostenibilidad para el público en general, y recapacitación avanzada para profesionales.
Hacia 2015 el número de pequeñas escuelas locales empezó a aumentar a lo largo del país, a medida que el precio de los combustibles hizo impracticable que los niños viajaran grandes distancias para estudiar. Para 2018 muchos de los principales institutos de enseñanza y universidades ya no eran capaces
de atraer a sus alumnos desde zonas lejanas, y tuvieron que replantearse la forma en que usaban sus instalaciones. Con tanto espacio subutilizado a su disposición, se diversificaron. Hoy son incubadoras de proyectos para nuevos negocios, en los que reconocidos artesanos tienen sus talleres y forman aprendices. Aquellas escuelas que se han convertido en granjas o huertos intensivos también proponen diversas iniciativas de valor agregado. Las escuelas son ahora lugares efervescentes,
productivos, animados, que están firmemente arraigados y contribuyen de manera clave a la economía local.
La manera de funcionar de la economía y cómo pensamos acerca del dinero ha cambiado significativamente desde 2008. El modelo económico globalizado empezó a experimentar grandes dificultades hacia
2010, cuando la producción de petróleo alcanzó el cenit. A ello siguió un periodo de recesión sostenida: Se inició una transición difícil cuando nuestra gran dependencia de la inversión extranjera y los peligrosos niveles de deuda de los consumidores se hicieron evidentes. En forma paralela a esta recesión emergieron con fuerza las economías más locales. Con la creciente escasez del dinero oficial y el sistema de jubilaciones y pensiones destrozado, las
ciudades y pueblos se vieron impulsados a desarrollar sus propios sistemas económicos. Hoy son comunes las nuevas formas de comercio, con alternativas monetarias florecientes como los Sistemas de Intercambio Locales (LETS) y los Bancos de Tiempo.
Los pueblos y ciudades, tal como lo hicieron históricamente en los tiempos duros, imprimen hoy sus propias monedas locales, utilizables sólo en el entorno de la ciudad. Se han desarrollado modelos de inversión enfocados en el medio local, mediante los que la gente invierte su dinero de modo que
apoye la regeneración económica de la propia comunidad. A medida que el foco de las actividades se vuelve cada vez más local, la gente se encuentra con que el porcentaje de sus transacciones diarias en moneda nacional continua descendiendo. El dinero ahora es una herramienta más responsable para con las comunidades a las que sirve. Esas monedas locales pueden estar respaldadas por moneda nacional, pero cada vez más
están respaldadas por energía o alimentos producidos en el lugar.
Cada pueblo y ciudad tiene hoy su propia moneda impresa utilizada por todos los negocios locales, y en sus diseños suelen mostrar orgullosamente los rostros de figuras históricas del lugar. Como parte de las
políticas nacionales para fortalecer las economías locales, las subvenciones y la financiación del gobierno para proyectos de la comunidad se realizan en moneda local, y las autoridades municipales también aceptan el pago parcial de los impuestos en moneda local. Los comerciantes también pagan parte de sus tasas municipales y a sus proveedores cercanos de esta manera.
![]() A medida que los modelos de negocio globalizados han comenzado a complicarse, los empresarios locales han dado un paso al frente para llenar el vacío. En los años de 1930 casi todos los negocios eran propiedad de pobladores locales. Cien años más tarde vuelve a ser así. El mito de que una economía fuerte sólo puede emerger basada en la llegada de inversiones extranjeras, se ve hoy como un argumento extrañamente retorcido de la Era del Petróleo Barato. La transición fue particularmente difícil para las comunidades dependientes de los negocios globalizados, pero les provocó un compromiso firme para reconstruir economías locales más estables.
La posesión de vehículos privados dejó de ser la norma. De hecho, excepto en áreas muy rurales, dada la extensión del sistema de transporte público y la reconfiguración de las calles urbanas a favor de los
ciclistas, peatones, tranvías y autobuses, la posesión de un vehículo privado se ve ahora como algo claramente antisocial. La idea de que uno puede vivir en un área rural y tener un estilo de vida urbano se ha convertido en cosa del pasado. Las comunidades rurales se han reorganizado en torno a la recreación del empleo local, la producción local y el sentido de comunidad. Esto ha significado inevitablemente que, en los últimos veinte años, los pobladores que buscaban un estilo de vida más activo, productivo y rural se hayan mudado fuera de las ciudades, mientras que aquellos que buscaban la sociabilidad de la vida urbana se fueron reubicando en la dirección opuesta. Los clubes de coches son mucho más comunes, lo que permite a la gente tener acceso al vehículo sin necesidad de poseer uno. Esto también significa que los automóviles son mejor utilizados.
Los vuelos baratos se recuerdan con nostalgia. La incapacidad de viajar a grandes distancias ha tenido por contrapartida la ventaja de que las personas ahora están más conectadas con su entorno
inmediato, familiarizadas hasta con sus más ocultos rincones y escondites. Allá por 2007 la gente del Reino Unido conocía mejor Paris que Exeter y Nueva Delhi mejor que Manchester...! Las fuertes
subidas del precio de los combustibles y la decisión del gobierno en 2009 de gravar con impuestos el combustible de aviación, provocó que muchas compañías aéreas de bajo coste quedaran fuera del negocio. Aunque el transporte aéreo y el automóvil privado fueron los grandes perdedores en el sector del transporte, también se produjo el retorno triunfal de la navegación comercial a vela, y otros prósperos negocios incluyeron a los fabricantes de tranvías y bicicletas.
El proceso de la vuelta al medio local ha reducido el ritmo frenético que caracterizaba la vida en 2008. Esto ha reducido la necesidad de escaparse a algún lugar exótico para ‘relax’. La gente en la actualidad tiende más a pasar los largos días de verano en sus huertos, durmiendo en sus casas de verano, paseando en bicicleta o familiarizándose con la ecología y la historia de su bioregión. De hecho, la transformación de nuestros pueblos y ciudades como grandes espacios insulsos con algunos sitios de
entretenimiento, en lugares multifacéticos, con huertos, estanques, arte, oportunidades para conocer a la gente del lugar o trabajar con ellos, y generalmente más cosas para ver y hacer, ha generado en las personas menos razones para viajar buscando entretenimiento.
En 2012, la llegada del pico de la producción de coches (después del pico del petróleo) implicó que la demanda de sitios de estacionamiento empezara a descender, obligando también a los municipios a buscar diferentes nuevos usos para sus largas extensiones de asfalto sub-utilizado, de cuyo mantenimiento eran responsables. Muchas de esas áreas fueron devueltas al control de la comunidad, transformándose en huertas comunitarias y en centros educativos del plan “Recuperación de la Maestría”. El transporte público hoy está excepcionalmente bien planificado e integrado. Muchas de las pequeñas líneas ferroviarias que habían sido clausuradas por el plan de Richard Beeching en los años 1960, fueron reabiertas para gran beneficio tanto de las comunidades como de los agricultores locales, que pudieron volver a usarlas para enviar sus productos a los mercados urbanos. Las calles de las ciudades priorizan ahora a los peatones y a los ciclistas, y los coches han sido prohibidos en muchos espacios públicos.
![]() En 2009 se inició un drástico programa nacional apuntando a la eficiencia energética doméstica y la modernización, el cual ha logrado reducir el consumo doméstico en un 60%. Parte de su éxito fue lograr que la eficiencia energética se convier-ta en una corriente de pensamiento socialmente aceptada. Los precios de los paneles solares y las turbinas eólicas de pequeña escala bajaron y las subvenciones fueron aumentando. Hacia 2010 empezaron a ser vistos como “lo que hay que tener”, pero el trabajo poco
gratificante de la reconversión siguió necesitando estímulos.
En parte esto se consiguió involucrando a artistas locales que entendieron la importancia del aislamiento térmico y otras técnicas de ahorro energético, y la reconcibieron como una manifestación de arte urbano a la
manera del artista Christo Vladimirov Javacheff, envolviendo con telas edificios e incluso islas. La demanda energética restante se cubrió con una combinación de sistemas eólicos hasta llegar a un máximo de la mitad del total, incluido un gran programa para instalar aerogeneradores costeros en el mar, así como sistemas domiciliarios
combinados para generar calor y electricidad (co-generación), y también con energía mareomotriz. Muchos pueblos han colaborado en reducir su demanda de la red creando mini-redes energéticas locales, a menudo propiedad de compañías eléctricas locales que las gestionan utilizando el modelo ESCO, un enfoque que ya se había probado por primera vez hace muchos años en Woking, Surrey. Estos organismos
gestionan ayudas para implementar infraestructuras basadas en energías renovables, que son propiedad de la comunidad de usuarios y mantenidas por ellos.
Estas mini-redes se abastecen desde las fuentes de energía local más apropiadas que hayan sido identificadas como las más apropiadas, sea mareomotriz en zonas costeras, biomasa en el Bosque de Dean, o viento en las Tierras Altas
de Escocia. Habitualmente son el resultado es la combinación de diversas fuentes, y están conectadas a la red eléctrica nacional para entregar el sobrante y obtener respaldo en caso necesario. Las comunidades que generan su propia energía de esta forma han desarrollado una importante herramienta para fortalecer sus economías locales, haciendo posible que el dinero de la generación
eléctrica recircule en la economía local.
Hoy es una práctica habitual que muchas casas, especialmente las construcciones nuevas, se hayan convertido en puntos exportadores netos de energía, gracias a los generosos subsidios estatales para la energía solar pasiva y fotovoltaica. La energía excedente así generada se inyecta en las mini-redes locales cuando existen, o bien en la red nacional. Cada vivienda está equipada con un medidor inteligente, el cual permite a sus ocupantes ver de un pantallazo cuánta energía está siendo generada o consumida en la casa en cada momento. Las compañías distribuidoras de energía utilizan las tarifas de modo imaginativo, con precios más bajos a
ciertas horas para estimular que los consumos sean menores en las horas pico.
Las personas miran hacia atrás los últimos veinte años con una sensación de enormes logros. Lo que en 2008 parecía un desafío imposible, se ha abordado con un esfuerzo mancomunado y una gran imaginación. La gente ve con
asombro y cierto grado de disgusto el derroche de hace veinte años. La nueva economía energética es más frugal, pero las personas ahora son conscientes que el grado de felicidad personal de cada uno, no está directamente relacionado al volumen de su consumo energético.
![]() A su vez, esto ha llevado a una explosión de industrias locales que producen enlucidos de arcilla, aislantes naturales y bloques de arcilla y paja. El criterio de construcción de las "casas que respiran" y los materiales utilizados en la PassivHaus local, nos han dado edificios muy saludables para vivir, y con muy poco gasto de energía. También contienen cantidades significativas de carbono almacenado en sus materiales, y contribuyen con muy pocos “kilómetros de construcción” polucionantes. Todos los edificios nuevos se diseñan para ser autónomos y desconectados de las redes de suministro de agua potable y efluentes sanita-rios, y también para producir más energía de la que consumen colectivamente,
ya sea, por ejemplo, como en una fila de casas aterraza-das, pegadas unas a otras, o en construccio-nes aisladas e independientes entre sí. Se han vuelto mucho más comunes algunos nuevos modelos de construcción para grandes grupos de viviendas, tales como edificios cooperativos en los que la gente cuenta con espacios privados y algunas instalaciones compartidas. Mientras que la caída de las cotizaciones de las
viviendas en 2009 fueron tiempos duros para muchos, también hizo posible nuevamente que las propiedades resulten accesibles para los jóvenes, y asimismo redujo la proporción de propietarios de una segunda vivienda.
La huella ecológica promedio de las nuevas construcciones se ha reducido, y una de las principales vocaciones artísticas para los arquitectos ahora es el diseño eficiente de casas pequeñas. Hace años uno podía
relacionar su estatus social por el tamaño de su casa, mientras que ahora el prestigio se basa en qué tan compacto, funcional y eficiente es su diseño. Respondiendo a la mayor demanda de una mano de obra agrícola creciente, en las áreas rurales se han creado grupos de viviendas pequeñas y de bajo impacto, construidas con materiales locales. Con el fin de evitar que esas edificaciones se conviertan en propiedad privada, y basándose en “Los 15 Criterios para el Desarrollo Sostenible en el Campo” (un manifiesto elaborado por la organización para la reforma agraria denominada Chapter7), se ha aplicado una clase de normativa que regula dichos asentamientos poblacionales, y limita el derecho a la tierra exclusivamente para quienes la trabajan.
En 2011, el Gobierno extendió el “Plan para la Recuperación de la Maestría” con el fin de capacitar a los trabajadores de la industria de la construcción. Se añadió al programa el uso especializado de la paja y el cáñamo, la arcilla, los bloques de cob y similares, un conjunto de conocimientos y habilidades mucho más amplio que todo lo enseñado con anterioridad. Una visita al corralón de materiales para la
construcción del lugar, ofrece ahora al constructor una gama de materiales muy diferente a la que podía encontrar en 2007: Enlucidos de arcilla en bolsas, paquetes de paja y arcilla, paneles de caña y arcilla, bloques de ‘cob’ y cáñamo, revoques de cal o arcilla, listones, pinturas naturales elaboradas localmente, pigmentos de arcillas locales, y una amplia gama de maderas de árboles que crecieron y
fueron aserrados localmente, así como bolitas aislantes para contrapisos hechas con vidrio reciclado expandido. El reciclaje también ha cambiado desde 2007, cuando se requería del transporte a través de grandes distancias para el procesamiento industrial centralizado, estando ahora enfocado principalmente en el reprocesamiento local de baja tecnología. Hoy muchos de los nuevos materiales
de construcción se fabrican a partir de técnicas simples para el reciclado de plásticos, papel, telas y vidrio.
![]() En la edición impresa original del Manual de la Transición, el Capítulo 8 también incluye un complemento llamado "Diez árboles que veremos cada vez más en una agricultura post-pico", cuyo autor es Martin Crawford. Para una mejor diagramación del espacio web, dicho complemento se incluye en forma separada como Apéndice 9.
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