POEMA DE ENCARGO Mi editor me pidió un poema de la Naturaleza y el amor. Los poemas de encargo son un serio problema si el tema que se impone no le resulta placentero a quien debe escribirlo. Como todos sabéis yo no canto en mi poesía, ni a la belleza, ni al amor, a la Naturaleza o a los dioses. Crepúsculo y amanecer me tienen sin cuidado, son simplemente para mí la consecuencia lógica del rotar de la Tierra. Sobre el azul del Firmamento, alguno ya sabréis que el Firmamento no es azul. Si, si lo habéis oído bien, el Firmamento no es azul. En realidad, no existen los colores. Al recibir las diferentes longitudes de ondas que reflejan los cuerpos, nuestro cerebro las transforma en cromáticas sensaciones. ¡Que curioso color es el azul! Cuya contemplación parece acelerar nuestros latidos y despertar instintos lujuriosos. Quizás por eso los poetas lo citan con enorme profusión, aunque, como en contado en alguna ocasión, según dicen las lenguas viperinas, los poetas emplean el azul porque reciben comisión de una fábrica de pinturas. Debería renunciar al encargo aunque ya nada pueda publicar y coger un fusil, si tuviera fusil, e irme a guerrear en una guerra justa pero ya ni siquiera hay guerras justas. No tengo alternativa, aceptaré el encargo. Y tendré que escribir cursiladas bellísimas. Como danzan al alba entre flores y besos los amantes, y en llegando el crepúsculo, se ocultan de la Luna para hacer el amor entre la floresta. (Esto de la floresta va a gustar muchísimo.) Y enviaré el poema a mi editor envuelto en una cinta azul para regalo. Y quien sabe quizás lo pueda utilizar para dar el pregón en algún pueblo.
Del Libro: Sin Antifaz |
HOY CENARÉ COMPLETAMENTE SOLO A Sol de Diego, poeta y amiga entrañable. Hoy cenaré completamente solo. Antes debo limpiar las pelusas de amor que quedaron debajo de la cama, las lágrimas vertidas en la puerta, los sollozos que manchan el parqué, las migajas del alma diseminadas por la alfombra. Haré con todo ello un gran paquete para guardarlo en el baúl de olvidos con el nombre de recuerdos. ¿Dónde está el desorden de Cristina, el vuelo de sus manos, los potingues del baño, y la risa escalando las paredes? El hombre del espejo ha envejecido y parece decirme con tristeza: - Puedes sacar las zapatillas, tirar el tinte del cabello y poner en la cama un par de mantas, que ya finalizó tu última aventura. Hoy cenaré completamente solo aunque ponga en la mesa otro cubierto, dos velas encendidas, y una rosa marchita adornando su vaso. Premio: Círculo de Bellas Artes de Madrid (2000) Del libro: Alucinación
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