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- Prieto Vázquez, Luis Enrique
- Melilla, Norte de África, España, 1947
- Cerceda, Madrid, España
- Médico ginecólogo y sofrólogo
Consulta gratuita de ginecología en la Red
- Escritor
Bibliografía:
Cantares de la Edad Adulta (poemas), 1975
El hombre, el hombre, el hombre: la tierra, la tierra, la tierra (teatro), 1968
Sensibilidades Primavera-2002 (Autor especial)
Sensibilidades Verano-2002 (Autor especial)
Diario de un Anarquista Atávico (Diario-novela), 2002
Sensibilidades Otoño-2002 (Autor especial)
IV Antología Internacional de Sensibilidades (Autor especial), 2003
V Antología Internacional de Sensibilidades (Autor especial), 2004
Nueve instantes en voz, multimedia, textos leídos, 2004
Antología Internacional Sensibilidades Oro, 2005
La memoria de los triángulos, novela, participación creativa en el personaje Hernán
Todas las voces, una voz (Antología de poetas de Radio Nacional de España)
Aladino está de vacaciones Relatos, 2003
Contra un muro de sal Poesía, 2004
Ditirambos, entre viajes y fantasías Literatura de viajes y relatos, 2005
Equidistancias de Mar y Sierra Poesía, 2007
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Co-responsable general de
REMES-RED MUNDIAL DE ESCRITORES EN ESPAÑOL
Director de la Revista Literaria
Tiene una sección fija en la Revista
PÁGINA WEB
Presidente para España de la Unión Hispanoamericana de Escritores (UHE).
Fundador del Foro Sensibilidades
Fundador del Foro Archipiélago.
palabrasdiversas@palabrasdiversas.com directorio@redescritoresespa.com
___________________________________________________________________LA FUMATA BLANCA Y EL PADRE OBENGO
El humo seguía siendo de un negro sombrío. Hacía ya más de siete días que los fervorosos fieles esperaban el humo blanco esperanzador y prometeico. Las primeras jornadas llegaron a más de cuarenta mil fieles expectantes los que se aglomeraban en la Plaza de S. Pedro, pero ya se había ido despoblando de peregrinos y curiosos, y sólo quedaban unos cientos de personas atendidas por los tres hospitales de campaña dispuestos para la ocasión por la Administración Vaticana, y en los que se controlaba las constantes analíticas de los pocos que aún se atrevían a permanecer noctámbulos con el corazón confuso. La rumorología periodística destacaba ya sin tapujos que en el seno de la curia cardenalicia se había desencadenado una guerra irreconciliable entre los partidarios del Cardenal Rewenta, perfecto para la Doctrina de la Fe y decano de la Curia, y bien conocido por su pertenencia a los “Hijos de Cristo Reinante”, y los más progresistas, adictos a Monseñor Lorenzo da Silva da Pita, joven prelado de 75 años y Arzobispo emérito de Copacabana. Veintiocho fumatas negras habían teñido ya el cielo aburrido de Roma... Eran las seis de la tarde y en la sacristía de la capilla de S. Andrés, en Nairobi, sonó el teléfono, despertando a las calurosas chicharras: –¿El padre Obengo? –Sí, ¿quién le llama? –Soy el cardenal Rewenta, decano de la Curia Vaticana... Le llamo desde la Capilla Sixtina, en S. Pedro. –Beso sus manos, eminencia ilustrísima. –Verá, padre, iré al grano: el Cónclave ha decidido, por mayoría simple, votarle como sucesor del Papa fallecido. Setenta y ocho cardenales han depositado su nombre en la urna. Se hizo un silencio esdrújulo y pegajoso... –¡Oiga, oiga, padre Obengo! –Perdone su eminencia, pero, ¿está seguro de que me llama del Vaticano? ¿No será una broma? –Nada de bromas, padre. Con estas cosas del espíritu no se juega... –Pues va a ser que no, eminencia ilustrísima. Verá: yo soy un cura de pueblo y me conformo con atender en mi parroquia a negritos con SIDA y hambrunas. Que no, lo siento...No me veo yo vestido de blanco y negro y haciendo encíclicas para las beatas del mundo. Pero muchas gracias por la llamada: ha sido un detalle de lo más cariñoso...
En la Capilla Sixtina el Cardenal Rewenta, luego del colgar el auricular, se encaja el solideo y anuncia: –Non habemus Papa. El padre Obengo rechaza los designios del Espíritu Santo. Otro silencio pastoso y plomizo se apodera del Cónclave. El Cardenal Ling, del Arzobispado de Shanghai, se levanta entonces y propone: –¿Y si hacemos Papa permanente y honorífico al difunto? Y todos vuelven a votar, y es unánime el acuerdo, y, por fin, la fumata blanca aparece ante el júbilo de los doce sanitarios de los hospitales de campaña de la Plaza de S. Pedro, y que son ya los únicos pobladores del recinto.
(El padre Obengo, en la capilla de S. Andrés, por las afueras de Nairobi, está confesando a un negrito sin dientes y con muletas.)
Abril-05
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EL NIÑO Y EL MAGO Dibuja un hoyo –le dijo el mago.
El niño miró fijamente el papel en blanco que tenía frente a sí, tomó el bolígrafo con firmeza y pintó un punto en medio de la hoja.
El niño dibujó una luna menguada y la coloreó de rojo.
El niño miró con detenimiento al mago, sonrió en sus ojillos pícaros, tomó una hoja limpia, acercó el bolígrafo a su superficie e hizo ademán de dibujar rasgos atrevidos y líneas complejas. Se apartó, volvió a mirar con interés la hoja, hizo un gesto de aprobación y se la entregó al mago.
Y el niño siguió su camino, con su pesada mochila a cuestas, mientras el mago se quedaba solo, sin saber qué hacer con su saco de magias que pensaba regalarle. Noviembre-05 __________________________________________________________________________________________
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